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Nueva estrategia eléctrica

Hay que subir al 100% la generación de electricidad basada en energía renovable

René Castro Salazar
Exministro Ambiente y Energía

Uno de los éxitos del modelo de desarrollo de Costa Rica estriba en que su electricidad proviene primordialmente de fuentes renovables mientras que el promedio mundial es de alrededor del 5%. A partir de la fundación del ICE y por más de medio siglo cerca del 80% de la producción eléctrica nacional se ha basado en fuentes hidroeléctricas, y el cual se complementó en la últimas décadas con fuentes geotérmicas, eólicas y en menor escala biomasa (e. g.: bagazo, aserrín).

Durante todos estos años hemos mantenido cierta capacidad instalada de energía térmica (basada en combustibles fósiles) para cubrir la demanda en las horas pico y las estaciones secas. Sin embargo, ahora los planes de Expansión de la Generación Eléctrica y de Contingencia del ICE, proponen un aumento de la generación basada en combustibles fósiles. Ya para el 2006, el ICE presupuestó 29.000 millones de colones. Para el 2007, se propone generar un 7% de la demanda anual con fuentes térmicas, y dados los precios volátiles del petróleo, ni siquiera me atrevo a estimar las implicaciones económicas.

Lo que el público no sabe es que además de aumentar la participación de las fuentes fósiles alguien en el ICE decidió no comprar electricidad disponible en el país a precios menores a los 5 centavos de dólar por kWh. En cambio decidieron importar de países vecinos a 14 centavos de dólar, desperdicio que le costará al país casi $48 millones adicionales, si consideramos que se importan los 435 millones kWh planificados de termoelectricidad para el 2006 multiplicados por la diferencia de costo entre los precios domésticos y los de importación.

Callejón sin salida. De no corregirse el rumbo la situación sólo tenderá a empeorar pues, de acuerdo con mis estimaciones, la generación térmica, aun en plantas como Garabito, tendrían un costo de generación de unos 30 centavos de dólar por kWh (estimación con el petróleo a $70 por barril). Obviamente, el desperdicio se incrementará a unos $102 millones anuales y el precio de la electricidad al consumidor subiría a niveles intolerables como los que rigen hoy en El Salvador, Honduras y Nicaragua. ¿Por qué nos estamos metiendo en ese callejón sin salida? ¿Qué alternativas tenemos?

En el corto plazo (un año o menos) sería inteligente comprar toda la electricidad disponible domésticamente a precios iguales o menores a los 5 centavos de dólar. Además podríamos efectuar licitaciones para garantizar la compra de electricidad a todos los nuevos proyectos públicos y privados que puedan generar por debajo de ese precio. Escogí 5 centavos de dólar por kWh porque es el precio al que el ICE vende electricidad a la CNFL y es razonable suponer que este precio de transferencia regulado por Aresep cubre todos los costos incluyendo los de generación, transmisión, administración y financieros pues así lo establece la ley del ente regulador. Otra acción de corto plazo es promover programas de ahorro de energía y ofrecer incentivos a aquellas empresas que se vuelvan ecoeficientes y reduzcan su consumo por unidad producida.

En un plazo mediado (de unos tres años), el Gobierno debe reasumir su rol de rector y estratega y fijar un norte a todos los actores del sector eléctrico. Por ejemplo, puede exigir a la Contraloría, la Defensoría, el ICE, ARESEP, los generadores privados, los sindicatos y una larga lista de otros actores que defiendan el interés de los consumidores y que sea bajo esa óptica como se analicen los proyectos de menor costo y menor impacto ambien-tal. Si este criterio se hubiese aplicado en los últimos años no se hubiese autorizado la construcción de proyectos caros (i. e. Garabito y Balsa superior), y en cambio se hubiese adelantado todo lo posible un proyecto estratégico como Boruca. Insisto, que de no corregirse el rumbo, el promedio ponderado del costo de la electricidad irá en alza, por lo que se perjudicarán los consumidores y nuestras empresas perderán competitividad.

Esfuerzo cooperativo. En el largo plazo, el horizonte es aún más promisorio por tres razones: primero, el país tiene detalladamente identificados los sitios para los nuevos proyectos hidroeléctricos; segundo, ahora sabemos que nuestros 66 MW actuales de energía eólica pueden duplicarse, que el bagazo y otros desechos agrícolas pueden proveer 100 MW y producir electricidad durante los meses secos y que los campos geotérmicos pueden exceder los 200 MW. Por ello afirmo que es posible que los casi 3.500 MW que se requerirán en el 2016 para cubrir las necesidades nacionales puedan atenderse con fuentes renovables. Tercero, estimo que garantizar la autosuficiencia eléctrica y generar un pequeño excedente exportable requeriría una inversión anual de unos $450 millones, entre préstamos e inversión privada directa, lo cual sería beneficioso para el desarrollo nacional.

Por eso considero que el país debe redefinir su estrategia de producción de electricidad limpia y hacer de la electricidad no sólo un motor de desarrollo, sino una de nuestras ventajas competitivas. Además, podemos aprovechar la coyuntura para definirle un nuevo rol al ICE. Esto es conveniente, porque el país alcanzó un 97% de cobertura; por tanto, el ICE cumplió la misión encargada a sus fundadores y parece un buen momento para que la institución pase de monopolio a líder del sector eléctrico,y amplíe su rol de atender necesidades básicas para liderar un nuevo motor de desarrollo, incluyendo un esfuerzo exportador.

En resumen, proponemos al nuevo Gobierno de Costa Rica plantear al país un esfuerzo cooperativo entre los sectores públicos y privados para alcanzar en el largo plazo un gran reto: subir al 100% la generación de electricidad basada en energía renovable para el bicentenario de nuestra independencia e incluso exportar un pequeño excedente. Todo ello basado en fuentes renovables, confiables, amigables con el ambiente y a precio competitivo.

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