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Cláusulas interpretativas del TLC

Un camino para desvirtuar reproches contra el Tratado de Libre Comercio

Rodolfo Saborío Valverde
rodolfo@saborio.com


Estos días ha adquirido relevancia la discusión de las cláusulas interpretativas que acompañarían la aprobación del acuerdo de comercio internacional suscrito con EE. UU. y otros países (TLC).

Mediante este mecanismo la Asamblea Legislativa puede superar el reducido papel que le señala la Constitución al limitar su participación a aprobar o improbar los instrumentos internacionales sometidos a su conocimiento (art. 121.4). La iniciativa legislativa se encuentra deslindada por la propia Constitución, por lo cual no operan plenamente los principios propios de otras formas de actividad parlamentaria, tales como los relacionados con el derecho de enmienda, pero esto no significa en la práctica que el papel de legislador sea pasivo o irrelevante, ya que le corresponde expresar la voluntad de la colectividad en su conjunto.

Mediante las cláusulas interpretativas el legislador, sin separarse del marco competencial indicado, se encuentra en capacidad de contribuir a que el contenido de un instrumento internacional sea interpretado correctamente y de acuerdo con los parámetros propios de nuestro ordenamiento jurídico. No se trata en ningún caso de que el contenido del instrumento sea modificado, sino de aclarar, puntualizar y constreñir los parámetros dentro de los que se le otorga la aprobación parlamentaria.

Con esta función interpretativa no se lesiona la exclusividad competencial que ostenta el Poder Ejecutivo en el manejo de las relaciones internacionales (art. 140.12) ya que el contenido permanece invariable, pero deberá interpretarse por todos los operadores jurídicos en consonancia con esas reglas establecidas por el legislador. Esto parece sencillo en cuanto corresponde a su aplicación interna, en virtud del carácter vinculante que dichas cláusulas interpretativas tendrán en nuestro ordenamiento jurídico. Cuando se discuta la aplicación del instrumento por parte de operadores externos al ordenamiento costarricense, las autoridades a cargo de la defensa de los intereses nacionales se encontrarán obligadas a exigir su acatamiento.

Constitución Política. En este esfuerzo creativo de interpretación, resultaría realmente conveniente retomar la propuesta de aprobar el TLC con el mismo rango que fue aprobado por la contraparte principal, esto es, mediante la aprobación parlamentaria de un simple acuerdo ejecutivo, tal y como con meridiana claridad lo expuso en estas páginas el Dr. Juan José Sobrado (9/10/2005). Esta propuesta estaría apoyada no solamente por los principios básicos de reciprocidad en que se basan las relaciones internacionales, sino que en adición a lo ya planteado por el Dr. Sobrado, considero que el último párrafo del artículo 124 de la Constitución abre las puertas para que una aplicación sistemática del texto constitucional permita precisamente introducir una cláusula interpretativa en el sentido de que cada parte del TLC, y los ciudadanos de cada uno de los países firmantes, podrán invocar de este la misma fuerza jurídica que le haya conferido en su propio ordenamiento jurídico el acto respectivo de aprobación.

Vale la pena recordar que ninguno de los signatarios del TLC tiene en vigencia el mismo sistema de aprobación de instrumentos internacionales y que todos difieren de la modalidad de incorporación al ordenamiento con rango superior a la Ley que contempla el artículo 7 de la Constitución costarricense. A pesar de que el texto expreso de dicho numeral 7 en su literalidad no contempla la posibilidad de aprobación de instrumentos internacionales con diversidad de rangos jurídicos, debemos recordar que la normativa constitucional es un marco de convivencia colectiva bajo unos principios e ideales comunes, que no puede ser vista como una camisa de fuerza que impida la adecuación a unas condiciones normativas internacionales tan variadas como las que entran en juego con la multilateralidad propia del TLC.

Vale la pena discutir esta posibilidad ya que por esta vía se vendrían al suelo la enorme mayoría de reproches con que se ha querido desvirtuar este acuerdo comercial.

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