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/LA NACIÓN

Familias democráticas

En tiempos procelosos, las sociedades democráticas necesitan familias democráticas

Carlos Sojo
csojo@flacso.or.cr


En su libro de 1998,La tercera vía , el sociólogo británico Anthony Giddens hizo un provocador planteamiento alrededor de la familia. Habló de democracia en un ámbito que suele ser considerado privado, distante de los rigores de la tutela del bien común que llevaron a filósofos y políticos a promover en su tiempo la idea de la democracia como forma de organización del poder. El plano de la familia, el mundo de las relaciones filiales, ha sido comprendido como parte del estado natural de las cosas, donde los padres (no los padres y las madres, sino solo los padres) imponen sus leyes, sin derecho al berreo para los demás ni obligación de rendición de cuentas.

Las cosas ahora son marcadamente diferentes. El advenimiento de la democracia a las familias ha de requerir, según Giddens, la combinación de la libertad individual y la solidaridad social. Las casas, los hogares, las familias –antes reinos y castillos– se llenaron de sujetos con derechos. Lento pero constante ha sido el avance de los derechos de las niñas y los niños, de las mujeres, de los adultos mayores y las personas con capacidades diferentes. Todos ellos han ido adquiriendo carta de ciudadanía familiar.

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/LA NACIÓN

Discusión primitiva. La lucha contra el adultocentrismo patriarcal, justo es decirlo, no ha sido fácil y todavía se percibe, por muchos, como una amenaza a los valores morales más arraigados. Niñas con derechos y compañeras autónomas son amenazas a un orden estamental que no sabe gobernar sino imponerse. Los miedos son tan fuertes como las resistencias al cambio. ¿Por qué es malo que los hijos contesten decisiones equivocadas de sus padres? ¿Por qué no debe un hombre emprenderla a golpes contra su esposa? ¿Por qué hay que tratar bien a los que no ven, no oyen o no entienden? Tales preguntas parten de una discusión moral primitiva: en el seno de las familias, los que no son adultos, varones y proveedores, ¿son seres humanos? Y, si lo son, ¿tienen derechos? Las dudas de muchos y las respuestas de otros a estas preguntas todavía dejan bastante terreno para el pesimismo.

Con todo, se producen avances, aunque no a la velocidad que hace falta. Dos pasos recientes en nuestro país ofrecen un brillo de esperanza. Y ambos ocurren en el escenario legislativo. Me refiero a Ley de penalización de la violencia contra las mujeres , y a la iniciativa para incluir licencia de paternidad en caso de nacimiento.

La penalización de la violencia de género es un desafío ineludible para la protección social de las mujeres que Costa Rica no puede ignorar más. Se trata de enfrentar no cualquier forma de violencia contra las mujeres, sino aquella que se origina en relaciones de poder y de confianza. Esta legislación atiende principios básicos de la democracia familiar, como es el respeto mutuo y la ausencia de violencia o, en su defecto, la protección de la garantía de una vida libre de violencia. Con esta legislación, la Asamblea Legislativa salda una deuda con la sociedad y ofrece condiciones para mejorar el equilibrio político dentro de los hogares. Es una legislación que claramente no se dirige a las causas del problema, pero al sancionar los comportamientos que lo caracterizan, contribuye a su definición como asunto de orden público y político.

Necesidad de compartir. La segunda es una iniciativa legal para involucrar desde temprano a los padres en el cuido de los hijos, a partir de la garantía de una licencia de paternidad. La nueva iniciativa, porque se presentó una en el 2002 para una licencia de 15 días naturales y otra para 3 días en el 2003, propone una licencia de 6 semanas, dos antes y cuatro después del parto. En clave democrática, esta es una respuesta política a la necesidad de compartir la responsabilidad de los padres para con los hijos y para el establecimiento de compromisos contractuales con los hijos que deben ser incluso independientes del vínculo matrimonial. Los países desarrollados disponen de este tipo de licencias pagadas en un espectro muy amplio que va desde 2 semanas en el Reino Unido hasta 16 meses en Suecia. La licencia de paternidad, a primera vista, ofrece un avance en dos sentidos: proporciona recursos para que los padres se involucren en el nacimiento de sus hijos y se beneficien de los vínculos primarios que solo en esa etapa de la vida se desarrollan; en segundo lugar, ofrece condiciones de equidad, no tanto para equiparar los beneficios laborales con las madres, sino para disminuir el efecto negativo que tiene la licencia de maternidad en la contratación de mujeres en edad reproductiva.

Dice Giddens que las políticas de familia son una prueba de fuego para las nuevas políticas públicas, debido a la centralidad de la organización familiar en la vida social. Pensar y formular políticas de familia acordes con los desafíos contemporáneos, y hacerlo a favor de la práctica de la democracia como forma de vida, es una forma de enfrentar directamente las necesidades futuras de cohesión social. Para sobrevivir en tiempos procelosos, las sociedades democráticas necesitan familias democráticas.

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