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Opinión Gustavo Jiménez gujimenez@nacion.com Periodista Para quienes todavía tenían alguna duda, esta semana terminó de quedar claro quién programa los horarios del futbol en Costa Rica. A Saprissa le iban a recetar mañana otra tarde de lluvia, ante Carmelita, en tanda de 3 p. m., para complacer a la televisora dueña de los derechos de transmisión del equipo verdolaga. No había que ser meteorólogo para saber que el aguacero está casi garantizado, al igual que en la jornada anterior, cuando el agua impidió que se jugara Brujas-Saprissa. Este partido, curiosamente, correspondía a la otra televisora, la que se supone está en el bando saprissista (magnífico trabajo de coordinación). El caso es que los morados pegaron el grito al cielo, porque otra vez se iban a quedar sin jugar. Esto supone un trastorno a la planificación semanal y agregará presión al calendario más adelante, cuando haya que reponer partidos. Ningún entrenador va a preferir jugar miércoles-domingo que hacerlo domingo-domingo. Así que los tibaseños negociaron a ver si era posible evitar el baldazo. Se ganaron horita y media, pues el juego en Santa Bárbara quedó para la 1:30. Más temprano era imposible: el horario más sensato para esta época del año, las 11 a. m., ya estaba copado por otro partido de Repretel, y poner a Saprissa en esa franja era sacrificar el rating de la tarde. Entendemos a la televisora: se trata de hacer el favor, no de ser tontos. Un boletín saprissista del jueves pasado agradeció, en el orden correspondiente, primero a dos funcionarios de Repretel, y luego a la dirigencia de Carmelita. Esta última mención, con todo respeto para los verdolagas, era casi prescindible: todo apunta a que la decisión no se tomó en las oficinas de Barrio El Carmen de Alajuela, sino en los salones de La Uruca. Más que tele. Los equipos de futbol (y no solo los de Costa Rica) venden mucho más que sus derechos de televisión. En el combo va, por lo general, la soberanía para tomar decisiones tan importantes como la hora de los partidos. La retribución monetaria que obtienen los equipos es indispensable para sobrevivir. Como en muchos otros órdenes de la vida, esa necesidad de recursos lo justifica todo, hasta ceder una parte de su autonomía. Aquí hay un problema que el futbol deberá enfrentar. Posiblemente habría menos suspensiones de partidos si los horarios no fueran decididos por las mismas personas que acomodan telenovelas y programas de bailongo.
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