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EDITORIAL

Peligrosos sofismas

La intervención del hospital San Juan de Dios por la CCSS fue una medida acertada y necesaria
Nuestras informaciones sobre el deterioro de este hospital corresponden a un derecho democrático y al interés de los asegurados


La intervención del hospital San Juan de Dios por la junta directiva de la CCSS y en proceso de implementación por sus autoridades técnicas correspondientes obedeció a un estudio concienzudo de la añeja crisis de esta institución hospitalaria. No fue el fruto de la improvisación o de la arbitrariedad, ni, mucho menos, del designio perverso de afectar la honorabilidad de los médicos.

Tampoco tuvo como propósito esta decisión interventora ensañarse en el personal médico, técnico o administrativo de este hospital. Y, en cuanto a los reportajes de La Nación sobre el particular, nuestro objetivo ha sido informar a la opinión pública, a los asegurados, de la razón de ser de la CCSS. El derecho a informar y a ser informado es consustancial con el sistema democrático, máxime tratándose del derecho a la salud, en el marco de la seguridad social y del principio de solidaridad. Su desconocimiento, en aras del gremialismo o del amiguismo, quebranta principios y valores básicos de nuestra sociedad.

Llama, por ello, la atención la publicación del presidente del Colegio de Médicos y Cirujanos, Minor Vargas Baldares, especialista en Anatomía Patológica, el 11 de julio pasado, en este periódico, tan generosa en sofismas y tan carente de argumentos. Sin ánimo de jugar con las palabras, debe saber, como lo manifiesta su escrito, que también una institución como la CCSS ha sufrido un conjunto de síntomas, un serio cuadro patológico, desde hace muchos años, que no se atendió con la debida diligencia y que, por su avance, ha puesto en peligro el sistema mismo de salud del país. Venturosamente, la actual administración de la CCSS decidió lo que muchos otros miraron de reojo: tomar el toro por las astas, a riesgo de soportar embestidas no del cuadrúpedo, sino de personas racionales.

El planteamiento del Colegio de Médicos y Cirujanos parte de un sofisma corriente: la creencia o, quizá, evasión de que se debe curar el conjunto, esto es, la CCSS para reformar las partes. De aquí su oposición a la intervención del hospital San Juan de Dios, donde, gracias a una investigación prolija, se descubrió, además de una gestión interna desastrosa, un deterioro generalizado. Se llegaron incluso a verificar prácticas que, si no fuera por los derechos humanos en riesgo, nos pondrían frente a una deliciosa comedia, como la anotación de los pacientes urgidos de atención médica en cuadernos o libretas a mano. Una contabilidad humana de pulpería en medio de la explosión de la informática y la tecnología. ¿Por qué? Los interesados pueden responder a plena conciencia, pero las presunciones son inevitables.

Las voluminosas denuncias desatendidas, las falsas promesas de solución o las propuestas concretas por algunos médicos desdeñadas ad portas , el esmero en clínicas privadas y la negligencia en un hospital de la CCSS, las larguísimas listas de espera, esto es, de espera sin esperanza, cuyo epílogo podrían ser los fatídicos biombos, no constituyen, por cierto, un timbre de orgullo del Estado solidario. Nadie, pues, como denuncia la publicación del Colegio, ha calumniado al cuerpo médico, merecedor de todo respeto y reconocimiento, ni tampoco se han publicado reportajes sensacionalistas en este periódico. Esta forma de enfocar una situación social apremiante y concreta no es la mejor forma de colaborar en la solución de los problemas sociales ni en la restauración de la CCSS. El caso del hospital San Juan de Dios es singular y, como tal, debe ser el punto de partida de otras decisiones en este proceso en pro de la seguridad social.

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