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No somos los mismos

Que la verdad se imponga como convergencia de las fuerzas de la justicia

Ileana Rivera Garbanzo
Secretaria

Costa Rica no es la de antes. Las amenazas contra altísimos funcionarios del Gobierno no hacen sino desnudar aún más la tan temible sombra del sicariato y de la muerte por pago, por venganza, por decisión.

A seis años de la muerte de Parmenio Medina –de quien seré compañera de por vida–, Costa Rica se ha desvelado en batallas dialécticas acerca del fenómeno de la crisis social basada en inmigración, narcotráfico, delitos convencionales y corrupción política. Aquella voz portentosa que se alzaba cada domingo informando de forma veraz, corroborada, contundente, apenas disfrazada con el manto del humor y la picardía… no nos acompaña más.

Hemos sido testigos de un juicio de cientos de millones de colones en audiencias, transporte, seguridad, salarios, alimentación, despliegue policial; cientos de noticias han circulado por los periódicos, emisoras de radio y televisión; y miles de comentarios y opiniones externadas por todos los que habitamos esta tierra, hasta hace unos años considerada un remanso de paz. Sí, definitivamente, Costa Rica no es la misma.

Golpe contundente. El “Caso Parmenio” ha sacudido los cimientos judiciales de este país. Se ha tenido que desplegar a decenas de oficiales para al menos prever cualquier situación anómala contra la seguridad de quienes velan por el normal desarrollo del proceso. En la realización del plenario ha habido motivaciones políticas, discusiones en torno a la libertad de prensa, afirmaciones vehementes y otras no tanto acerca de la contribución de la Justicia y la administración estatal para con el caso y su golpe contundente a la democracia. Ha habido anónimos amenazantes para la correcta gestión, y hasta solicitudes para una u otra posición que alentaban tanto una culpabilidad como una inocencia… Costa Rica no es la misma sin Parmenio.

Ha habido también un desgaste social en cuanto a la credibilidad, a un nivel menos institucional pero más sentido en las entrañas de cada ciudadano. Un desgaste que ha pasado desde los medios de comunicación masiva hasta la creencia misma en la administración de la Iglesia Católica. Efectivamente, nuestra Costa Rica, tal y como la concebimos, no es la misma.

Esperanza y fe. Pero, ante la instancia de la muerte y del acallamiento por razones económicas, políticas, sociales, religiosas o cualesquiera otras, la esperanza y la fe judicial no se han perdido. Estas continúan incólumes y son nuestra fortaleza que ningún mal prevalezca por encima de la verdad y que siempre guardemos la visión del futuro mejor. Sí, Costa Rica no es la misma desde la muerte de Parmenio.

Tenemos la esperanza de que su muerte, como trágica consecuencia de un actuar inescrupuloso, se transforme de capullo en mariposa, en bandera, en símbolo, en parangón de la lucha que nunca debe desistir, la lucha por la verdad, en la sociedad donde las guerras son ideas, y no al contrario; la lucha por la democracia y la libertad del pensamiento van más allá de un eufemismo ideológico: la lucha por un derecho de información con libertad de expresión y con capacidad de que la verdad se imponga como convergencia de las fuerzas de la justicia.

Sí, Costa Rica no es la misma desde la partida de Parmenio, pero esperaremos a que se recupere como nunca antes.

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