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Buenos Días

Migración e ideas


Víctor Hugo Murillo S.
vhmurillo@nacion.com


José de Jesús Miranda, un puertorriqueño que se denomina “Jesucristo hombre”, estuvo el fin de semana anterior en el país. No fue la primera visita; también lo hizo en octubre del 2006.

Que de vez en cuando aparezcan “profetas” y otros que prometen iluminar y redimir a la humanidad, no es sorpresa.

Tampoco lo es que consigan adeptos. A fin de cuentas cada quien es libre de creer en lo que desee o, inclusive, de no creer en nada ni en nadie.

Así es que, en lo particular, la presencia de Miranda no me produce ni frío ni calor, y no tiene ningún sentido hacer olas.

Resulta exagerado, por tanto, pedirles a las autoridades nacionales “ser más enérgicas” en relación con la presencia de ese personaje aquí.

Monseñor José Francisco Ulloa, presidente de la Conferencia Episcopal –en declaraciones que publicó ayer el diario Al Día – criticó a la Dirección de Migración por no tomar “en serio este asunto” al responder sobre la posibilidad de negarle el ingreso al país a Miranda, emulando lo hecho por otros países centroamericanos.

No entiendo qué pretende el obispo de Cartago que hagan las autoridades en ese caso. Es lógico, y está acorde con su misión, alertar y orientar a la feligresía sobre las ideas y posiciones de Miranda, y combatirlas.

De ninguna manera es válido pretender que el Estado –católico, lo cual es un anacronismo– impida la entrada al país a alguien por sus ideas religiosas, por más que a algunas personas y dirigentes les parezcan descabelladas y chocantes.

Tienen razón el ministro de Seguridad, Fernando Berrocal, y el director de Migración, Mario Zamora, sobre la inexistencia de razones legales válidas para actuar contra Miranda.

A través de la historia, muchas veces se ha invocado la defensa de la “verdadera fe” como motivo para coartar libertades y perseguir a otros. Por eso ha habido cruzadas, Inquisición, guerras santas, expulsiones de judíos y musulmanes, terrorismo en nombre de Dios...

La mejor manera de enfrentar a los nuevos “profetas” es con la solidez de la doctrina y la educación de los fieles. Quien tiene una fe fuerte, difícilmente sucumbirá a cantos de sirenas.

Es inevitable también que haya algunos a quienes les bastan unas cuantas palabras para convencerse. No en vano abundan predicadores y vivazos.

Entonces, no es un problema legal, sino de sentido común.

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