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/LA NACIÓN

Sindicatos enemigos de Limón

Los limonenses quieren resolver los problemas sociales de su provincia

José Manuel Agüero E.
Exinterventor de JAPDEVA

Hace ya 20 años, cuando desempeñaba honrosamente la presidencia de la Cámara Costarricense de la Construcción y siendo presidente de Costa Rica el Dr. Óscar Arias Sánchez, en su primera magistratura, el Consejo de Gobierno de entonces acordó intervenir Japdeva y fui designado como interventor de esa institución, con un grupo de lujo que me acompañó en ese tremendo desafío.

Acepté ese delicado nombramiento a sabiendas de lo que mi respetado suegro, don Teodoro Quirós Castro, me había advertido: Si usted va a poner orden en Japdeva durará en su cargo, hasta que lo cambien por el sindicalista que paralice Limón y toque las puertas de la Casa Presidencial para pedir su cabeza.

Volviendo los ojos cuatro lustros atrás y haciendo un análisis del movimiento sindical de Japdeva, las cosas siguen igual o peor, es decir al gremio muellero no lo alcanzó la perestroica, que se ha dado en el mundo en todos los movimientos sociales y sindicales.

Condescendencia. El gobierno anterior de don Abel Pacheco fue demasiado condescendiente con los sindicatos y con sus cabecillas.

Dios quiera que nadie de la Casa Presidencial se meta a proponer de nuevo que el gasto del superávit de la institución sea priorizado de acuerdo con el sindicato. Ya este acontecimiento se dio en el actual gobierno y es aterrorizante.

El Ing. Walter Robinson, como presidente de la junta directiva de Japdeva, está queriendo poner orden, plantándose con decisión ante las imposiciones de los sindicatos. De igual forma, con los pantalones bien amarrados, está interviniendo el ministro de Trabajo, don Francisco Morales Hernández.

La actual paralización del muelle de Limón por reclamos de privilegios debe ser aprovechada por el Gobierno de la República para poner en orden de una vez por todas al sindicato y quitarse de encima esa espada de Damocles que tiene desenfundada Sintrajap desde el inicio de la actual administración de don Óscar Arias Sánchez.

Los sindicalistas limonenses no quieren que Limón se abra al adelanto y al progreso, y están hundiendo a la provincia por el interés personal, con la máscara de que ellos representan los intereses de Limón. Pobrecitos los actuales mediadores del Gobierno que no han convencido a los sindicatos y presentan a la luz pública pactos de mentirillas.

La Sala Constitucional, desde mayo del 2006, declaró ilegal que un grupo de más o menos 34 operadores se repartieron ¢150 millones anuales. No es justo que las tarifas portuarias se encarezcan por granjerías de unos pocos. Entiéndase bien que algunos de los beneficios desmedidos de las convenciones colectivas no benefician a todos los funcionarios de Japdeva ni al pueblo de Limón, sino que el beneficio va dirigido a una élite.

Excesos y abusos. No debemos oponernos a los beneficios de los trabajadores. Tampoco estamos en contra de que el trabajo forzado se remunere mejor que el jornal normal, pero sí debemos decir no a los excesos y abusos de los sindicalistas.

El periódico La Nación , en su excelente editorial del sábado 16 de junio pasado, titulado “El clamor de Limón”, le señala claramente al Gobierno una posición para atacar otros males endémicos que a la sombra del mal ejemplo han tomado fuerza en esa bella y dejada provincia de Limón.

El editorial, que menciona el desfile de 10.000 limonenses, que quieren resolver el problema que aqueja a la provincia en cuanto a violencia, incremento de la criminalidad y otros problemas sociales, retrata el espíritu del limonense que quiere a Limón y riñe con el interés de los 36 sindicalistas, que solo piensan en un sindicato que debe proteger los intereses personales y no los institucionales de Japdeva.

Si Limón no aprovecha la coyuntura de abrir el puerto a nuevas concesiones para crear más fuentes de trabajo, el puerto seguirá bajando en su nivel de vida, y el sindicato y los cabezas calientes promoverán el entierro de nuestro querido Limón.

Un día soñé que Limón se había transformado. Soñé que los sindicatos, que habían sido el escollo del adelanto, habían cambiado de actitud y, sin dejar el norte en la defensa de los intereses gremiales, se habían abierto y asumido el cambio y entonces:

kSe disminuyeron las tarifas portuarias.

kSe incrementó la carga y descarga y, por ende, se crearon nuevos empleos para los limonenses.

kSe incrementó el turismo y la llegada de cruceros.

kSe impulsaron y se construyeron varias terminales de muelles por concesión y otras privadas, y se acabó la desocupación en la cabecera de la provincia.

kSe construyeron más ramales de ferrocarril y se actualizó el sistema ferroviario, con lo que se emuló el tiempo de Mr. Keith.

kCon el auge económico se construyeron más escuelas, más centros educativos, más hospitales, más iglesias de todas las religiones, y se instauraron más programas educativos, con lo que se respiró una verdadera paz social en toda la provincia.

También soñé que se había construido el verdadero canal seco entre el Atlántico y el Pacífico, con dos líneas férreas (ida y vuelta), con dos autopistas de cuatro carriles cada una y dos puertos en los extremos (Puerto Soley en el Pacífico y entre Parismina y Matina el otro puerto del Caribe o mar Atlántico).

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