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EDITORIAL

Optimismo y cambio

La polarización no está en el TLC, sino en la visión de país: una mayoría quiere avanzar y una minoría se opone al cambio
Se entorpece la ratificación del TLC para no enfrentarse, mediante la agenda complementaria, con las soluciones concretas


Los datos publicados ayer en La Nación, con base en la encuesta de Unimer para este periódico, sobre la percepción de los habitantes , en cuanto a la economía del país y a su situación personal o familiar, nos traen buenas nuevas. Vale la pena reiterar, para no llamarnos a engaño, que se trata de una percepción de optimismo sobre el presente y el futuro del país. Sin embargo, el factor inmaterial de la confianza y del optimismo constituyen, como se sabe, un firme punto de partida, en el orden psicológico y político, para atacar los problemas de fondo.

Este es el mensaje. Es preciso aprovechar esta coyuntura para atacar a fondo la solución de los problemas del país, fuente inagotable de estudios y de lamentaciones, que no han logrado pasar de este plano teórico a la decisión y la ejecución, según comentamos el sábado anterior. Una visión más depurada, responsable y objetiva, acompañada de proyectos concretos, se palpa, sin embargo, en el campo de la educación y la salud, de la infraestructura vial y portuaria, de la ciencia y la tecnología, de la apertura comercial, de la gestión pública y del desarrollo nacional.

Se cuenta, asimismo, con liderazgo presidencial, un equipo de gobierno preparado y una nueva actitud de parte de algunas fracciones legislativas en cuestiones esenciales para el país. Por su parte, el Poder Judicial ha seguido adelante en su programa de modernización y el Banco Central goza de autoridad y de prestigio.

Desde esta perspectiva, la discusión y aprobación de la agenda de implementación y de la complementaria representa un paso decisivo para que cristalicen los diferentes proyectos elaborados y no se queden, según ha ocurrido, como manojos de cabos sueltos o agendas de buenos deseos, cuya inejecución debilita la confianza ciudadana en el sistema político y democrático. El futuro de nuestra democracia depende, por ello, de la oferta de resultados concretos y visibles. La encuesta de Unimer para La Nación jerarquiza esta lista: desempleo, crimen/violencia, alto costo de la vida, pobreza, drogadicción, corrupción, mal estado de la economía, TLC, accidentes de tránsito, narcotráfico y deficiencias de la educación, desafíos inmediatos que, por cierto, no forman parte de las preocupaciones o intereses de quienes, en estos años, se han opuesto a las reformas o a la aprobación del TLC.

Frente a este abanico de retos urgentes sí se observa una honda polarización entre aquellos, la mayoría, que trabaja en busca de su solución, y aquellos, una minoría bulliciosa, que, en el orden político, profesional y sindical, se opone al cambio y trata, por todos los medios, de entorpecer el proceso de reformas. La discusión sobre el TLC ha permitido conocer y actuar ambas posiciones.

Este segundo grupo no solamente no ha presentado ninguna propuesta concreta y factible para resolver alguno de los problemas nacionales, sino que ha echado mano de todos los medios posibles, retóricos y legalistas, para impedir la aprobación del TLC. El punto aquí no es únicamente el entorpecimiento de este tratado, sino el de las reformas anejas a él por las que clama nuestro país desde hace ya muchos años.

El principal problema nacional, según la encuesta deUnimer para este periódico, es el desempleo. Sin embargo, el mercado del empleo será una de las primeras víctimas si no se ratifica el TLC. El pueblo de Costa Rica se siente optimista y este optimismo estimula la labor concertada política para la solución de los problemas nacionales. Un sector minoritario, sin embargo, predica el pesimismo, teme el cambio y pretende atar las manos del Poder Ejecutivo y de la Asamblea Legislativa. Esta es, hoy, la cuestión de fondo.

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