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Banda roba ¢150 millones de joyería en Sarchí Hampones alquilaron local contiguo para cruzar por el cielorrasoDesconectaron alarmas, teléfonos y sensores de movimiento Otto Vargas My Marlen Corrales ovargas@nacion.com Sarchí, Valverde Vega. A través del cielorraso de un centro comercial, en Sarchí, una banda tuvo acceso a la joyería Artesanías de Costa Rica, de donde se llevó un botín de más de ¢150 millones. Los ladrones se apoderaron de figuras de arte precolombino –réplicas adornadas con esmeraldas, ópalos y topacios– y relojes. También tomaron gemas de gran valor, entre ellas diamantes, zafiros y rubíes. La joya más cara, un topacio imperial, está valorado en unos $11.500, según estimó José Arturo Rojas, dueño del local. El plan de saqueo incluyó el alquiler –por parte de la banda– del local contiguo, cuyas ventanas taparon con papel. El grupo dejó un pequeño agujero para vigilar los movimientos del personal de la joyería. Una mujer (dio un nombre falso) alquiló el inmueble. “Era la única persona que venía. Abría la puerta y se encerraba. Nosotros pensamos que nos había llegado la competencia”, contó Xinia González, una empleada del negocio saqueado. Los trabajadores describieron a la desconocida como una mujer morena y delgada que vestía con elegancia. Con el personal del centro comercial Plaza Artesanías no tuvo mayor contacto. Golpe millonario. La mujer fue vista con tres hombres, poco antes del asalto, en un bar de Sarchí Sur. Los sujetos se retiraron primero. Al filo de la medianoche, la mujer anunció que buscaría un taxi. Al centro comercial llegaron pasada la 1 a. m. Sorprendieron al vigilante Rafael González durante una de sus rondas. Los ladrones (llevaban sus rostros cubierto con pasamontañas) utilizaron unas esposas para inmovilizarlo, pero ante sus protestas –las dejaron muy apretadas– lo amarraron con un mecate. De ahí se dirigieron al local de alquiler, donde desprendieron dos láminas del techo. Por ese sitio cruzaron a la joyería. El local fue objeto de una labor de vigilancia, pues los hampones conocían dónde estaban los dispositivos de seguridad. Eso les permitió desconectar las alarmas y desviar los sensores de movimiento. También descolgaron los teléfonos. A la joyería los ladrones llevaron equipo de acetileno. Con él abrieron dos pesadas cajas fuertes que contenían las piedras preciosas. De paso, vaciaron las urnas. Para escapar cambiaron de ruta. Con la máquina de acetileno cortaron los tres pines de seguridad de una puerta lateral y salieron a un pasillo. En el local permanecieron más de una hora. “Sabían bien a lo que venían. Se llevaron solo las joyas y la relojería. No tocaron nada más”, indicó el propietario, quien se dedica al diseño de joyas. Anteojos. Aproximadamente a las 3 a. m., el guarda logró soltar las amarras y avisó a las autoridades. No hubo testigos que vieran el carro en el que escaparon los ladrones. Empero, cometieron un error que podría delatarlos. En el cielorraso dejaron olvidados unos anteojos con su estuche. Agentes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) se los llevaron para extraer huellas dactilares. La familia de José Arturo Rojas posee ese negocio desde el 2 de mayo de 1992. En el pasado fueron objeto de dos robos (los ladrones se llevaron algunas piezas en algún descuido del personal), pero las pérdidas no fueron cuantiosas.
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