Costa Rica, Domingo 30 de septiembre de 2007

/EL PAÍS

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Entrevista.

Luis Antonio Sobrado

Presidente del Tribunal Supremo de Elecciones

Edad: 45 años Profesión: Abogado Experiencia: Procurador, profesor y magistrado durante cuatro elecciones

‘Prefiero un resultado holgado’

 La cara más visible del Tribunal electoral repasa la campaña y expone sus temores, a solo días del primer referendo en la historia del país

Por Álvaro Murillo

Usted dijo en abril que el proceso sería de alto voltaje. ¿Ha confirmado su previsión?

Yo hice tres predicciones que al final se confirmaron plenamente. Primero, que este referendo iba a ser de alto voltaje. No había que ser mago para adivinarlo. Segundo, que la participación será similar a la de febrero del 2006 (65%), y las encuestas ya lo anticipan. Veo un gran deseo de participación; los costarricenses saben que se juega mucho en este proceso, que de alguna manera marca nuestro futuro como país. Y tercero: temía un resultado muy ajustado, algo que genera una altísima conflictividad postelectoral. Si se confirma ese resultado ajustado, tendremos un escrutinio de infarto, ya no de alto voltaje pues se reeditarán, en parte, los difíciles momentos de febrero del 2006.

¿Lo angustia esa estrechez?

Yo prefiero un resultado holgado, que permita en la noche de los comicios tener una idea bastante sólida de cómo quedó, ya sea por el SÍ o por el NO. Claro, como organización y debido a la experticia de nuestros funcionarios, podremos enfrentar esa situación.

¿Cuál es el margen que usted vería preocupante?

Yo se lo pongo al revés, dan tranquilidad más de 10 puntos de diferencia. Es la opinión mía.

¿Qué medidas alistan para enfrentar ese escrutinio de infarto?

No vamos a modificar la mecánica que ha tenido el escrutinio en Costa Rica desde hace 60 años, pero vamos, como es natural, a incrementar el ambiente de seguridad y control. Debemos garantizar a los costarricenses que ese material es sagrado y que nadie lo puede tocar; protegeremos su integridad con nuestro cuerpo, si es necesario. Tenemos medidas de seguridad y un protocolo de seguridad para la consulta popular.

¿Se podría prolongar el escrutinio más de dos semanas?

La ley nos pide que en 15 días tengamos el escrutinio. El conteo estará en ese lapso, salvo por eventuales acciones de nulidad.

¿Cómo será el ambiente de la noche del domingo 7 en el TSE?

El Tribunal va a mantener la calma y la parsimonia con la cual enfrenta los momentos difíciles. El peor mensaje que podemos dirigir es de precipitación, miedo o cualquier actitud pasional, pero actuar con la cabeza fría no significa renunciar a la autoridad que tenemos para impedir actos que atenten contra la manifestación de la voluntad popular o que distorsionen los resultados de la votación. Esas son conductas improcedentes y delictivas. También lo serían bloquear calles para impedir un fluido transporte de electores o interceptar el envío de material electoral.

¿Ve probable que ocurran algunos de esos actos?

Es poco probable, pero debemos estar preparados para enfrentar esas posibilidades poco probables.

¿Cómo convencen de la total seguridad en la elección?

Tenemos el padrón más sano y más confiable de América Latina. No hay muertos votando, no hay extranjeros votando y no hay exclusiones arbitrarias de ningún ciudadano... Segundo, la clave para asegurar la pureza del proceso no está en la huella digital, sino en la fiscalización plena que tendremos.

Haciendo un poco de repaso, ¿esperaban tantos cuestionamientos al proceso?

No me sorprende. Por eso, el Tribunal estableció en julio un decálogo de ética política y una de las primeras cosas que dijimos es que no se vale la descalificación anticipada del árbitro electoral. La población rechaza esas actitudes.

¿Qué reprochan ustedes a los líderes de esta campaña?

El debate de ideas no ha tenido el lugar que se merece. Ha sido una campaña donde ha estado exacerbada la pasión y la discusión entre abogados, cuando la discusión aquí no es jurídica, sino política: si el TLC conviene o no. Y eso ha sido responsabilidad de ciertos líderes.

“Y otro reproche lo dirijo a la ciudadanía, pues el referendo ha servido para revelar uno de los defectos de la población: la dificultad para enfrentar las diferencias de opinión. Pensamos que la mejor manera de convivir es no exponer las diferencias, que en alguna medida no estar de acuerdo es una agresión. Entonces pasamos de ocultar las diferencias a darnos un botellazo en un club privado. Este referendo indica que el país debe desarrollar el diálogo y el respeto básicos en una democracia”.

¿Seguirá la polarización después del referendo?

Esta divergencia estaba desde antes y el referendo la ha evidenciado. El Latinobarómetro decía que los ticos eran los americanos que menos dispuestos estaban a romper una amistad por política. Eso era antes del referendo. Hemos visto disensos y enemistades en vecinos y familias, sin mencionar los botellazos. Es decir, hemos recuperado la pasión por la política.

¿Eso es bueno?

Tiene partes buenas y malas. Se ve un despertar después del abstencionismo que ha predominado desde las elecciones del 98. Si esa energía se canaliza bien, permite más oportunidades a la democracia. Si no, generamos más discordia.

¿Le parece esperable que alguien desconozca el resultado?

No. Creo que aquel líder que lo haga comete suicidio político.

Hace tiempo que nadie se pregunta si votará el 40% mínimo…

¡Esa discusión está superada!

¿La discusión sobre el TLC se zanjará el 7 de octubre?

Dependerá de quién triunfa. Si gana el NO, es claro el escenario. Si gana el SÍ, viene una segunda etapa con la llamada “agenda de implementación”. Ese escenario estará pendiente y vendrán sesiones importantes en la Asamblea. Es un reto que por dicha se asume en la acera del frente y no en esta.

Líderes del SÍ y el NO han dicho en distintos momentos que conviene aplicar el resultado del referendo no solo para el TLC, sino para toda la agenda de implementación. ¿Usted ve bien poner más carga sobre el proceso?

Lo que se pretende llevar al referendo es el TLC, no la agenda de implementación. Eso fue una decisión política y otra decisión hubiera sido meter todo en paquete. No nos corresponde evaluar si fue una buena decisión. Si hubiera sido así, el ambiente estaría todavía más cargado, porque sí sería el “todo o nada”. Tal vez sí hubiera sido más complicado para la elector, porque el TLC ya es un documento complejo y si además metemos otros proyectos, la capacidad de entender qué está en juego hubiera sido menor.

¿Ve entonces conveniente un acuerdo político así? ¿No pondría más voltaje al proceso?

(Medita) No lo sé. No sé qué decir. Eso es decisión de ellos.

Ustedes intentaron un pacto del NO y el SÍ sobre conducta...

Don Eugenio Trejos y don Alfredo Volio expresaron su llamado a atender el resultado y una condena a cualquier forma de violencia. Lo dijeron a la prensa...

Era lo mínimo…

Hombre, pero en ese momento la ciudadanía no había recibido claramente ese mensaje. Yo hubiese preferido un acuerdo más amplio para fomentar debate de ideas o abrir cuentas bancarias, pero, bueno, a veces lo perfecto es enemigo de lo posible.

¿Usted cree que la gente de verdad responderá la pregunta sobre el TLC y no otras cosas?

La inmensa mayoría de los votantes tiene una idea general de qué es el TLC. Igual sospecho que en el Congreso algunos diputados no conocen a veces lo que votan y el Congreso es una muestra de la sociedad, con distintos grados de interés, preparación, responsabilidad. Ahora tenemos un plenario de 2,6 millones de diputados.

De los procesos electorales que ha estado usted (dos en 2002 y dos en 2006), ¿representa este un mayor desgaste personal?

Este ha sido más exigente. Es un proceso más complejo, más tenso, más demandante. Hemos tenido meses complicados desde el 12 de abril cuando dijimos que podía haber referendo. ¿Verdad? De repente nos sorprendió que los que parecía que querían referendo en realidad ya no lo querían y los que no lo querían ahora sí lo querían. A uno le cuesta entender el contexto en que se mueve la discusión de los políticos. Y además en una actitud de parte de algunos que han dado mucho palo al tribunal. Eso ha minado en cierto modo la confianza de la gente.

Encontexto

A la cabeza, con seguridad

El magistrado presidente del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) ha vivido una campaña política llena de denuncias. Su seguridad, sin embargo, no se ha visto amenazada, responde con firmeza. Asegura que sigue dando clases en la UCR y teme más a la delincuencia común. No obstante, “hay que estar preparado para posibilidades no probables” y por eso tiene guardaespaldas y un equipo de oficiales vigila su casa, en Escazú. Descarta haber recibido amenazas ni presiones directas. “Solo correos en los que me dicen que el pueblo me vigila y me cobrará y cosas así. Pero lo veo como recurso retórico para apoyar una posición, no como amenaza a mi seguridad”, expresa. Sobrado garantiza que ya desde hace un mes decidió su voto.

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