LN OPINIÓN

Costa Rica, Viernes 1 de agosto de 2008

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Rodolfo Vicente Salazar | rodolfovicentesalazar@gmail.com

¿Dónde están los derechos de los niños y niñas?

Rodolfo Vicente Salazar es especialista en Justicia, Políticas Públicas, Niñez y Adolescencia

Uno de los rasgos más importantes de las nuevas legislaciones latinoamericanas sobre niñez y adolescencia basadas en la Convención sobre los Derechos del Niño, es que están pensadas y estructuradas para garantizar a todos los niños y niñas todos sus derechos.

Las legislaciones para los “menores”, formuladas entre 1919 y 1939 en América Latina, se distinguían por estar orientadas exclusivamente para los niños pobres, abandonados y “peligrosos”. Era una legislación para los niños en situación irregular. Los pobres eran los irregulares; los infractores eran los irregulares; los abandonados eran los irregulares.

Sin discriminación. Esta nueva concepción representa un cambio de grandes implicaciones éticas, políticas, sociales y culturales. Por primera vez, desde hace más de cinco siglos, los “hijos de los pobres”, los salvajes, los sucios, los peligrosos, son pensados y tratados como niños y niñas, son igualados a las personas menores de edad como ciudadanos con derecho a tener derechos. El principio de la no discriminación por motivos económicos, familiares, sociales, religiosos, nacionales, físicos, étnicos, condición de sus padres, alcanza su máximo esplendor.

La Convención sobre los Derechos del Niño y la Niña, se dirige a todos los niños y niñas del mundo, sin exclusión alguna, y declara su derecho a tener una vida digna y feliz. Desde ese momento serán el Estado, la sociedad y la familia los que se encuentran en situación irregular. Nosotros, el mundo de las adultas y los adultos, somos los peligrosos.

De igual manera, la idea de los niños y niñas como sujetos de derecho rompe con una tradición milenaria y modifica de manera radical la percepción que el mundo adulto tiene sobre los niños. La idea de que los niños tienen derechos es una idea contemporánea, que ha requerido cientos de años para consolidarse. Poco a poco, como producto de una serie de sucesos históricos, la sociedad fue aceptando este hecho que parece obvio, pero que ha requerido de procesos muy complejos para intentar obtener su consagración.

Es importante saber sacar conclusiones adecuadas de estos dos planteamientos. Muchas veces quienes trabajamos por las personas menores de edad somos perezosos al momento de profundizar sobre ciertos conceptos y, peor aún, extraer las conclusiones éticas, políticas, sociales y culturales que los acompañan.

Nada es obvio con las personas menores de edad, más aún cuando la vida cotidiana se encarga de refutar permanentemente ciertos postulados. Es importante que los principios de la Convención se conviertan en una fuente real de inspiración para todos nosotros y no sean vistos como planteamientos abstractos poco importantes para nuestro trabajo.

Cada uno de ellos: el interés superior del niño, niña o adolescente, el mejor interés, la no discriminación, su calidad de sujeto de derecho, la integralidad de los derechos, la prioridad ética y política que tienen las personas menores de edad, deben representar guías permanentes de nuestro actuar.

No hacerlo, idolatrando la cotidianidad sin bases conceptuales firmes, nos lleva a reproducir lo mismo de siempre, en nombre de cualquier cosa.

El no saber descifrar cada una de las implicaciones que el concepto persona menor de edad sujeto de derechos tiene para la construcción de las políticas públicas y el desarrollo de la ciudadanía, acarrea serias complicaciones. No asumir a plenitud lo que significa este concepto en la vida cotidiana de las personas menores de edad en su relación con la familia, la sociedad y el Estado, lleva a matar el discurso y reforzar la cultura de exclusión de la niñez y la adolescencia.

Protección integral. Ha llegado el momento de poner contra la pared a todos quienes hablamos de la doctrina de la protección integral, pero que en nuestra vida cotidiana, como operadores institucionales o miembros de la familia y la comunidad, hacemos tabla rasa de estos postulados y utilizamos los conceptos de siempre, los que realmente creemos.

Todo esto nos lleva a considerar que el enfoque de derechos que hoy proponemos para la construcción, por ejemplo, de las políticas sociales pasa porque todos tengamos una visión mínima sobre lo que esto significa y las repercusiones que tiene sobre nuestro trabajo.

Pensar que las necesidades de las personas menores de edad se transforman en derechos exigibles, tutelados jurídicamente, debe modificar radicalmente nuestros criterios políticos y técnicos en la manera de enfrentar cada uno de los temas que durante años han sido parte de nuestra historia institucional y personal. Ya nada puede quedar como antes, y es importante que tengamos la fortaleza de aceptar los cambios con todas las consecuencias que estos implican.

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