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Costa Rica, Sábado 9 de agosto de 2008

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Página Quince

Guillermo Malavassi V.

Los ferrocarriles

 Hay que ganarle la guerra al tiempo perdido

Filósofo

Los ferrocarriles transformaron la vida de todos los continentes. Antes de ellos, la comunicación entre las naciones era lenta y peligrosa; aun dentro de cada país, las comunicaciones eran difíciles.

Historia fascinante es la de los ferrocarriles en todo el mundo. Algunos elementos de esta historia son los rieles, los vagones y su majestad la locomotora, cuya evolución es un dechado de esfuerzo técnico.

La primera locomotora. Después de lo logrado por J. Watt con la máquina de vapor y todo lo que siguió: arrastre de vagones con cables desde un punto fijo en donde se instalaba la máquina de vapor, etc., la primera locomotiva o locomotora inventada por R. Trevithick y muchos intentos poco exitosos, llegó por fin la primera locomotora construida en los EE. UU. que tuvo éxito, llamada Best friend of Charleston , construida para el ferrocarril de Carolina del Sur: se probó en 1830 y se puso en servicio regular en 1831.

Cien años después, había ferrocarriles en todos los continentes. En los Estados Unidos, la primera línea transcontinental fue la Union Pacific, de costa a costa, terminada en 1869, y la monumental línea transiberiana, la más larga del mundo, 10.000 kilómetros de Moscú a Vladivostock, en la época de los zares. En verdad los ferrocarriles dieron vida nueva al mundo entero.

También llegaron a Costa Rica: y la línea de Alajuela a Limón, fue primero. Luego la de San José a Puntarenas.

Recuerdo aún con nostalgia las máquinas de vapor, aquellos gigantes negros que echaban blanco y caliente vapor por sus válvulas de escape y negro humo por la chimenea; y el impresionante sonido que significaba el arranque del tren cuando partía de la estación; y los inmensos depósitos aéreos en las estaciones principales para llenar de agua los tanques de aquellas maravillas de vapor, y el fogonero alimentando el horno de la caldera, el sonido típico del pito activado por el vapor y el campanazo que anunciaba la salida y el moverse del tren con carga y con pasajeros y la belleza del panorama que iba apareciendo conforme avanzaba el convoy y el servicio admirable que a todos daba y la comodidad de los vagones y lo importante que se sentía uno de niño viajando para el colegio de la ciudad a once kilómetros del hogar para asistir a lecciones.

Significó progreso extraordinario el alcanzado con la electrificación del Ferrocarril al Pacífico, cuyas máquinas eran otra cosa y su sonido, distinto…

Gran giro significó la llegada de las primeras máquinas de motor diésel al ferrocarril al Atlántico… A ello hay que agregar todo el inmenso significado laboral, social, económico, cultural que esos ferrocarriles significaban…

Desaparición del tren. Sin embargo, un día los gobernantes se equivocaron, sacaron mal las cuentas, no valoraron todos los factores que significaba cada uno de esos ferrocarriles y los condenaron a la desaparición. Ello trajo pueblitos y ciudades abandonadas; pérdida del elemento unitivo de comercio, sociabilidad, cultura; aparición de infinitas complicaciones del transporte solo por carreteras… Hasta los postes maravillosos que sostenían la catenaria del Ferrocarril al Pacífico fueron cortados de raíz... y otros actos de barbarie…

No obstante, el Ave Fénix resurgirá de entre sus cenizas – que son más que cenizas porque hay mucho valioso y rescatable–, pero no solo para volver a lo mismo. No. Sino para ampliarlo: ferrocarriles con nuevo trabajo de mar a mar, por las rosa de los vientos; hacia el norte y hacia las fronteras. Que de nuevo los poblados sonrían, que la sociabilidad que fomenta el ferrocarril resurja; que el consorcio de todo lo vial se enriquezca para bien de esta nación.

Debe activarse con vigor la voluntad política para enfrentar esta obra de carácter nacional, que interesa a todo el pueblo. Que haya inspiración en lo que puede verse en los cinco continentes en esta materia, y hay que ganarle la guerra al tiempo perdido, que hasta los santos lo lloran.

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