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Costa Rica, Miércoles 3 de diciembre de 2008

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Página Quince

Rodolfo Saborío | rodolfo@saborio.com

Restablecer la Constitución

 Varios factores deben analizarse antes de convocar a una Constituyente

Abogado

En diversas ocasiones, durante la última década, he señalado el riesgo de convocar a una Asamblea Constituyente, sobre todo por el pobre nivel de integración que produciría la fauna política que ha llegado a controlar los procesos de elección nacionales. Ese riesgo sigue latente y se ha acentuado en los años recientes con el deterioro de los niveles mínimos de diálogo político, estimulado por el autismo de las fuerzas tradicionales y el fundamentalismo de los grupos emergentes.

En ese contexto, la apuesta por una Constituyente sigue pareciendo arriesgada, pero hay factores adicionales que deben analizarse.

¿Se rompió el orden constitucional? El desencadenante tradicional para la convocatoria a una Constituyente es el rompimiento del orden constitucional. Ante el cuestionamiento legítimo sobre el restablecimiento de la reelección presidencial, por un órgano que carecía de competencias para ello, el país evitó una discusión seria sobre si efectivamente se rompió el orden constitucional.

Sobre eso tuve ocasión de referirme en un artículo de marzo del 2003: “Reelección debe archivarse” ( Página Quince, 18/03/03), sentando mi posición en el sentido que la Sala Constitucional no podía anular por el fondo una reforma constitucional. La personalización de la discusión entre quienes apoyaron y adversaron esa decisión sigue sin permitir una discusión de altura sobre sus consecuencias institucionales.

Si la conclusión fuera que sí hubo rompimiento del orden constitucional, sin duda se impondría la necesidad de una Constituyente.

¿Se agotó el modelo? Otra de las razones para que se opte por una Constituyente, en lugar de las reformas parciales, es que el sistema haya llegado a un punto de agotamiento que impida el normal funcionamiento de las instituciones. Para establecer este punto de quiebra pueden valorarse diferentes indicios como:

k Existe, o no, capacidad para tomar en tiempo oportuno las decisiones vitales para el desarrollo con equidad del país.

k Existe una verdadera oposición y los líderes de ella no se encuentran en la planilla presidencial.

k Existe un cuerpo con características de Policía política que amenace la privacidad de la población.

k Se impone el secretismo en el manejo de información de interés público.

k Se ha debilitado la separación de funciones de los supremos poderes, con especial amenaza sobre la independencia judicial.

k Hay incapacidad de los gobernantes para asimilar el escrutinio y las críticas.

k Y, muy importante, existe la posibilidad de que desde el poder se imponga un sucesor perpetuando el statu quo.

Si tan solo una parte de los elementos señalados en las líneas anteriores se corroborara, no cabe duda de que estaríamos ante un panorama que obliga a pensar seriamente en la convocatoria a una Constituyente.

¿Hay materia prima? En abril del 2005 coloqué en Internet una versión digital de las actas de la Asamblea Constituyente de 1949, luego de una minuciosa revisión. La comparación entre el nivel intelectual de ese cuerpo constituyente y las actuales estrellas de la escena política deja muchas dudas sobre la teoría de la evolución.

El sistema obsoleto de integración de organizaciones políticas, que no sufrirá a corto o mediano plazo transformaciones profundas, confabula seriamente en contra de la posibilidad de que en la eventual convocatoria a una Constituyente se puedan constituir nuevas agrupaciones de ciudadanos, o de que en las ya existentes puedan acceder a ese órgano las personas más calificadas.

¿Debe esta circunstancia impedir indefinidamente que nuestro país pueda redefinir las reglas básicas de la convivencia social y restablecer la capacidad de tomar decisiones colectivas? Por supuesto que no podemos seguir posponiendo por siempre una revisión profunda de nuestro sistema político y administrativo; hay temas ineludibles exigiendo una solución desde hace mucho tiempo.

¿Habrá llegado ese momento? Dudo mucho que los actuales gobernantes y dirigentes políticos estén a la altura de las circunstancias y puedan siquiera iniciar el proceso de transformación que tanto requiere este país.

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