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Carlos Chaverri MonteroLigia Oreamuno Castro |
Ante la muerte de nuestro yerno
No es cierto que fue una bala perdida la que mató a Harlen
La prensa, por premura, ha expresado datos inexactos sobre la muerte trágica de nuestro querido yerno, padre de nuestra nieta menor, Lucía, y novio comprometido de nuestra hija, doctora Ligia María Chaverri Oreamuno.
No es cierto que fue una bala perdida la que mató a Harlen. El norteamericano, residente ilegal, Frederick Marlon Kelch, estuvo observando nuestra casa, durante los días anteriores al asesinato, desde las tapias altas que él mismo había construido, y subiendo al techo de su propiedad, de donde lo observaban vecinos de los condominios cercanos a la propiedad y desde donde decía improperios en inglés a nuestra familia.
En la noche del jueves 21 de mayo, se subió al techo de su propiedad, con su arma de gran poder, apuntó a la cabeza de Harlen, quien se encontraba con mi hija en frente del televisor de la cocina de nuestra casa, y le disparó amparado en la oscuridad de la noche. Hizo un segundo disparo inmediato, que iba dirigido a mi hija, pero lo pegó en una columna de cemento de la casa nuestra, lo cual impidió que el asesinato fuera doble.
Escasos minutos después, mientras corríamos atendiendo a Harlen, inconsciente, quien sangraba profusamente, y mientras vino la ambulancia, el norteamericano hizo cuatro disparos más, cuyos casquillos de bala quedaron en el jardín de nuestra casa y que fueron recogidos como evidencias por la Policía Judicial. Uno de estos disparos entró en la compuerta del motor del automóvil de mi hija.
Esto no fue una bala perdida ni un disparo fortuito. El norteamericano disparó amparado en la oscuridad de la noche, observando el blanco a través de la ventana de mi casa, que tenía la luz encendida, y por tanto observando a la víctima y a una distancia no mayor de 10 metros, desde el techo de su casa. Falló en el segundo balazo. Tampoco fue bajo un estado de locura, como ahora algún profesional de Derecho quiere hacer caer en error a la justicia. Fue planificado. La víctima pudo ser cualquier otra persona de nuestra casa. Él expresó claramente, ese día en la mañana, que sabía que nosotros éramos informantes de la CIA (lo cual no es cierto, por supuesto) y que él tenía mucho dinero para pagar a los abogados que lo sacaran de la cárcel si nos mataba.
Queremos justicia. El resultado: dos familias sufriendo un dolor intensísimo, una hija de tres años sin padre, un futuro promisorio en servicio a los demás que había tejido con su novia quedó truncado; muchos amigos y amigas sufriendo igual que nosotros la pérdida de Harlen, por culpa de un monstruo que mata a otros seres humanos, como ir de cacería, sin el menor respeto ni aprecio por la vida humana, producto de las aberraciones que producen las guerras en los Estados Unidos.
¿Por qué las autoridades de Migración no son más selectivas para impedir que estos monstruos vengan a nuestra tierra a sembrar muerte, drogas y la desgracia irreparable a quienes nacimos, crecimos, vivimos y servimos en este país?
Deseamos que la justicia haga honor a la balanza, signo visible en nuestros Tribunales de Justicia, y que se no haga honor a lo expresado por el asesino de mi yerno: que con su dinero tendría un abogado que lo saque rápido de la cárcel. Grandes asesinos han sido juzgados y castigados por las leyes norteamericanas, excombatientes de guerra, y han sido ejecutados. Allá no se les consideran bajo estado de enajenación mental.
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