LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 9 de agosto de 2009

/OPINIÓN

Víctor Ml. Mora Mesén

Paideia griega y “desarrollo” moderno

Director, Saint Francis College

http://wvw.nacion.com
TAMAÑO

Uno de los elementos claves para la apropiación del derecho a participar en la sociedad como ciudadano, es, sin duda, el uso y comprensión correcta del lenguaje. Este era uno de los principios básicos de la formación filosófica griega que, a diferencia de nuestro contexto actual, apuntaba hacia la erudición y la oratoria, como instrumentos esenciales de la acción política.

No se trataba simplemente de embellecer el discurso, sino hacer uso de las técnicas de comunicación para exponer razonamientos lógicamente trabados, que pudieran expresar valores, actitudes y visiones; es decir, plantear una cosmovisión que orientase la vida de la polis . La polémica era parte de este proceso de encuentro y de búsqueda colectiva. No sería aventurado afirmar que el acto lingüístico, compartido y criticado, era el núcleo estructurante de la paideia .

Hoy abundan los discursos, pero no una objetivación del pensar y del querer en el acto discursivo, porque hemos perdido la capacidad de usar el lenguaje como una forma de expresión de la interpretación que hacemos de la realidad. Cada vez que articulamos en el lenguaje lo que entendemos de lo que nos rodea, concretizamos nuestra visión de las cosas. Leer adecuadamente esta articulación permite encontrarnos y confrontarnos, ofrecer diversidad y aceptar lo diferente como parte del ser persona. Pero podemos atrofiar el lenguaje cuando lo asumimos solo como ruido, como impacto sensorial, sea este auditivo, visual o táctil, como algo que golpea la exterioridad pero no la propia conciencia.

Pensar con autonomía. Cabría, todavía, preguntarse si es que hoy usamos el lenguaje para comprendernos a nosotros mismos, o si solo nos servimos de él para crear ese impacto sensorial en otros, sin más pretensiones que lanzar al espacio nuestro caótico bullicio interior. En la época en que se afirma la desaparición del autor de cualquier texto –valga decir, de cualquier expresión lingüística–, caemos una y otra vez en el solipsismo del espectador que se deja tocar en sensaciones, pero que no quiere interpretar para no verse comprometido en la crítica de su propio deseo. Lo paradójico es que se proclamó la muerte del autor para liberarnos de las cadenas que nos impedían pensar con autonomía, pero hemos convertido esa libertad en un violento y sistemático ejercicio de ignorar la presencia y necesidad de los otros en nuestra propia vida.

Por eso, la paideia ha sido abandonada bajo la égida del desarrollo económico. Se ha restringido la comunicación a la asimilación de una terminología y actitudes funcionales a la producción de bienes y a la reproducción de un sistema de relación que resulta injusto; pues se fundamenta en la apropiación, no en la toma de conciencia de la total dependencia que tenemos de la convivencia y la cooperación para sobrevivir. Con todo y las limitaciones del sistema de gobierno helénico, era claro para aquella gente que había que tender puentes para el diálogo y las razones. Por ello, la paideia tenía como finalidad introducir en el mundo del lenguaje y sus símbolos, para comprender al otro y entenderse a sí mismo.

Al poner las miras en la conveniencia económica, sin que esto suponga en primera instancia un reconocimiento de las necesidades del colectivo y la consiguiente movilización para satisfacerlas, hemos hecho de los procesos educativos meras instancias de fragmentación social: espacios que acrecientan la distancia entre unos y otros, escuelas que enseñan la oportunidad de una maquiavélica inconsciencia de los otros que son tan necesitados como yo.

Capacidad lingüística. Un signo claro de este proceso de fragmentación es la pérdida de nuestra capacidad lingüística y, por consiguiente, de la erudición necesaria para comprender que el discurso (palabras, gestos o símbolos) de otro son expresión de su propio ser y que es necesario aceptarlo con tolerancia y criticidad para abrir los propios horizontes. En los programas educativos actuales con facilidad constatamos nuestra sordera crónica a los clásicos del pasado, a los maestros costarricenses y latinoamericanos más cercanos en el tiempo, y a las voces filosóficas más actuales; ni qué decir de la crasa ignorancia de la historia y la pobreza la lengua.

Nos centramos en lo inmediato y pragmático según el criterio de la producción de riqueza, con la esperanza de poder ganar la carrera para gozar de una parte de ella. Quedan atrás ideales, sueños y metas con aspiración de justicia, de paz y de espíritu. Hacemos “diálogos” (o mejor, monólogos) interesados, discursos ruidosos y presentamos imágenes impactantes, pero no nos comprendemos en lo más básico, en la palabra, que nos hace tomar conciencia de que no estamos solos, sino acompañados e indisolublemente unidos en un destino común.

La salida posible. Frente al desarrollo contemporáneo, es urgente una versión moderna de la paideia antigua: más inclusiva e integradora, no elitista, ni pretenciosa del poder político. Es decir, optar por una educación que nos ayude a comprender el lenguaje propio y ajeno, que penetre el corazón y que rechace su utilización para garantizar mano de obra acrítica, reproductora sin más de un sistema económico; que vuelva a generar entusiasmo por la comunidad y pasión por destruir la violencia; que nos haga más humanos al abrirnos a la gran aventura de la sincera comunicación con los que vivieron en el pasado y con nuestros contemporáneos. Esta es la única salida posible para evitar el desastre de la autodestrucción, empujada por la común inconsciencia.

FOTOS

  • Nacion.com

ADEMÁS EN OPINIÓN
ARCHIVO COLUMNISTAS
EN VELA   EN GUARDIA
JULIO RODRÍGUEZ JORGE GUARDIA
LETRAS DE CAMBIO    OJO CRÍTICO
LUIS MESALLES RODOLFO CERDAS
ENFOQUE    POLÍGONO
JORGE
VARGAS
FERNANDO DURÁN
TAL CUAL    ENTRE LÍNEAS
ALEJANDRO URBINA ARMANDO GONZÁLEZ
SERVICIOS En tu Celular En tu PDA Noticias por email RSS Fax Horóscopo Cartelera de cine
QUIENES SOMOS | GRUPO DE DIARIOS DE AMÉRICA | ESTADOS FINANCIEROS | ANÚNCIESE | TARIFARIO | TRABAJE EN LA NACIÓN
© 2009. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com
Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 2247-4747. Servicio al cliente: (506) 2247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 2247-5022. CONTÁCTENOS