LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 9 de agosto de 2009

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Fernando Leal | fleal@cariari.ucr.ac.cr

El mundo humano

FiLÓSOFO

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No el ser ni la existencia, sino la conciencia, es lo realmente opuesto a la nada. Un mundo que no haya producido conciencia, por mucho que hubiesen evolucionado sus formas, carecería de sentido y prácticamente equivaldría a la nada.

La existencia sola no agrega sentido ni significación a sus formas ni procesos. Aunque la conciencia no equivale al ser, su presencia garantiza la existencia, no solo de su ser propio, sino además de todo lo que no es ella misma: otras conciencias, otras existencias, otros seres no-conscientes. Esta garantía es únicamente testimonial, puesto que la conciencia no produce existencia ni seres físicos.

Ella tampoco agrega sentido ni significación al mundo, sino exclusivamente a los productos de su propia actividad. Opone a la nada el mundo que existe y su propia existencia, pero este reconocimiento de existencia se limita al testimonio que ella se ofrece a sí misma, puesto que el mundo no responde a la actividad de la conciencia en los mismos términos mentales en que esta se expresa. Pero la trascendencia de la actividad consciente y la garantía ontológica de su existencia y de lo demás que ella no-es, se encuentra en las respuestas automáticas, positivas y negativas, que el mundo ofrece a la incursión científico-experimental de la conciencia en la naturaleza.

Un resultado patente. En consecuencia, todo sentido y significación corresponden al mundo humano creado por la actividad consciente del hombre. Es este quien distingue e individualiza los seres y procesos naturales y los que él mismo crea. Como parte de la naturaleza, se distingue de ella y se identifica específica e individualmente de todo cuanto existe. En cuanto a los seres que ella crea, se trata de creaciones mentales, como los números y las figuras geométricas, las formas estéticas y los valores morales, o de transformaciones técnicas de los materiales naturales, como las creaciones artísticas y la edificación de ciudades, caminos, aparatos e instrumentos.

La creación de conocimiento crecientemente complejo es un resultado patente de la actividad consciente de los seres humanos, cuya vida, mediante la utilización de aparatos tecnológicos, se desprende de las condiciones ambientales que limitan a los demás seres vivos. Las naves y trajes espaciales son parte del prodigio técnico conseguido por los seres humanos.

En el horizonte moral, la creación de sociedades y de formas de convivencia política es también una proeza de la actividad mental. La superación de las formas políticas anquilosadas reúne la potencia del razonamiento y la fuerza física capaz de revolucionar aun el peso de instituciones apoyadas en el mito y la religión, de modo que el hombre ha sido también capaz de desarrollar una espiral de perfeccionamiento de las formas de gobierno –de la esclavitud teocrática, tiránica o monárquica, a la libertad de los gobiernos democrátas– que habrá de continuar mientras no se agoten las fuentes mentales creadoras de valores políticos y morales.

El bien y el mal. Existe el peligro de retrogradación por descuido de la calidad de la vida ciudadana a que está continuamente obligada una sociedad demócrata, consciente de sus responsabilidades sociales, el descuido de la cultura y de la misma libertad en sus ámbitos propios: pensamiento, expresión, movimiento, creencia. No obstante, cada paso en el perfeccionamiento de la razón, del conocimiento, de la ciencia y la tecnología, de las formas constitucionales de convivencia, aleja al hombre de sus orígenes, cargados de la violencia consustancial a las limitaciones de la vida, aquellas que obligan a los seres vivos a una cruenta lucha por la obtención de alimento.

El hecho de que sea el hombre el único ser capaz de reconocer el bien y el mal que implican sus acciones le sitúa en la perspectiva de la asunción de la responsabilidad por sus actos y del juicio capaz de exigir esta responsabilidad a todos cuantos son considerados debidamente responsables y libres. No ha sido un mundo exento de guerras y sufrimiento, pero es un mundo capaz de reconocer y luchar por lo mejor para todos.

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