LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 6 de diciembre de 2009

/OPINIÓN

Hugo Machín

Por las urnas sí,por las armas, no

 En Uruguay, por primera vez, el presidente será un exguerrillero con antecedentes criminales

Periodista uruguayo

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JoséMujica obtuvo el 51,9% de los votos en la segunda vuelta de las elecciones nacionales en Uruguay y por primera vez el presidente será un exguerrillero con antecedentes de homicidio, robo y actos terroristas cometidos en los años sesenta y principios de los setenta.

Desde los comicios del 25 de octubre en que el Frente Amplio logróla mayoría parlamentaria con un 47,96% de los votos emitidos y el Partido Nacional un 29,07%, los sondeos de opinión pública le mantuvieron una clara ventaja al exguerrillero tupamaro sobre el expresidente Luis A. Lacalle, de centro derecha, que gobernó entre 1990 y 1995 y en segunda vuelta logró un 44% del electorado.

Mujica, de 74 años, es uno de los dirigentes tupamaros que en 1963, comandados por Raúl Sendic (1925-1989), iniciaron la guerrilla urbana que aspiraba a tomar el poder. En esa época gobernaba el Partido Nacional y la izquierda no superaba el 10% del electorado. Decepcionado de la política, abandonó 47 años atrás el Partido Nacional, donde había sido secretario de un ministro, y contribuyó a fundar el Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros), organización integrada por exmilitantes del Partido Socialista, estudiantes universitarios fuertemente influidos por sacerdotes católicos y anarquistas partidarios de la acción directa.

En el contexto de la Guerra Fría en que América Latina sufrió reiteradas intervenciones estadounidenses, aleccionados por la revolución cubana y apoyados por Fidel Castro, los tupamaros reeditaron el fenómeno guerrillero surgido en la vecina República de Argentina. Las aún hoy denominadas por Mujica expropiaciones a bancos y empresas, reportaron a la guerrilla sumas equivalentes a más de $3 millones actuales.

A partir de la consigna “tanto peor, tanto mejor”, que suponía una exacerbación de las contradicciones sociales para generar conciencia en sectores de la ciudadanía, los tupamaros protagonizaron homicidios, secuestros y atentados que contribuyeron a generar un clima de polarización y facilitaron la intervención de sectores ultrarreaccionarios.

En 1972, convocadas por los partidos tradicionales, las Fuerzas Armadas uruguayas, bajo régimen de “estado de guerra interno”, derrotaron a los tupamaros en seis meses. Hubo muertos en ambos bandos, pero la guerrilla sufrió mayor cantidad de bajas. La dirigencia tupamara y centenares de guerrilleros fueron encarcelados y juzgados por la justicia militar. Luego del golpe de estado de Juan María Bordaberry, el 27 de junio de 1973, que instauró una dictadura de 12 años, y de padecer infrahumanas condiciones de reclusión, los dirigentes tupamaros, al igual que miles de presos políticos encarcelados por oponerse a la dictadura, fueron amnistiados por el gobierno del Partido Colorado, encabezado por Julio María Sanguinetti, iniciado en marzo de 1985.

“Democracia burguesa”. Durante la siguiente década los tupamaros no renunciaron a volver a tomar las armas si, a su juicio, la “democracia burguesa” lo exigía. Sin perjuicio de ello, el Frente Amplio, fuerza de izquierda que gobierna en la capital desde hace dos décadas y devino en el mayor partido político uruguayo, permitió el ingreso de los tupamaros en 1989.

En 1994, Mujica es elegido diputado y ha resumido sus casi quince años como legislador y ministro de Ganadería con un lenguaje que permanentemente apela al lunfardo: “Esta changa (trabajo informal y ocasional) de legislador hay que agarrársela (cogerla) para laburar (trabajar). Ahí está la cuestión”.

Mujica desarrolló una campaña electoral sui géneris. Participó en bicicleteadas (pelotones de ciclistas) en que le acompañaba su esposa –otra connotada exguerrillera y senadora– y recorría barrios populares, acompañado de numerosísimos partidarios.

En ocasiones subía a los autobuses como “hombre-sándwich”, para difundir sus “dos o tres ideas” con las que “machaco como hacían las maestras”.

Conocedor de las mañas politiqueras y consciente del rechazo que generan en la ciudadanía, sobre todo en la de menor educación, cultiva una semicrítica al sistema político –“Desgraciadamente, hay mucho de discurso y poco laburo”– y cuestionamientos que lo asemejan a un político de oposición a su propio partido, el Frente Amplio, en el Gobierno desde el 2005. Ha exteriorizado valoraciones populistas, como su admiración por una tribu africana –los Kung San–“porque los tipos laburan dos horas para vivir y lo demás lo pasan de joda y chusmerío”, o su “bronca a los bancos por cómo le sacan la plata a la gente, todo eso me parece joda”.

Pero se benefició del porcentaje de aceptación (61%) con que culmina su período el actual presidente Tabaré Vázquez, quien se negó a la reelección con que le tentaron.

El presidente Vázquez, durante su gestión, mantuvo cierta distancia respecto a la política exterior del presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Mujica, en su discurso, por momentos contradictorio, y en determinadas actitudes, ha señalado mayor sintonía con Chávez, quien le ha demostrado su preferencia respecto a Vázquez. Pero el presidente electo también dispensa elogios al presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva o conceptos sobre Cuba, consignados por el matutino El País de Montevideo: “Se cae a pedazos. Se cae de vejez. ¿Viste la prensa en Cuba? No se puede leer. No se puede leer por aburrimiento”.

A Francisco Luzón, consejero director general para América Latina del Banco Santander, Mujica le impresionó “como un líder del Primer Mundo”, relatóJorge Jourdán, gerente general de la filial uruguaya del Santander, luego de una entrevista, en mayo, entre Luzón y Mujica.

“El Pepe”. Lo que es incuestionable es la forma de vida del exguerrillero tupamaro. En una austera chacra suburbana cultiva flores para la venta al menudeo y se acompaña en sus giras políticas por Manuela, una perrita de tres patas. No usa corbata, y prescinde absolutamente de cualquier tipo de atildamiento, al punto de aparecer en televisión sin su prótesis dental. Esa imagen es garantía de honestidad para buena parte de su electorado, pero muy pocos quieren vivir como “el Pepe”.

Una de las notas más inexplicables para la lógica política uruguaya la aportó un acérrimo enemigo de los votantes de Mujica: el entonces presidente George W. Bush. Durante su visita a Uruguay en marzo de 2007, mientras aguardaban que el asado criollo estuviera a punto en las grandes parrillas de la estancia presidencial de Anchorena, el presidente de Estados Unidos amablemente tomó del brazo a Mujica y ambos se internaron en un monte nativo, en un diálogo del que el exguerrillero retornó“con los ojos llenos de lágrimas”, según testigos.

Mujica, en su primer discurso luego de conocerse su triunfo, trasuntó su intención de tener en cuenta a la principal fuerza opositora, el Partido Nacional, para su futura administración, lo que ha impresionado positivamente a analistas y dirigentes políticos. El 1.° de marzo jurará respetar la misma Constitución contra la que se levantó en armas 47 años atrás.

El juramento se lo tomará su mujer, la senadora Lucia Topolansky, extupamara que permaneció en prisión durante 13 años y encabezó la lista más votada en octubre, por lo que preside el Poder Legislativo hasta que asuma en marzo, como vicepresidente, el exministro de Economía del gobierno saliente, Danilo Astori.

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