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Costa Rica, Miércoles 14 de enero de 2009

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La "guerra del gas", un "thriller" sin final a la vista

Ulf Mauder |

Moscú/Kiev (dpa). El "thriller" del gas en torno a Rusia no tiene cuándo acabar. La esperanza de las miles de personas que pasan frío en el sur de Europa, así como de la industria europea castigada por la falta de energía, se evaporó hoy, igual que el gas que Moscú empezó a bombear con dirección a Occidente.

Después de un corte total durante una semana, Ucrania detuvo el suministro del combustible tan necesitado en Europa, alegando que no se daban las condiciones necesarias para el transporte. En el espectáculo montado por ambos países, los gobiernos de Moscú y Kiev parecen centrar su empeño únicamente en que el otro quede mal a los ojos del mundo.

En el peor de los casos, Ucrania permitirá el tránsito del gas sólo cuando se haya firmado un nuevo contrato, esta vez respecto al transporte, con Rusia. Durante las negociaciones de los últimos días, la Unión Europea había obviado la disputa por las condiciones del tránsito entre Kiev y Moscú.

A pesar de ello, Bruselas esperaba que volviera a fluir el gas luego del acuerdo del pasado lunes entre ambas partes, que hacía referencia a la supervisión del suministro para Europa. La energética rusa Gazprom sostuvo que había cumplido con su parte, y que el gas empezó a ser bombeado a partir de las 7 de la mañana hora europea.

Poco después, sin embargo, empezaron a llover una vez más las acusaciones mutuas, entre otras cosas, porque los inspectores no habrían tenido acceso a las estaciones de control.

La prensa moscovita calificó el martes pasado como un triunfo el hecho de que Rusia consiguiera imponer sus condiciones para el trabajo de la misión de observadores internacionales, en la que consideran la más dura de todas las "guerras del gas". Sólo el diario "Kommersant" advirtió de no caer en la tentación de celebraciones prematuras.

El último bloqueo era previsible, en realidad. Ucrania exigía que Rusia les brinde de forma gratuita el así llamado "gas técnico", para que los ductos puedan ser puestos en funcionamiento. Se trata de un monto considerable de 21 millones de metros cúbicos al día, que Rusia quiere sin embargo que se le retribuya a precio de mercado.

Moscú lleva tiempo advirtiendo a Kiev de que no "robe" esas cantidades del combustible. Pero el consorcio energético Naftogaz sigue empecinado en cimentar esas entregas gratuitas en un nuevo contrato de transporte. Un juzgado ucraniano había declarado ya la semana pasada que el actual contrato, vigente hasta 2010, era "nulo".

Según Ucrania, el texto fue firmado hace tres años por una parte no autorizada, por lo que el presidente de Naftogaz, Oleg Dubina, determinó sin más que cualquier envío de Rusia puede ser decomisado como "mercancía de contrabando" en falta de un contrato.

Ucrania quiere ahora fijar nuevas tarifas para el tránsito en un nuevo contrato, y Rusia retomó hoy paulatinamente el suministro sin tener en cuenta todos esos flancos abiertos. La cantidad del bombeo debía subir poco a poco de los 76 millones de metros cúbicos iniciales a las cantidades habituales de 300 millones al día.

La Unión Europea y Ucrania criticaron las cantidades con las que retomó el suministro, sin considerar que Rusia calcula que los ductos deberían estar llenos y que sólo sería necesario dar un leve empujón desde atrás para que el gas llegue a Occidente.

Todavía no ha sido aún aclarado si los gasoductos estaban completamente vacíos, pero el vicepresidente de Gazprom, Alexander Medvedev, sacó a relucir hoy su irritación tras el nuevo fiasco, sobre todo porque la imagen de Rusia como proveedor energético sigue desplomándose y las arcas del Estado continúan registrando pérdidas millonarias. "Ahora mismo no sabemos qué hacer", indicó Medvedev.

Mientras Occidente sigue criticando a Rusia como potencia energética, Moscú se ve como la víctima de una conspiración de la cúpula política ucraniana, que busca acercarse a los países occidentales.

"Empieza a parecer que esta orquesta está siendo dirigida desde un país muy distinto", sospecha ahora Medvedev y acusa de la escenificación de la reciente crisis a Estados Unidos, que habría incluido también asuntos energéticos en el último acuerdo de cooperación firmado con Ucrania, en diciembre de 2008.

Rusia, de forma similar a lo ocurrido en el conflicto con Georgia del pasado agosto, cree ahora que los verdaderos artífices de la actual disputa están operando desde Washington.

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