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Costa Rica, Martes 24 de febrero de 2009

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Página Quince

Rodolfo Saborío | rodolfo@saborio.com

Cerradores de puertas

Abogado

Una de las formas más simples de introducir algo de racionalidad al funcionamiento del parlamento es despedir al encargado de cerrar la puerta a los diputados cada vez que se verifica el quórum. Lo ideal sería reformar la Constitución para eliminar la disposición que obliga a sesionar con dos tercios de los legisladores. Esa norma, que con justa razón se critica, tiene su lógica dentro de la Constitución original que contemplaba la figura de los suplentes, precedida de una larga tradición en nuestra historia parlamentaria.

La existencia de suplentes, uno por cada dos propietarios, no solamente se utilizaba para el caso de separaciones definitivas, sino que su principal utilidad era facilitar la conformación del quórum y fue utilizada frecuentemente en la misma Asamblea Constituyente de 1949. Uno de los problemas que se le señalaba era el costo que implicaba ya que los suplentes eran remunerados por su sola asistencia, en algunos casos con media dieta, aunque no pasaran a integrarse al órgano parlamentario. Esta moda- lidad todavía se emplea en los gobiernos locales, lo que facilita en gran medida la operatividad de los concejos. Esta situación cambió cuando en mayo de 1961 se reformó la norma constitucional que establecía el número de diputados, y los aumentaba de 45 a 57. En esa misma reforma se optó por eliminar la figura de los suplentes, sin efectuar los ajustes normativos compensatorios necesarios para facilitar la conformación del quórum.

Práctica absurda. De ahí en adelante, el Reglamento Legislativo, y una práctica parlamentaria más que absurda, se ha encargado de concentrar toda la energía en impedir que se celebren las sesiones, en violación directa del párrafo segundo del artículo 117 de la Carta Fundamental, que siguió vigente en su enunciado original: “Si en el día señalado fuere imposible iniciar las sesiones, o si abiertas no pudieren continuarse por falta de quórum, los miembros presentes conminarán a los ausentes, bajo las sanciones que establezca el Reglamento, para que concurran, y la Asamblea abrirá o continuará las sesiones cuando se reúna el número requerido”.

Todo lo contrario a cerrar las puertas, nuestra Constitución estuvo diseñada desde su promulgación con la idea de que las sesiones parlamentarias debían empezar a toda costa, para lo cual jugaban un papel importante las suplencias, pero, si aun así no era suficiente, se conminaba a los legisladores a hacerse presentes en el recinto, de modo que las sesiones se llevaran a cabo.

El párrafo citado tiene rango superior al Reglamento Legislativo y puede ser aplicado de inmediato sin necesidad de reforma alguna y le permitiría al país ahorrarse los espectáculos de padres de la patria pateando puertas o rompiendo el quórum con sus narices detrás de ellas. Sin duda alguna, lo que necesitamos en este país es menos cerradores de puertas.

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