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Costa Rica, Viernes 27 de febrero de 2009

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Página Quince

Diego Víquez | ldviquez@ccencuentro.net

A un año de las elecciones

 Algunas reflexiones sobre la forma en la que se deberían tratar las políticas sociales públicas

Filósofo

Al estar tan cercana la fecha del día de las elecciones, y ante las dimensiones que va adquiriendo esta crisis irresponsablemente desatada desde los centros financieros mundiales, conviene que hagamos algunas reflexiones sobre la forma en la que deberían tratar, los candidatos primero, y quien resulte electo después, las políticas sociales públicas.

Innovación. Es imposible seguir haciendo el ridículo de esperar año con año los resultados de la Encuesta de Hogares, para alegrarnos o entristecernos de que la pobreza suba o baje uno o dos puntos porcentuales. Lo que corresponde es emprender con seriedad una serie de programas, con su correspondiente ensamblaje institucional, que plantee luchar contra la pobreza de manera sostenida en el tiempo. De esta continuidad en los planes que se ejecuten, podrá desprenderse un balance real de las dimensiones de la pobreza en el país. Luchar contra la pobreza es tarea de largo aliento, que requiere un esfuerzo planificador tan serio, como el de planificar el desarrollo de la electrificación, el abastecimiento de combustibles, la infraestructura u cualquier otra tarea en la marcha del país para la que se requieran verdaderas políticas de Estado. No pueden ser ocurrencias coyunturales ni electoreras.

Para comenzar, deberíamos tomarnos en serio la existencia de una rectoría, autoridad social o como quiera llamársele, que sea capaz de coordinar el entramado institucional y programático que existe en el país en materia de política social. Sus funciones deberían ser al menos: diseñar, planificar, programar, y evaluar, a la par de coordinar de manera permanente al grupo de los jerarcas de las instituciones del área. Esto no cuesta, solo debe hacerse, ayudado con un poco de buenas maneras; en lo particular creo que más que ingobernabilidad se trata, en la mayoría de los casos, de incapacidades personales.

Lo otro es renunciar a ejecutar todos los programas, el aparato estatal no da para ejecutar los programas necesarios, se requiere que muchas de las instituciones del Estado se conviertan en agencias de cooperación, que financien y evalúen a los cientos de organizaciones de la sociedad civil que están haciendo exactamente lo mismo que ellas.

Idear los programas no es tener ocurrencias, se deben diseñar cuidadosamente contemplando aspectos como: impacto, cobertura, fondos sostenidos –no cíclicos–, experiencias ya existentes, ejecutores, monitoreo. Para lograr programas en esa línea, se requiere remozar la forma de trabajo de las instituciones existentes, en la línea de la subsidiariedad acá planteada y asegurarse que los programas no se limiten a repartir plata sin ton ni son, solo para cumplir metas, como lamentablemente fue a lo que se redujo el programa Avancemos. Experiencia esta paradigmática sobre cómo se hacen programas carísimos sin apostar por el impacto potencial que estos programas bien aplicados han tenido en todo el mundo. Lo grave de estas ocurrencias es que luego corregirlas es carísimo y con un enorme costo social y político, amén de lo poco sostenibles que son en medio de crisis económica.

En tiempos de crisis. Optimizar los recursos es urgencia prioritaria, y gestar una nueva generación de programas, que sin ser extraordinariamente onerosos, sean capaces de producir varios efectos encadenados.

Así, por ejemplo, en lugar de estar pensando en esos seguros de desempleo, debería proponerse un programa de empleo temporal, destinado a obra pública y servicio comunitario. Es un auténtico programa de “ganar-ganar”, con un enorme valor agregado.

El programa Avancemos debe entrar a cuidados intensivos para un extreme make over , tal y como existe, tal y como se ha venido aplicando es un tributo irresponsable a formas de hacer política social pública, que solo sirve para fomentar el clientelismo, el paternalismo y el subdesarrollo. Debe empezar a ser lo que nunca ha sido: un programa de transferencias monetarias condicionadas, cosa de la que he hablado varias veces en este mismo espacio.

Es imprescindible entrarle de lleno a la reestructuración en clave de desarrollo del programa de los CEN-CINAI, quitárselos al Ministerio de Salud, y darlos a las comunidades para su gestión o a las organizaciones que quieran gestionarlos con el subsidio estatal; estas instituciones son esenciales en medio de la crisis, por ayudar a nutrir, para mantener los cuadros de vacunación al día y cuidar a los niños con el objetivo de que puedan sus padres y madres laborar.

Debe optarse, para el desarrollo de zonas con profundo rezago, por la metodología de intervención que nos ha descrito en estas páginas Miguel Sobrado una y otra vez, probada con enorme suceso en el gigantesco Brasil, la de Capacitación Masiva, a la cual desde la Universidad Nacional se le han hecho algunas adiciones criollas.

El otro gran tema de las políticas sociales lo constituyen, además de las selectivas, las universales, sobre todo educación y salud, además de empleo y vivienda. Para no alargar mucho nuestro análisis, dejaremos estas para otra ocasión.

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