LN OPINIÓN

Costa Rica, Viernes 27 de febrero de 2009

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Óscar Hernández | HernandezMO@sugeval.fi.cr

Dilema cambiario

 ¿Qué camino debe seguir el BCCR en materia cambiaria?

Economista

A partir del fracaso que hasta el momento ha significado el funcionamiento del sistema de bandas cambiarias establecido por el Banco Central de Costa Rica hace poco más de dos años, ha venido tomando fuerza en algunos sectores la idea de que el régimen cambiario vigente requiere ser reevaluado.

Aunque dos años de vida podrían parecer poco para juzgar el éxito de un instrumento cuya operatividad requiere ciertamente una etapa de asimilación, el período ha sido realmente suficiente para permitir al nuevo régimen mostrar al menos algunas pinceladas de los resultados que se esperaban.

Sin embargo, lejos de ser el sistema el encargado de llevar los hilos del mercado, hemos observado que ha sido este último mediante repentinas –y a veces sospechosas– sacudidas el que se ha encargado precisamente de alejar el valor del tipo de cambio ya sea del extremo inferior, o bien del extremo superior de la banda, en donde ha permanecido alternativamente anclado.

Objetivo lejano. La autoridad monetaria ha insistido en que el régimen de bandas cambiarias es un mecanismo transitorio, preámbulo de lo que eventualmente sería la migración hacia un sistema monetario de metas de inflación (inflation targeting), en el cual el compromiso del Banco Central con la tasa inflacionaria sería mucho mayor.

La intención es muy buena, pero el escaso (por no decir nulo) éxito tenido hasta ahora en el intento de independizar la política monetaria de la determinación del tipo de cambio, así como la decreciente credibilidad en la actuación del ente emisor, hace pensar que dicha transición es un proceso aún lejano (sin mencionar otras condiciones necesarias para implementar con éxito un esquema de ese tipo y de las que aún no contamos: un sistema financiero desarrollado que sirva de conducto efectivo para la transmisión de la política monetaria, transparencia en la información por parte del Banco Central y capacidad para pronosticar el comportamiento de la inflación en el mediano y largo plazo).

Por lo tanto, de momento parece poco creíble el establecimiento de inflation targeting cuando ni siquiera ha sido posible lograr un adecuado funcionamiento del sistema de bandas cambiarias, cuya efectividad constituye un eslabón necesario –entre otros– para intentar dar ese salto.

Propuestas. Así las cosas, los episodios de volatilidad espuria mostrados por el régimen de bandas y sus efectos distorsionantes, han hecho resurgir la discusión respecto al camino que el Banco Central debería seguir en materia cambiaria. El sector industrial y los empresarios ligados a la exportación claman por retornar al sistema de minidevaluaciones, añorando la predictibilidad que el régimen les ofreció durante más de dos décadas, algunos más osados proponen un sistema de libre flotación y otros no menos atrevidos señalan que ya es momento de dolarizar la economía para acabar de raíz con el sempiterno nivel inflacionario.

No obstante, más allá de lo que unos y otros vislumbran como la opción ideal, una discusión de este tipo debe partir del hecho de que nuestra economía tiene características muy particulares, por lo que no debe caerse en la trampa de pretender emular los pasos seguidos por otras naciones (de economías más desarrolladas) esperando los mismos resultados. Al contrario, la discusión debería conducirse con prudencia y sin apasionamientos que deriven en la proposición de soluciones extremas.

En definitiva, este escenario pone al Banco Central ante otro interesante desafío: admite el fracaso de las bandas cambiarias y analiza un cambio de dirección o se mantiene como hasta el momento aferrado al esquema actual. De elegir la segunda opción, está claro que el camino que se debe recorrer para consolidar un régimen de metas de inflación en nuestro país será bastante largo y los costos de los desaciertos pueden llegar a ser muy altos.

Si bien es cierto que el año 2009 no se presenta como el mejor escenario para una reforma de este tipo (panorama económico convulso y una campaña política en ciernes), de continuar los resultados del mercado cambiario como hasta ahora, la presión que el ente emisor recibirá para modificar el rumbo podría volverse cada vez menos sostenible. Una vez más nuestra política cambiaria se vuelve el centro de atención, y no hay duda de que los resultados futuros dirán si la apuesta por el esquema de bandas puede realmente llegar a ofrecer réditos positivos o confirmará lo que algunos ya creemos: fue un esfuerzo bien intencionado, pero fracasó.

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