LN OPINIÓN

Costa Rica, Sábado 27 de junio de 2009

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Mercedes E. Rivera | mercedesri@hotmail.com

Sexualidad, verdad y confusión

Economista

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La sexualidad humana es un elemento básico de la personalidad: un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir el amor humano. La sexualidad caracteriza al hombre y a la mujer no solo en el plano físico, sino en el psicológico y espiritual.

El objetivo fundamental de la educación sexual es dar conocimiento adecuado y veraz de la importancia de la sexualidad y del derecho armónico e integral de la persona hacia su madurez psicológica, con vistas a la plenitud de vida espiritual. Una verdadera formación no se limita a informar la inteligencia, sino que presta atención a la educación de la voluntad, de los sentimientos y emociones. Esta educación debe comenzar en el ámbito individual y familiar.

Castidad. El Catecismo de la Iglesia Católica describe y en cierto modo define la castidad como “la integración lograda de la sexualidad en la persona”, además de afirmar que “la castidad implica un aprendizaje del dominio de sí”, signo de la libertad humana.

Así entendida, la castidad puede vivirse en cada estado: casados, solteros, viudos, y consagrados a la vida religiosa. Exige cultivar virtudes como el pudor, la templanza, el respeto propio y ajeno. Todo esto no es posible sino por la ayuda que viene de Dios. El dominio de sí hará que se viva la donación sexual con fidelidad, honor y responsabilidad. Creo que esto contesta una pregunta que recientemente se hacía alguno de cuál era el límite para considerar si 30 ó 40 hijos era una bendición de Dios. La respuesta estaría referida a la castidad en este contexto… Se desprende igualmente que la propagación de la especie humana no está amenazada bajo esta definición de castidad que entiende la Iglesia Católica…

En el cumplimiento de su misión, la Iglesia tiene el deber y el derecho de atender la educación moral de sus bautizados. La Iglesia Católica, mediante la Palabra Revelada, de su Magisterio y de la Tradición, transmite la voz y el querer de Dios, por lo que no ha de extrañar que las guías sexuales aludan a la Sagrada Biblia, a documentos emitidos por la Santa Sede, encíclicas papales, cartas pastorales y otros. Preocupa el impacto que pueda tener entre jóvenes y adultos opinar sobre temas en los cuales hay una clara confusión de conceptos y doctrina moral, creyendo que el haber leído la totalidad de un texto capacita para dictar cátedra sobre la materia.

Al respecto, alarma más que se atreva esta misma persona a insinuar que le preocupa que se tomen en serio las enseñanzas de la Iglesia Católica cuando lo que está en juego es, en primer lugar, el bien integral de la persona humana y desde un punto de vista para quienes tenemos fe, la salvación y la vida eterna de cada ser humano.

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