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Costa Rica, Sábado 21 de marzo de 2009

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Página Quince

Antonio Barrios | anbarov@racsa.co.cr

Apolaridad: ¿el mundo que viene?

 Estados Unidos no es más el s heriff solitario y nadie está en condiciones de reemplazarlo

Profesor UNA

La apolaridad es el límite de la difusión del poder, y por su naturaleza impide o dificulta la formación de bloques de seguridad colectivos, en beneficio de un equilibrio y de fuerzas nunca estratificado. El “orden” que se avecina, entonces, parece ofrecerlo contrario a alianzas permanentes y de seguridad colectiva.

Mundo marítimo y continental. Lo novedoso de estos tiempos es que el polo euroatlántico no necesariamente será la prolongación de los Estados Unidos en Europa, como lo es hoy la Europa a partir de Maastricht, pilar europeo de la OTAN. Casi todo depende de las relaciones futuras entre Francia y Alemania. Tanto Alemania y Francia se “disputan” su alianza estratégica con EE. UU., entonces la futura línea de conflicto será “la frontera del Rin”, desde donde se genera un Polo Euroatlántico (PEAT) y un Polo Euroasiático (PEAS). En ese caso habría un “nacionalismo” hegemónico “bipolar”, con capacidad de acción hacia el Atlántico y hacia el Pacífico-Mediterráneo-Índico. Tal resultado llevaría a un debilitamiento de la OTAN, cuyas alianzas estratégicas de seguridad ya están agotadas en la misma Europa.

Europa Occidental pese a su espacio económico común, demuestra serias carencias en política exterior y de defensa común. La razón básica es porque Europa Occidental ya no es una región estratégica donde el PEAT y el PEAS daban un mayor ámbito de acción a los europeos, mientras que no hubiera otras potencias disputando poder. El PEAT y el PEAS tenían la capacidad de conectar cuatro núcleos de poder marítimos y los cuatro núcleos de poder continentales.

Los primeros son: a) el Mediterráneo; b) el occidente europeo hasta el Rin; c) el Atlántico norte (centro de gravedad del sistema); y, d) el archipiélago japonés. Los segundos son: a) el espacio del Éufrates desde Turkestán a Pakistán, otrora escenario del Imperio Persa, del Imperio Sasánida, del Califato de Bagdad y del Imperio Otomano; b) Mongolia y Norte de China, donde se han desarrollado el imperio Han el imperio de Genghis-Khan y el imperio de los To-Tsing; c) la región central rusa otrora imperio zaristas; y d) la Europa Central ( Mitteleuropa ) con base germánica.

Ante la ruptura del mapa ya se está diseñando una nueva etapa de la política mundial, cuyos dos componentes básicos del poder global (Mundo Marítimo/Mundo Continental) iniciarán una competencia planetaria totalmente desprovista de ropajes ideológicos. Con una Francia “atlantizada” y una Alemania “centro-europeizada”, una Rusia petrolera, una China jugando en dos bandas, y un EE. UU. redefiniendo su futuro, movería a todos hacia escenarios económicos y culturales completamente distintos.

De lo unipolar a lo apolar. ¿Es la apolaridad una nueva era geopolítica? Así como el derrumbe del muro de Berlín cambió el poder mundial de bipolar a unipolar, la actual crisis financiera, la recesión global y el deterioro del poder estratégico de EE. UU. llevará al sistema a una apolaridad. El colapso de la pretensión estadounidense de un mundo unipolar no debe llevarnos a pensar que estaría estableciendo un mundo multipolar porque para que éste exista es necesario que las potencias más poderosas, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania, cooperen entre ellas para repartirse el mundo; o en caso contrario, luchen entre ellas por el dominio de éste.

Nada de esto está ocurriendo pues Europa y el Japón no compiten estratégicamente con EE. UU.; al contrario, están protegidos por este frente a Rusia y China, las cuales en realidad tampoco compiten con los EE. UU. Su único interés es recuperar sus antiguas zonas de influencia y establecer parámetros o linderos geográficos de poder.

Estados Unidos no es más el s heriff solitario y tampoco nadie está en condiciones de reemplazarlo. Las grandes potencias son impotentes frente a un mundo caótico y fragmentando por la pobreza, el terrorismo, las guerras civiles, el genocidio, las limpiezas étnicas, el tráfico de drogas, de armas y personas, denominadas hoy guerras de cuarta generación que los gobiernos están perdiendo.

La evaporación y licuación de la unipolaridad que dará comienzo a la apolaridad serán: fin del unilateralismo de EE. UU.; retiro de Iraq; intensificación de la guerra con los talibanes; reforzamiento del chiismo iraquí con el Gobierno de Irán y la proliferación nuclear; dificultades para la paz entre Israel y la Autoridad Palestina luego de la guerra en Gaza; reforzamiento del nacionalismo ruso sobre su entorno exsoviético y de China sobre el Tíbet y Taiwán; retorno de EE. UU. a América Latina contra el narcotráfico y el crimen organizado; incremento de las guerras étnico-religiosas en los países fracasados, generando fragmentación y desterritorialización.

La profunda recesión financiera y económica afectará las 700 bases militares de EE. UU. desde donde proyecta su poder global en su lucha contra el terrorismo. Finalmente, la caída de Wall Street crea una situación muy irónica para el capitalismo estadounidense porque antes del colapso del Muro de Berlín, no existía ningún banco privado en Rusia ni en los países socialistas de Europa del Este. Hoy existen en todos esos países, mientras que en Estados Unidos se están cuasinacionalizando las instituciones financieras. Esta inimaginable situación es una gran jugarreta que le ha hecho la historia a todos los que creen que pueden conocer su sentido y de creer que la privatización trae consigo desarrollo y bienestar social a raudales.

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