LN OPINIÓN

Costa Rica, Miércoles 13 de mayo de 2009

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Leda Muñoz y Patricia Sedó

La seguridad alimentaria de las familias en Costa Rica

Leda Muñoz, coordinadora Informe Estado de la Nación. Patricia Sedó, directora Escuela de Nutrición UCR

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Se celebra una vez más la semana internacional de la nutrición, este año en medio de una profunda crisis internacional, cuyo impacto en los más pobres y vulnerables puede ser vasto. Los expertos anticipan un empeoramiento de la pobreza, el hambre y la desnutrición alrededor del mundo, y ya hay estudios que evidencian cómo las familias más pobres se están adaptando a estas condiciones mediante estrategias que tienen importantes costos en educación, salud, y estado nutricional, especialmente de las nuevas generaciones.

Panorama preocupante. En nuestro propio vecindario, con casi la mitad de los centroamericanos en condiciones de pobreza y con altos niveles de desnutrición, el panorama es preocupante. Costa Rica está en condiciones comparativamente mejores; no obstante, aún con la plataforma que ha logrado construir en temas fundamentales como salud, educación, sanidad ambiental, inversión social, etc., hay datos que apuntan a que se deben tomar medidass y pronto. Veamos algunos datos:

� La pobreza ha afectado a cerca del 20% de la población en la última década, y aunque hubo una disminución importante en el 2007, lamentablemente se recuperó parcialmente en el 2008, llegando a niveles de 17,7%.

� Datos de la Encuesta Nacional de Salud indican que cerca de un 26% de los hogares reportaron experimentar algún grado de inseguridad alimentaria.

� El precio de los alimentos en el mercado internacional ha mostrado un comportamiento inestable y tendiente al alza. En el 2007-2008 los precios aumentaron fuertemente y aunque en el mercado internacional ya se han dado reducciones importantes, en muchos países, incluyendo Costa Rica, no se registran disminuciones proporcionales, quedando los precios ahora más altos que en el 2007. El alza en el precio de los alimentos golpeó a muchos hogares.

� Las presiones que a nivel de demanda de alimentos han ejercido los países emergentes, probablemente se vuelvan a sentir una vez pasada la crisis. Si a esto se agrega el nivel de incertidumbre que el cambio climático está introduciendo en el ajedrez de la producción de alimentos, es de esperarse que los precios vuelvan a subir, y que se tiendan a quedar en esos niveles. Para Costa Rica, cuya dependencia externa de alimentos básicos se ha acentuado, esto representa una amenaza latente. Como ha dicho Amartya Sen, dejar “en exclusiva” al mercado el bienestar de la gente y su seguridad alimentaria y nutricional es contraproducente.

� Mientras que el costo de la canasta básica alimentaria ha venido aumentando, los salarios mínimos reales se han estancado en los últimos años, o incluso han decrecido.

País vulnerable. Todos estos elementos dibujan un perfil de país vulnerable. La urgencia que el año pasado mostró el Gobierno (y el mundo entero) ante el aumento de los precios de los alimentos hoy ha cedido ante la crisis, cuando precisamente esta debió impulsar, aun con más fuerza, una respuesta inteligente, amplia y organizada, que disminuya el riesgo de las familias que ya son pobres o experimentan inseguridad alimentaria, así como de aquellas que son vulnerables a entrar en esa situación.

La desnutrición y su forma más radical, el hambre, representan en el s. XXI la expresión más cruel de disfunción y fracaso de una sociedad, que se traduce en vidas dañadas por constantes e intensas infecciones y desarrollos físicos y cognitivos subóptimos, que a menudo son truncadas tempranamente.

Literalmente se botan toneladas de comida diariamente como desperdicios o alimentos dañados. La producción mundial de alimentos alcanzaría para alimentar a todos los seres humanos que habitamos sobre el globo terráqueo, si fuera distribuida equitativamente.

Y para completar el cuadro de incongruencias, el mundo está bajo los efectos de una verdadera epidemia de obesidad, pues hemos creado condiciones de vida y alimentación discordantes con las que prevalecieron durante todo el proceso de nuestra evolución.

La probabilidad de que la pobreza y la inseguridad alimentaria repunten en el contexto de la presente crisis es alta. Los costos humanos, sociales, y económicos po- drían ser elevados, e hipotecarían el futuro de muchas familias. Para prevenir estos, es necesario tomar acciones pronto y en distintos ámbitos. La celebración de esta semana de la nutrición es ocasión oportuna para insistir en ello.

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