Encerrado en las montañas de Cartago, cercado por un bosque de bambúes, varias cascadas, puentes de madera y estanques dan forma a un espacio puramente japonés: el primer jardín japonés de Costa Rica.
También es el único en Centroamérica y se ubica dentro del Jardín Botánico Lankester de la Universidad de Costa Rica (UCR), en Dulce Nombre, Cartago.
En la mañana de ayer se celebró su inauguración, y con ella se abrieron las puertas a todos aquellos costarricenses interesados en conocer el diseño y la idiosincrasia de un jardín japonés.
El proyecto, que tuvo un costo total superior a los ¢100 millones, fue posible gracias a la ayuda económica de la Embajada de Japón, a una contrapartida de la UCR y al apoyo técnico brindado por la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA).
Como único requisito para realizar la donación monetaria, la Embajada de Japón solicitó que la construcción del jardín se realizara en un plazo de un año, antes del 31 de diciembre del 2008. Sin embargo, algunos cambios que se introdujeron obligaron al Jardín Botánico a pedir una prórroga de unos meses para finalizarlo.
Diseño y puesta en marcha. Dos personas fueron cruciales para la ejecución del proyecto. Por un lado, el diseño del jardín corrió a cargo del paisajista Hiroshi Oozeki, y, por otro, fue construido con todo detalle por el maestro paisajista Mamoru Tsunoda.
Para llevar a cabo la elaboración del jardín japonés, Tsunoda se inspiró en el famoso jardín de su ciudad natal, el Okayama Korakuen Garden, uno de los tres mejores del país.
Durante el año de trabajo, el maestro paisajista compartió sus conocimientos con seis operarios costarricenses que le ayudaron en las labores de construcción y aprendieron las armas del experto para que el jardín goce de un buen mantenimiento en el futuro.
El resultado es un amplio espacio que incorpora los elementos más característicos de los jardines japoneses que se iniciaron en los templos budistas; es decir, elementos propios de la naturaleza, como el agua (en cascadas y estanques), el bambú o los puentes de madera.
“Este jardín nos permite trasladarnos momentáneamente a Japón y sentirnos en uno de sus maravillosos jardines”, dijo Hidekazu Yamaguchi, embajador de Japón. “Es una obra de arte que refleja la filosofía y las religiones de Japón”, añadió.
En un limitado español, el artífice del jardín, el maestro paisajista Mamoru Tsunoda, intentó explicar a La Nación el significado último de los elementos en un jardín para la sociedad japonesa. “Las palabras no son suficientes para describir lo que es un jardín japonés”, afirmó Tsunoda. En los jardines japoneses todo tiene un orden y un sentido, hasta la colocación de la más mínima piedra.
Recorrido por el jardín. Como elemento primordial de un jardín japonés, las rocas –cortadas a mano por el maestro Tsunoda– establecen el camino central de entrada al jardín japonés.
Además del verdor, el gran estanque llama la atención de los primeros invitados. En él, las plantas acuáticas, sobre todo nenúfares, serán la atracción para las aves migratorias.
A un lado y a otro del estanque se encuentran dos cabañas, construidas a base de bambú, madera, piedra y fibra de arroz.
Estas dos cabañas incorporan elementos del estilo tradicional japonés y de la arquitectura autóctona de Guanacaste, y serán utilizadas para actividades de educación ambiental, así como para degustar algunos de los tradicionales tés de la cultura japonesa.
Para cruzar el estanque hay tres puentes: uno de piedra, uno de arena con bambú y otro de madera, de color rojo, muy emblemático de la tradición nipona.
Finalmente, al fondo, pasando por un sendero de piedras rodeado de bambúes se ubica una réplica de una casa de campo japonesa, que se empleará, precisamente, para mostrar la cultura de la nación asiática.
FOTOS

Carlos González
Puente de madera de color rojo (muy genuino de la cultura japonesa) sobre el estanque.

Cabaña realizada con bambú, madera y piedra. C. González

Réplica de una casa de campo de Japón (bambú y madera). C. González

Mamoru Tsunoda, constructor del jardín japonés. Carlos González

Sendero de piedras rodeado de bambúes. Carlos González
Aún inconcluso
Los jardines japoneses pueden tardar en construirse de 10 a 20 años y representan la integración de la naturaleza en la vida cotidiana de las personas, la admiración hacia la madre naturaleza, algo que se ha ido formando a lo largo de la historia y que dista mucho del concepto clásico del jardín occidental.
Estos jardines forman parte de la cultura y el arte de la sociedad nipona, y combinan varios elementos, como el agua, las rocas y el bambú, para dar lugar a un clima de serenidad y espiritualidad.
Por el momento, el jardín japonés del Jardín Botánico Lankester aún se encuentra inconcluso. “La vegetación mostrará su esplendor dentro de un tiempo”, dijo Jorge Warner, biólogo y director del centro. Acaba de finalizar su construcción y falta el desarrollo y crecimiento de las plantas.
Las plantas acuáticas y la decoración con musgos y helechos que se realizará próximamente, animarán, sin lugar a duda, el ambiente del jardín.
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