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Costa Rica, Martes 8 de septiembre de 2009

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EDITORIAL

De la frustración a la esperanza

 El equipo técnico de la selección y sus jugadores han convertido el futbol nacional en hazmerreír y objeto de compasión

 Gracias a la crítica, los responsables pueden convertir el próximo juego ante El Salvador, sin vanos nacionalismos, en oportunidad de cambio y de reivindicación

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Cada cuatro años se lleva a cabo uno de los fenómenos más reveladores y atractivos de la globalización: la etapa clasificatoria, programada minuciosamente por la FIFA y seguida por la mayor parte de la población mundial, para conquistar un puesto de honor en un campeonato mundial de futbol. El próximo tendrá lugar en Sudáfrica, en el 2010, tributo del deporte, como expresión de paz y de fraternidad, a uno de los países insignia en la lucha por los derechos humanos.

En esta dura y pacífica competencia participa la Selección Nacional de Futbol, el deporte por antonomasia, en representación del país, que, vencidos los primeros tramos de este proceso, se encuentra ahora en su fase final, en los tres últimos partidos, ante El Salvador, Trinidad y Tobago, y EE. UU., que definirán su presencia, por cuarta vez, en un campeonato mundial, o bien, su descalificación. Todos los países que compiten, sin importar su potencial económico o sus dimensiones geográficas, anhelan este logro, como manifestación de sus cualidades deportivas, pero también de su capacidad de organización, de la visión de sus dirigentes y del potencial de sus futbolistas. Cada campeonato mundial, seguido por millares de millones de personas, al conjuro de la globalización de la tecnología de la comunicación y de la información, se convierte, además, en vitrina mundial.

El desempeño de nuestra selección, en la fase final y decisiva de esta justa mundial, después de salir airosa en los encuentros anteriores, ha sido, sin embargo, decepcionante y vergonzosa no solo por dos derrotas consecutivas, ante Honduras y México, explicables en todo deporte, sino por la actitud del director técnico, en primer lugar, y por la falta de carácter de los jugadores. Hacemos hincapié en el director técnico porque él es el responsable y, como tal, debe dar cuenta de su falta total de planificación y de planteamiento táctico, de conocimiento del adversario, de estudio de las derrotas previas de la selección y de tres equipos de Primera División en torneos internacionales. En estos dos partidos ha convertido el futbol nacional en el hazmerreír internacional y, peor aún, en objeto de compasión.

El historial del futbol costarricense, forjado en el esfuerzo y en la precariedad de condiciones materiales, pero orgulloso de sus lauros y de la excelencia de muchos de sus jugadores, rechaza este comportamiento que, además, ofrece a nuestra juventud y al pueblo un pésimo ejemplo de orden, estudio y personalidad para hacerles frente a los retos de la vida y del trabajo. El futbol, asimismo, por su arraigo secular y aceptación nacional, es un factor primordial de unidad y encuentro nacional. Esta actitud afectiva y efectiva debe ser correspondida con magnanimidad y responsabilidad, al margen de poses, de figuración ridícula o de miedo a la crítica.

Sabedores de la importancia y necesidad de la crítica en la formación de un ser humano, de un gobierno o de una sociedad, no tenemos reparo en llamarles la atención sin atenuantes a los dirigentes del futbol nacional, al director técnico y a su equipo de colaboradores, así como a los jugadores. La mediocridad técnica y física exhibida en los dos partidos citados, la inaplicación de los principios básicos del futbol, el decaimiento psicológico de los jugadores y las palpables e inadmisibles fallas del director técnico, que envía a los seleccionados a la cancha sin ideas directrices y sin organización, no son propias de una representación nacional en ningún campo.

Que la fuerza de estas críticas, la de los otros medios de comunicación, igualmente justas y vigorosas, y las de los aficionados, así como la conciencia y el significado de una representación nacional, logren alcanzar lo que todavía es posible. Este comentario se refiere, obviamente, a hechos consumados. Esperamos que el próximo exprese el cambio de actitud y mentalidad, cristalizados en resultados, que todos esperamos del director técnico y de los jugadores frente a El Salvador no por nacionalismo vano, sino por sentido de responsabilidad.

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