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Costa Rica, Martes 8 de septiembre de 2009

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Jorge Guardia | jguardia@nacion.com

En Guardia

abogado-economista

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¿Fue esta crisis una falla del mercado o el Estado? La respuesta se ventilará en la próxima campaña electoral. La izquierda señalará al mercado como el único responsable y se empeñará en asfixiarlo a más no poder. La derecha señalará al Estado como avieso interventor, pero se servirá de él cuando le conviene. Yo tengo una tesis muy distinta.

Ni el Estado ni el mercado fallaron (como instituciones). Los culpables son los hombres que han intervenido como actores, pervirtiendo sus fines esenciales. La solución, entonces, no es tratar de reprimirlos, sino rescatar lo esencial de cada uno. Del mercado se debe preservar la libre competencia para que sus fuerzas conduzcan a asignar eficientemente los recursos, y, del Estado, rescatar sus funciones primordiales, incluyendo una buena regulación del mercado.

Pero hay que evitar que el Estado sustituya al mercado y el mercado se sirva del Estado con fines de lucro, como ha sucedido aquí y en otros lados. En EE.UU., la insuficiente regulación financiera permitió asumir demasiados riesgos en perjuicio de los depositantes y el sistema en general. Y, claro, los administradores profesionales (especuladores) aprovecharon para enriquecerse en lo personal y defraudar a los accionistas. Los políticos, sin embargo, en vez de dejar que el mercado corrigiera las deficiencias y permitiera quebrar a las entidades y castigar a sus administradores, corrieron a salvarlos con recursos de los contribuyentes.

¿Fallaron el Estado y el mercado? No. El Estado nunca fue creado para asumir pérdidas privadas, y el mercado se nutre de una regla esencial: la libertad conlleva oportunidades de ganar, pero implica riesgos. El que invierte su tiempo, visión y recursos y resulta exitoso, tiene todo el derecho al fruto de su esfuerzo. Pero si falla, no debe trasladar sus pérdidas a los demás. Solo él debe sumir las consecuencias. Pero si los políticos permiten privatizar ganancias y socializar pérdidas, se pervierten simultáneamente los fines del Estado y del mercado. Mera putería financiera.

Algo similarmente perverso, aunque en menor escala, ha sucedido –y sigue sucediendo – en Costa Rica. Los políticos y ciertos actores privados han pervertido los fines del Estado y el mercado. La aprobación original del Fondo de Reconversión Productiva y el Fidagro, y, posteriormente, la tentativa de condonar las deudas a los vivazos que se endeudaron, a sabiendas de que nunca iban a pagar, son ejemplos vergonzosos. Revela la tradicional prostitución de los partidos de izquierda y de derecha. Solo los verdaderos liberales (los que repudian igualmente la izquierda y la derecha) están libres de pecado.

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