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Juan Carlos Antillón |
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Juan Carlos Antillón es miembro del “Movimiento cívico de Costa Rica”
No hay nada peor que la soberbia o la falta de humildad, en eso coincidimos con Laura Arguedas, funcionaria de la Defensoría, quien escribe un artículo en esta sección.
En el artículo, agrede a quienes nos manifestamos repudiando en las afueras de la Defensoría el fraude cometido al burlar un concurso que se abrió tan solo para legitimar una elección, pues de antemano, con soberbia y prepotencia, la diputada Ofelia Taitelbaum aseguraba que tenía los votos para ser elegida.
Nos preguntamos: ¿por qué la Defensoría no ha atendido el recurso presentado por el Lic. Roberto Zamora Bolaños, defendiendo a los concursantes que fueron burlados y humillados con calificaciones de cero?
Este es el primer asunto importante que puede tener controversia en la Defensoría, como para que pueda tener independencia de pronunciarse doña Ofelia y no lo ha hecho. Por eso precisamente era vital que la persona elegida tuviese criterio independiente.
Intolerancia. Ha sido precisamente la soberbia, la falta de humildad, la intolerancia las que han caracterizado a la señora Taitelbaum, quien, despreciando la manifestación, dijo a la prensa que no atendería a ese grupo “minoritario” de habitantes. Todavía Laura Arguedas pretende que esperemos los resultados de su gestión para expresarnos, como si los antecedentes no contaran.
Fue la diputada Taitelbaum quien se opuso a leyes para impedir el castigo físico contra nuestros niños y niñas, tampoco estuvo de acuerdo en que se regulara el horario de trabajo de las servidoras domésticas, ni que las propinas de los saloneros formaran parte del salario. Si por la víspera se saca el día, ¿Qué podemos esperar, doña Laura?
Olvida doña Laura cómo la Defensoría de los Habitantes hizo ingentes esfuerzos por dar a conocer las connotaciones éticas del Tratado de Budapest en lo relativo a los derechos humanos de los embriones, mientras la entonces diputada Taitelbaum votó su adhesión sin hacer observaciones. ¿Será que no leyó o no entendió el informe?
Tampoco se ha borrado de la memoria el agravio cometido por un diputado del PLN contra doña Miriam Zamora, de 85 años, educadora pensionada a quien trató de vieja vagabunda y la mandó a trabajar y rezar el rosario.
De inmediato, sin percatarse que su micrófono estaba abierto, la diputada Taitelbaum ¡felicitó a su compañero diputado! Hoy ella asegura que solamente se limitó a reírse por el insulto. ¡Igualmente grave!, tan grave como haberle hecho la “mala seña” a un grupo de opositores a ella.
Dicen que quien siembra vientos, cosecha tempestades, esa es la razón de ser de la tormenta de protestas contra doña Ofelia, que como se habrán dado cuenta, se está extendiendo a todo el país y regresará como un tsunami mientras la señora Taitelbaum ocupe el puesto.
Episodio oscuro. Los pueblos que olvidan su historia, repiten los errores del pasado; por eso, doña Laura, no podemos “pasar la página” como usted pide para quedar bien con su jefa. Este es uno de los episodios más oscuros de la recurrente ruptura de la institucionalidad. No pida imposibles a un pueblo justamente indignado.
Y en cuanto al ruido, ¡qué acertado fue perturbar durante tan solo 5 días en horas de oficina a los funcionarios de la Defensoría! No se preocupe, desde el lunes suspendemos el sonido, pero mantenemos la protesta permanente y la alegre vigilia silenciosa de 6 a 9 de la noche.
Somos gente trabajadora y no podemos darnos el lujo de seguir de vacaciones o pidiendo permiso indefinidamente. Lo positivo es que, quizás, tras haber padecido del ruido, en la Defensoría comiencen a atender con toda celeridad las denuncias de contaminación sónica presentadas contra bares, discotecas, casinos, iglesias, perifoneo y hasta los pitazos que la ley de tránsito sanciona con multa de ¢150 mil. ¡Es cierto, son insoportables!
Lamentamos además constatar cómo doña Laura Chinchilla ya dio la primera muestra de lo que es “ir adelante” y cuando le tiran los hilos, da marcha atrás, defendiendo un nombramiento corrupto y llama a reconocerlo como legítimo ¿Cómo es que es?
Finalmente le pedimos a Laura Arguedas revisar un poco más la doctrina de Gandhi –él era muy humilde y no le gustaba le llamaran Mahatma- (Alma Grande).
Como nosotros, no era ningún pusilánime, por eso le recordamos: “Nadie está obligado a cooperar en su propia pérdida o en su propia esclavitud, la Desobediencia Civil es un derecho imprescriptible de todo ciudadano”.
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