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Costa Rica, Domingo 24 de enero de 2010

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entre líneas

Armando González R. | agonzalez@nacion.com

El tema de fondo

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La Defensora de los Habitantes criticó al Tribunal de Casación Penal por anular una sentencia condenatoria en un caso de violación. Como es usual, el Tribunal notificó el resultado y se reservó el tiempo necesario para redactar la resolución. Sin conocer las razones de los jueces, la Defensora se entregó a un arrebato de populismo demagógico y arremetió contra las garantías del proceso penal, ignorante de las circunstancias de su aplicación en el caso concreto.

El desconocimiento de la resolución no impidió a la Defensora fustigar a Casación por preferir “el garantismo del victimario en contra del proteccionismo de la víctima” (sic). Un editorial de La Nación señaló la ausencia de propuestas concretas, más allá de la crítica gratuita y populista.

La posición de la Defensora era indefendible. Criticó una resolución judicial cuyo contenido no había cobrado existencia. Entonces, echó mano a un recurso lamentable: faltó a la verdad afirmando que sus declaraciones no se referían al caso concreto. Fue fácil desmentirla. En una semana, la Defensora había pasado de decir que “…este caso particular es terrible” para sostener que sus apreciaciones no se referían “…a la aplicación del derecho en un caso particular”.

Sumida de nuevo en una posición indefendible, publicó el martes su última pirueta retórica. Venía titulada “Lo que sí es verdad desde las necesidades de las mujeres”. En el proceso de edición se le mejoró el título para darle sentido, pero el texto publicado conserva el insistente uso de la frase “lo que sí es verdad”.

Por ejemplo, la Defensora escribe: “Lo que sí es verdad es que los instrumentos actuales del derecho penal… en la atención de las mujeres, son insuficientes…” O sea, cuando se le sorprende faltando a la verdad, responde con lo que sí es verdad, pero en esto también hay una trampa.

Según ella, “lo que sí es verdad” es que el tema de fondo son los derechos de las mujeres y la nueva victimización de la ofendida cuando se le somete a las formalidades del proceso penal. No es cierto. El tema de fondo es la demostrada irresponsabilidad, desconocimiento del Estado de derecho e irrespeto a la verdad con que se condujo la Defensora.

Ninguna causa, por meritoria que sea, puede ser defendida así, en especial por una funcionaria sobre quien pesan dudas sobre su irregular elección y la desconcertante respuesta a quienes cuestionaron su independencia de criterio: “¿Qué cosa tan importante puede haber de controversia en la Defensoría como para que uno no pueda tener la independencia de pronunciarse?”

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