LN OPINIÓN

Costa Rica, Jueves 11 de febrero de 2010

/OPINIÓN

EDITORIAL

Sicariato adolescente

 El uso de menores de edad para cometer asesinatos es una perversión inaceptable

 Las acciones para combatir el mal no deben alejarse de valores fundamentales

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En su incesante búsqueda de recursos y portillos para realizar sus actividades, el crimen organizado ha comenzado a acudir a un recurso de extrema perversión y alarmantes consecuencias: la utilización de menores de edad para cometer asesinatos por encargo, en esa modalidad pandillera conocida como sicariato.

Un caso ocurrido recientemente, revelado por el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), se suma a otro previo, en lo que podría ser el comienzo de una tendencia que desafía no solo a nuestros cuerpos de seguridad, sino a las políticas preventivas y de inclusión social, así como a la legislación vigente en materia de justicia penal juvenil.

En el caso más reciente, el OIJ atribuye a dos menores, uno de 16 y otro de 17 años, residentes en la ciudadela León III, de Tibás, haber asesinado por encargo a cuatro personas, tres de ellas en esa comunidad, y la cuarta en El Cocal de Puntarenas.

Las mismas autoridades revelaron que, meses antes, otro joven de 16 años había matado a cuatro personas en diversos asaltos cometidos en barriadas del cantón de Goicoechea. Este no pareciera tratarse de un caso claro de sicariato, pero sí de extrema violencia y frialdad en las actuaciones delictivas de un menor.

Con toda razón, Jorge Rojas, director del OIJ, ha manifestado su preocupación, que compartimos. Más allá de esta justificada inquietud, sin embargo, la gran pregunta es qué hacer al respecto.

Las respuestas no son fáciles, y no se remiten al simplismo de considerar a los jóvenes como adultos. Si, en general, el combate del crimen dentro del indispensable marco del Estado de derecho es siempre una tarea compleja, esa dificultad crece cuando los autores son menores de edad.

Es una norma universalmente aceptada, al menos en los países realmente civilizados, como Costa Rica, que los menores de edad, por su inferior madurez y el imperativo de protección que el resto de la sociedad debe ejercer sobre ellos, no deben ser tratados como adultos ante los tribunales. Tal es la filosofía de nuestra Ley de Justicia Penal Juvenil.

Esto no implica, necesariamente, que no deban aumentarse las penas en ciertos rangos de edad y con respecto a ciertos casos. Lo que sí debería implicar es que cualquier cambio sea el producto de consideraciones serenas, debidamente justificadas por la experiencia, las técnicas policiales y la doctrina jurídica, y apegado a valores fundamentales que no debemos violentar; uno de ellos es el trato diferenciado a quienes son diferentes.

Por esto, sin descuidar la vertiente sancionatoria de los jóvenes, hay que trabajar en otras dimensiones del problema. Una es aumentar las sanciones a los adultos que hacen uso de ellos, porque no solo están actuando como autores intelectuales de los crímenes que se cometan; también están pervirtiendo y victimizando a los propios menores que se transforman en asesinos, con enormes costos para ellos, sus familias y la sociedad como un todo. La mejor forma de combatir el sicariato de los menores es persiguiendo con eficacia y rigor a los mayores y sus organizaciones criminales.

A lo anterior deben sumarse otros tipos de acciones; por ejemplo, entrenar mejor en sus técnicas de interrogatorio y valoración de las pruebas a los jueces encargados de aplicar la legislación penal juvenil; limitar las posibilidades de reducir el tiempo de cumplimiento de las penas, mientras, a la vez, se mejoran los programas de reinserción social en los centros penitenciarios para jóvenes; enfatizar las acciones policiales preventivas, y mejorar las oportunidades –de estudio, recreación e inserción laboral– que se ofrecen a los menores en riesgo.

Los casos revelados por el OIJ deben servirnos de advertencia y estímulo para la acción bien pensada, no para el pánico que conduzca a actuaciones simplistas. Y no debemos perder de vista que la tarea nunca resultará fácil. Razón de más para asumirla de inmediato y bien.

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