LN DEPORTES

Costa Rica, Lunes 22 de febrero de 2010

/DEPORTES

La columna de Barraza

http://wvw.nacion.com
TAMAÑO

Buenos Aires

En sus tiempos del Inter de Milán, después de haber batido todos los récords de indisciplina, el brasileño Adriano comenzó a llegar temprano al entrenamiento. Al principio, el utilero del club exclamó: “¡Vaya, qué cambiado está este tío!”. Lo que el hombre ignoraba era que el atleta de 105 kilogramos venía directamente desde la discoteca. Adriano simplificó: con el último trago, cerraba la disco y rumbeaba directo hacia Appiano Gentile. Llegaba una hora antes que todos. Lo delató su indisimulable resaca.

Técnicos, compañeros y dirigentes le taparon sus borracheras y deslices una vez, diez veces, hasta que el rumor se expandió. Preguntamos: el hincha del Inter, el sujeto cándido y crédulo que paga su entrada y acude al estadio con una bandera de apoyo (“Forza, Adriano, te queremos” o “Adriano, goles, goles, goles”), ¿no merece saber quién está enfundado en la camiseta azul y negra con el número 9…? ¿O divulgar tales indisciplinas es un sacrílego acto del periodismo contra la vida privada de Adriano…?

Cuando el atacante por el que pagaron una fortuna se arrastra por el campo y no puede hacerle un gol ni al arco iris, el público merece saber por qué. Caso contrario está siendo estafado por este individuo que, además, cobra un salario tan millonario que ese tifoso inocente no ganará en toda su vida ni trabajando 50 años.

El preludio viene a colación de la carta de un lector, quejándose por el artículo en el que se debate si John Terry debería seguir siendo o no el capitán de la selección inglesa. El artículo, firmado por este periodista, reseña el escándalo amoroso que derivó en el retiro de su capitanía.

Pregunta el lector: “¿Cuándo será el día en que los medios de comunicación deportivos se dediquen a publicar noticias deportivas y no a meterse en la vida privada de los deportistas? Al deportista se le debe medir y calificar por sus acciones deportivas y los logros obtenidos. Para eso es que lo contratan y mientras cumpla con eso, lo demás es de su vida privada. ¿Cuándo dejarán ese periodismo amarillista y chismoso que lo único que hace es daño? Que lástima, hasta dónde ha llegado el periodismo y en lo que se ha convertido tan noble y social profesión. También es cierto que ahora cualquiera es periodista”.

La referencia vale pues millones de personas piensan de modo similar. Y amerita respuesta. No se trata de invadir vidas privadas si no de reflejar comportamientos y actitudes que justamente pueden afectar lo deportivo. Y lo afectan. El mismo técnico lo vislumbró así, por eso le retiró el brazalete. Capello intervino de lleno en el asunto. Y no es periodista. El juez también entendió que esta noticia afectaba a la selección inglesa y, por ende, al público inglés, por lo cual autorizó su difusión. Y no es periodista.

Cuando un deportista falta a los entrenamientos porque se la pasa de juerga o llega borracho al camarín, su conducta le hace mal al equipo y esto es de interés de sus seguidores y de la afición en general. Si el periodista lo sabe, ¿por qué ocultarlo? Divulgándolo, defiende los intereses del propio público, está actuando en defensa de la actividad.

A quienes apreciamos el golf no nos interesa la vida que lleva Tiger Woods, pero ahora nos vinimos a enterar el por qué de sus malos resultados en los últimos dos años. El hombre se acostaba con hasta cuatro mujeres el mismo día. Tal conducta condicionaba su desempeño. No nos horrorizamos. Y puede seguir haciéndolo, desde luego; es su tema.

Al público inglés le asiste la prerrogativa de saber quién es el “Papá del año 2009”, “el capitán de Inglaterra”, pues así lo venden sus agentes y obtienen millonarios contratos. Si Terry se vende como “el Papá del año” y el “Gran capitán”, luego debe ajustarse a ello. “Armar” una imagen impecable y usar esas nominaciones solo para firmar jugosos contratos puede jugarle en contra, como ahora.

Cuando alguien es un personaje público y percibe más de 10 millones de euros anuales, combinados por su desempeño y por su cargo, queda expuesto al escrutinio del público. La prensa es los ojos del público.

Terry debió cuidar de su vida privada, no el periodismo. Si lo que él hacía era maravilloso para el equipo inglés, no necesitaba contratar a los abogados más sagaces y rapiñeros de Gran Bretaña ni pagarle un millón de dólares a su amante por el silencio. Por algo pagó fortunas para intentar tapar el escándalo.

La noticia sacudió a Inglaterra. No se aprueba ni se censura la conducta del jugador: se expone. Y se previene que puede socavar la armonía del plantel inglés de cara a una cita particularmente clave: los hinchas están convencidos que esta es la gran ocasión para volver a ser campeones mundiales, dado el potencial futbolístico del equipo.

Y esto puede derrumbar todas las ilusiones.

ADEMÁS EN DEPORTES
SERVICIOS En tu Celular En tu PDA Noticias por email RSS Fax Horóscopo Cartelera de cine
QUIENES SOMOS | GRUPO DE DIARIOS DE AMÉRICA | ESTADOS FINANCIEROS | ANÚNCIESE | TARIFARIO | TRABAJE EN LA NACIÓN
© 2009. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com
Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 2247-4747. Servicio al cliente: (506) 2247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 2247-5022. CONTÁCTENOS