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Costa Rica, Jueves 25 de febrero de 2010

/DEPORTES

La columna de Barraza

Retornos por conveniencia

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Buenos Aires

Cenábamos en Río de Janeiro, el pasado 1.° de diciembre, con el entonces vicepresidente de futbol del Fluminense, Ricardo Tenório. Flu jugaba al día siguiente con Liga de Quito la final de la Sudamericana. Hablaba maravillas de Darío Conca, un zurdito hábil que conquistó corazones y fue elegido Mejor Futbolista del campeonato brasileño 2009. Seremos curiosos, ¿cuánto gana Conca aquí?, preguntamos. “Ciento 70 mil reales, exactamente 100.000 dólares al mes”, respondió. Quedamos atónitos; Conca jugaba en Defensores de Belgrano, un cuadrito de barrio que a lo sumo le abonaría 3.000 pesos argentinos, ciento veinte veces menos. ¿Y Fred, el ídolo tricolor? “Fred cobra 200.000 dólares mensuales”. Casi nos atragantamos con una aceituna. ¡Dos millones 400 mil anuales…! En Brasil. Y en un equipo de mitad de tabla como es Flu.

Esa es, sin duda, la razón esencial que explica algunos retornos desde Europa de diversos futbolistas suramericanos a filas criollas: el dinero. ¿Que si ahora hay más recursos aquí que allá…? No, en absoluto. En el Viejo Continente todos los clubes pagan excelentes sumas. Y los 25 ó 30 miembros de un plantel gozan de contratos altísimos. Sin embargo, con lo que abona la televisión en Brasil o Argentina, aquí se le puede hacer un bonito contrato a una figura, acaso a dos. ¿Es una nueva tendencia que comienza a manifestarse…? Puede ser, aunque no será un hecho masivo.

Boca y River perciben, solo por derechos de televisación, 10 millones de dólares anuales; Independiente, Racing, San Lorenzo y Velez, 7. Luego están las taquillas, el marketing, las cuotas sociales (Boca, River e Independiente superan los 40.000 socios, que pagan entre 8 y 12 dólares mensuales), los contratos publicitarios. En Brasil los ingresos son incluso bastante superiores. San Pablo factura 60 millones de dólares anuales, para citar un ejemplo. Puede darse algún gusto.

Hay cómo pagarle a un Fred, centrodelantero que marcó un gol para la Verdeamarilla en el Mundial 2006, actuaba en el Olympique de Lyon. Cuando Fred comenzó a perder protagonismo y jugar salteado allá, apareció Fluminense en su vida. No quería volver, pero tampoco tenía más ofertas. Como no le quedó otra, aceptó el convite de Flu , aunque con una cláusula de que puede retornar a Europa en cualquier momento si aparece una oferta de $2,5 millones.

A Fred se suman los casos de Ronaldo, repatriado por Corinthians; Adriano, traído por Flamengo, y ahora el de Robinho, presentado insólitamente como “el hijo pródigo que vuelve a casa”. Pero no viene por amor al Santos. Lo hace porque era suplente en el Manchester City, y sin jugar peligraba su lugar en la selección brasileña para Sudáfrica.

Es tan viejo como la rueda: el jugador, cuando anda bien se quiere ir, no puede aguantar un minuto más; cuando anda mal pretende volver.

El tema Ronaldo es diferente. Una mezcla de veteranía, continuas lesiones, bajo rendimiento, gordura impresentable, altísima remuneración y mucha noche hicieron que saliera primero del Madrid y luego del Milan. No hay en Europa clubes dispuestos a pagar 10 millones de euros anuales a un futbolista de 105 kilos. Quedaba un solo verbo conjugable: volver. Y apareció Corinthians, que siempre tiene un sponsor dispuesto a solventar una novedad. Pero salió bien. O Fenómeno recuperó la sonrisa, rindió en el cuadro paulista, hizo goles, ganó la Copa Brasil y estamos todos esperando verlo brillar en la Libertadores.

Las consuetudinarias borracheras de Adriano, sus constantes faltas de disciplina, también su obesidad, lograron que el Inter de Milán le rescindiera el contrato.

Y Adriano recaló en Flamengo, su viejo club. Después de varias desapariciones en las favelas (reconoció que ese es su hábitat) comenzó a engranar y terminó fantástico: campeón brasileño y goleador del torneo con 19 tantos. También lo esperamos en alto nivel en la Copa.

Roberto Ayala, que en dos meses cumplirá 37 años, acaba de ser presentado en Racing como nueva estrella. No vuelve por amor a la patria. Después de 15 temporadas en Italia y España, acaba de quedar libre del Zaragoza en mitad del torneo y con el club peleando el descenso, no le llovían ofertas y aceptó los $650.000 que le puso la Academia por un año.

Juan Sebastian Verón es el único que volvió sin estar obligado por las circunstancias. En esplendor y con contrato con el Inter, prefirió el abrigo de los afectos en Estudiantes, su nido. Tanto que ya anunció que piensa ser, en breve, presidente del club.

La emigración sigue firme. No hay una corriente inversa. Vuelven los muy veteranos (Roberto Carlos), los problemáticos, los que no anduvieron, aquellos que ya no tienen dónde colocarse en Europa o bien quienes reciben una oferta desmesurada, como Riquelme (Boca le pagó $15 millones por cuatro temporadas).

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