Perfil de jugadores de la Selección Nacional

Luis Antonio Marín

Es difícil imaginar que uno de los zagueros que más partidos acumula con la Tricolor, fue en sus épocas de formación un volante goleador, al que el tiempo fue ubicando en la zona defensiva donde hoy se confirma como uno de los pilares de la Selección Nacional.

Luis Antonio Marín Murillo nació el 10 de agosto de 1974 en San José, en el hospital Calderón Guardia; disfrutó de su infancia en Concepción de Tres Ríos, en el hogar de sus padres, y ahora vive en Santa Bárbara de Heredia, junto a su esposa Elizabeth Chavarría y su pequeña, de año y 7 meses, María Paula.

Viene de una familia numerosa -ocho hermanos- y cuenta que aunque la imagen que proyecta es la de un hombre tímido, en realidad es una persona conversadora y bromista.

Le gusta escuchar música de todo tipo, pero al igual que muchos de sus compañeros de Selección, no es un asiduo bailarín, pues sus movimientos prefiere hacerlos en la cancha.

Luis, quien a sus 13 años fue tentado por el fútbol porque un compañero de clase jugaba en el mosco de Liga Deportiva Alajuelense, sucumbió al balompié y desde entonces ha pasado buena parte de su carrera -cerca de 8 años- en la institución manuda.

También probó suerte fuera de las fronteras, donde militó en la Universidad de San Carlos de Guatemala y en el River Plate de Uruguay en el año de 1999, para luego retornar al terruño, la casa alajuelense, donde ha saboreado las mieles del triunfo.

Su mayor anhelo, apunta con total convicción, es poder asistir a un Mundial de fútbol, para coronar con éxito todo el trabajo que se ha realizado en la Selección Nacional.

Hasta el momento, Marín ha estado presente en 61 partidos internacionales y es uno de los hombres más regulares en la formación defensiva del técnico Alexandre Guimaraes.

Y como lo que bien se aprende nunca se olvida, Luis Antonio no ha permitido que su posición de defensa lo aleje de las redes contrarias y en tres ocasiones ha conseguido anotar vistiendo la camiseta del equipo de todos.

En su tiempo de descanso aprovecha para disfrutar con su familia, observar partidos de baloncesto y tenis y, de vez en cuando, darse un gusto con un buen plato de pasta.

A sus 27 años, Marín tiene muy claro el camino que desea seguir y ese lo conduce, por supuesto, a la cita mundialista de Japón-Corea 2002.


© 2002. LA NACION S.A. El contenido de Nacion.com no puede ser reproducido, transmitido ni distribuido total oparcialmente sin la autorización previa y por escrito de La Nación S.A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com