Perfil de jugadores de la Selección Nacional

Rodrigo Cordero

Le dicen Rocky y le gusta, tanto así que ya casi no extraña el Rodrigo que heredó de su padre y que lleva con mucho orgullo.

Este es Rodrigo Cordero Solano, contención de la Selección Nacional, quien a sus 27 años trabaja arduamente para ayudar a la Tricolor a llegar a puerto seguro en la eliminatoria.

De palabra fácil y corte de cabello moderno, Rodrigo se confiesa un hombre hiperactivo, luchador y de fuertes convicciones, tanto en la cancha como fuera de ella. Quizá esta característica fue la que inspiró a un locutor de radio a bautizarlo como el Rocky.

El jugador rojiamarillo tiene en su haber 21 partidos clase A y un gol, que aunque es solitario, marcó el inicio positivo de la Selección en esta hexagonal, pues fue el tanto de Cordero el que representó el empate de Costa Rica frente a Honduras el pasado 28 de febrero (2 a 2).

Disfruta de las cosas sencillas, como salir con su grupo de amigos o con su novia, Gether Linkimer; jugar con su hija Mariana, de dos años y cinco meses; ver televisión, y comer pasta, eso mientras no tenga que no cocinarla él mismo.

Su primer contacto con el futbol, como tantos otros de sus compañeros, lo tuvo en el barrio, jugando mejengas en la calle.

La pasión por el balón luego lo hizo asiduo visitante del Estadio Nacional, donde juntaba bolas, hasta terminar en la escuela del Uruguay de Coronado y debutar en Primera División con la Liga Deportiva Alajuelense.

Su convocatoria a la Selección le llegó el año anterior durante un partido del Club Sport Herediano. No se enteró hasta que llegó a la casa, cuando la encontró llena de amigos y familiares felices con la noticia.

"Ese fue uno de mis mejores momentos en el futbol, nunca lo voy a olvidar, fue un paso hacia una meta importante que me impulsa a dar lo mejor de mí".

Aunque no se considera supersticioso y sí religioso, confiesa repetir varias acciones antes de cada partido con la selección: siempre carga agua bendita en un pequeño frasco, se coloca un esparadrapo en la muñeca izquierda y nunca, por ningún motivo, juega o sale de casa sin una pulsera de hule que le regaló su papá hace 8 años.

Otros detalles de la vida de este futbolista, y que lo definen como uno de los más inquietos y activos del grupo, son su afición por los deportes, practica natación y pasa horas jugando al pool, gasta bromas a sus amigos cada vez que puede; entre el grupo de seleccionados sus compañeros más cercanos son Léster Morgan, Erick Lonis; Jervis Drummond y Hernán Medford. Escucha música latina, aunque no baila, a menos que alguien se atreva a pedirle que lo haga.


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