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Edición 50

Luis Pacheco Bertora, el héroe castigado

Con motivo del sesquicentenario de la Campaña Nacional contra los filibusteros, Raíces presentará varias investigaciones histórico-genealógicas relacionadas con este hecho que marcó la historia del país y del resto de Centroamérica

Autor: Mauricio Meléndez Obando
Autor: Germán Bolaños Zamora

Este año (2006) se cumplieron 150 años de la Campaña Nacional contra los filibusteros, por esa razón, Raíces celebra su quincuagésima columna con un trabajo inédito que formó parte de una investigación auspiciada por la Dirección General de Cultura, del Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, donde Meléndez Obando trabajó en 1997 y donde aún lo hace Bolaños Zamora.

La investigación la realizaron ambos; los orígenes familiares estuvieron a cargo de Bolaños y Meléndez, y la mayoría de los documentos relativos a Luis Pacheco los recopiló Bolaños. Por otra parte, la redacción del texto es de Meléndez.

Sobre la familia Pacheco Valerino y Pacheco Sáenz, Meléndez ya ha publicado algunos datos en la genealogía ascendente de don Abel Pacheco de la Espriella, presidente de la República (1998-2002), quien es bisnieto de Jesús Pacheco Ugalde, a su vez primo hermano de Luis Pacheco Bertora, hijos, respectivamente, de Asunción Pacheco Sáenz (1803) y Luis Pacheco Sáenz (1806). Véase Raíces Nº45.

La Campaña Nacional representa un hecho histórico trascendental para la historia costarricense (y centroamericana en general), porque el pueblo, sin mayor experiencia militar, tomó las armas para defender el país de la invasión que lideraba William Walker.

En las diferentes batallas calleron soldados costarricenses de casi todas las familias del Valle Central y el resto del país; así, en todas las familias hay un héroe, representado después por la figura de Juan Santamaría (en nuestra próxima columna tendremos como articulista invitado a German Bolaños Zamora, quien ha investigado profundamente la genealogía de los Santamaría).

Por ejemplo, en el caso de mi familia, un hermano de mi tatarabuelo Pedro Meléndez Ocampo (1840-1909) llamado José de la Ascención Meléndez Ocampo (1830-1856) falleció en la Campaña Nacional y a su madre, Simona Ocampo Villalta (1802-1894) –mita Mona para sus hijos y nietos–, se le asignó una pensión que disfrutó el resto de su vida.

Así también, en otra rama de la familia Meléndez, Francisco Meléndez Madrigal (1813-1856) falleció en el campo de batalla; a su esposa, Concepción Castro Cascante, se le asignó pensión por esa misma razón. Francisco y Concepción fueron padres de Bernardo Meléndez Castro, bisabuelo del desaparecido historiador Carlos Meléndez Chaverri.

Por supuesto, la mayoría de las muertes de ese periodo se debieron a la peste del cólera, que mató, según cálculos de demógrafos e historiadores, al 10% de la población del país.

Igualmente, en la memoria familiar quedaron recuerdos de esta mortandad... Por ejemplo, en entrevistas con nietos de Víctor Bonilla (1814) y Gabriela Cubero (1835) –progenitores de mi tatarabuela Magdalena Bonilla Cubero–, recordaban que su abuelita Gabriela les contaba cómo enterraban en fosas comunes a decenas de personas de su barrio y las cubrían con cal...

O en la familia de mi abuela paterna, Rosalbina Jiménez Cordero, su bisabuelo paterno-materno, Rosario Barboza Ocampo (1801-1856), fue víctima del cólera en el barrio de Paso Ancho (cuyo nombre original fue el Paso Ancho del Río Tiribí), San José.

Así, cuando una persona investiga genealogías de ese periodo, se encontrará en su propia cepa el héroe familiar que fue a defender el suelo patrio o al abuelo que falleció en el Valle Central a consecuencia de la citada peste. En algunos casos familias enteras desaparecieron por esta enfermedad.

Para la próxima columna Raíces, también tendremos como invitado al genealogista Ramón Villegas Palma, quien nos ofrecerá un listado de los atenienses que perdieron la vida en aquella época y también sobre la familia Santamaría que trasladó su residencia a Atenas, Alajuela, pariente de Juan Santamaría.

 

Luis Pacheco Bertora

 

La personalidad de Luis Pacheco Bertora genera las más diversas posiciones, desde aquellos que lo consideran un héroe hasta quienes lo citan como un hombre meramente interesado en su persona y, por tanto, un frío calculador.

Sin embargo, a Luis Pacheco Bertora hay que tratar de comprenderlo desde un punto de vista integral y como un ser humano que así como llegó a la cúspide –con su acción del 11 de abril de 1856– también cayó en los niveles más bajos a que puede llegar un hombre.

Luis Pacheco Bertora
“Hija, en la escuela te han enseñado quién fue y qué hizo Juan Santamaría ¡Eso es mentira! Quien quemó el Mesón fui yo. El mechón (la tea) de Juan Santamaría fue la falda de mi camisa, la que yo empapé con canfín...” Luis Pacheco Bertora a su hija adoptiva, Eloisa Pacheco, cuando ella era niña.

En cierta medida, el olvido centenario de su acción heroica –rescatada por Carlos Meléndez Chaverri– fue un castigo que la sociedad misma impuso contra quien había violado a una niña de 10 años poco antes; sí, una niña y no una prostituta como algunos afirman ahora con la finalidad de obviar tal atrocidad.

Por otro lado, también el olvido se debe a que algunos piensan que se opaca con ello la figura del soldado Juan Santamaría, nuestro héroe nacional. Sobre este aspecto, afirmó Carlos Meléndez:

“Muchos han temido ­–con infundadas bases– aclarar la acción heorica del valiente (Pacheco), creyendo que con ello se demerita la del soldado Juan Santamaría. Los que así han pensado, lo han hecho amparados al desconocimiento de los hechos ocurridos en aquellos tan difíciles momentos, que no fueron luego suficientemente reseñados”.

Se intenta ahora dar a Pacheco Bertora una dimensión justa, que recoja su buena actuación, como fue la de cientos de costarricenses que lucharon contra los filibusteros, pero que sin minimizar sus errores.

 

Orígenes familiares

 

José Luis Pacheco Bertora fue bautizado en San José , el 9 de junio de 1832 y fue hijo de Luis María Pacheco Sáenz y Catarina Bertora Castro, quienes habían casado en la misma ciudad , el 5 de setiembre de 1831. Tuvo varios hermanos carnales que fallecieron en su infancia: José María (bautizado en San José , el 23 de junio de 1833), Custodio Fidal de Jesús (bautizado en San José , el 2 de octubre de 1834), Zoila Eloisa de las Mercedes (bautizada en San José , el 13 de setiembre de 1836). Por parte de padre, procede de familias mestizas cuyos origen remoto es difícil rastrear y también de familias descendientes de los primeros conquistadores españoles.

Por parte de madre, su abuelo era un comerciante italiano, natural de Albenga, Génova, y su abuela era josefina, descendiente de familias de antigua raigambre en la zona.

Por parte de madre, Luis Pacheco tuvo una medio hermana, pues Catalina contrajo segundas nupcias con Benito Navarro Idiarte, con quien casó Cartago, el 15 de mayo de 1846. Según Catalina, la única hija se llamó Josefina Navarro Bertora, pero solo se halló el bautizo de María Francisca Navarro Bertora en Cartago, el 9 de abril de 1847.

Benito fue bautizado en Cartago, el 23 de agosto de 1824 y fue hijo de José Manuel Navarro Picado y doña María Concepción Idiarte Medina.

Doña Catalina Bertora testó ante Anselmo Castro, alcalde primero constitucional de San José, a la 1 p.m. del 17 de febrero de 1876 . Según declara en su testamento, era mayor de 67 años y estaba gravemente enferma.

Dice que contrajo primeras nupcias con don Luis Pacheco , de cuyo matrimonio tuvieron un solo hijo (no declara los que murieron pequeños), y segundas con el señor Benito Navarro, con quien tuvo una hija llamada Josefina , soltera de 23 a 24 años.

Explica que cuando casó primera vez, su esposo no aportó ningún valor a este, pero ella introdujo entre 2.000 y 3.000 pesos. En cambio, cuando casó segunda vez ella no aportó nada de valor pues todo lo había gastado durante su primer matrimonio y durante su viudez. Por lo que no hubo de qué hacer inventario.

Solo a su hijo correspondieron 300 pesos que le había donado el finado presbítero don José María Esquivel (padrino de Luis), cuya cantidad había recibido su hijo cuando fue mayor de edad.

A la muerte de su segundo marido, quedó como tutriz y poseedora de la herencia que correspondió a Josefina, cuyos bienes aún tenía ella en su poder, con el beneplácito de su hija pues aunque mayor de edad aún vive a su lado.

Declara que lo que a ella correspondió de su segundo matrimonio (por gananciales y quinto), incluida la casa de habitación en la que vive, lo lega a su hija, Josefina “en remuneración de sus buenos servicios, de algunas alhajas de valor de propiedad de ella, de que yo he dispuesto y de otras varias cantidades que también he gastado de su propiedad, como son el valor de nueve años de cosechas de café de sus fincas, cuyo valor pasa de tres a cuatro mil pesos; y no teniendo otra cosa con qué remunerarle esa deuda, es qu ele lego mi casa con todas sus existencias como antes he dicho; y por consiguiente no queda valor alguno que pueda heredar por parte materna mi expresado hijo Luis, porque todo lo que podía quedarle lo he gastado en mis enfermedades”.

Nombra por albacea a don Francisco Morales, mayor de edad, artesano y vecino de San José.

El 8 de julio del mismo año, otorga un codicilo al testamento, esta vez otorgado ante Ramón Alvarado, alcalde segundo de la capital.

Lo primero que declara es:

“Deseando asegurar la subsistencia de su hija inhábil, señora Josefina Navarro, sin desnombrar su haber, ha resuelto: que los bienes que a su muerte le cupieran en herencia sean administrados por su hijo, don Luis Pacheco, en el cual tiene toda confianza, el cual los administrará en esta forma: con el haber de su dicha hija quiere que su hijo, don Luis Pacheco, compre una finca en las tierras llamadas ‘Cachí’, que le administre debiendo poner él el capital necesario para el cultivo de ella”.

Además, “quiere que con la utilidad que a su nominada hija corresponde deberá su hijo, don Luis Pacheco, atender a los gastos de su hija que es inhábil, tomando desde hoy a su cargo la mantención de ella, y en caso de que ella se mejorar o sea casada, siendo entonces necesaria la división de la sociedad, será esta valorada y uno u otro se pagará la parte que le toque sin derecho a vender a otro solamente la entrega de sus bienes lo efectuará don Luis Pacheco con arreglo a derecho”.

Añade que, siendo Luis Pacheco, el pariente más cercano de su hija, se le nombre tutor de ella.

A sus hermanas Antonia Bertora Castro y María Mora Castro deja 25 pesos a cada una, 5 pesos para misas por el sufragio de su alma y 100 pesos a su hija política Rosaura Aragón y, si alcanzase, deja 25 pesos a Victoria Dengo.

Para el 14 de setiembre de 1876, ya había fallecido doña Catalina pues se inicia su mortual.

El valor de los bienes ascendió a 2.785 pesos con 90 centavos. Entre otros bienes, un cafetal con una casita en el Ballestero de la ciudad de San José como de dos manazas o menos (lindaba al norte, calle en medio, con cafetal de don José Alvarado; sur, cafetal y cañal de don Lorenzo Salazar; al este, calle real del Ballestro en medio, y oeste, calle en medio, cafetal de don Joaquín Alvarado), una máquina de agua para coser (102 pesos), un espejo grande (8 pesos), unpieano (150 pesos), una carreta (20 pesos) y herramienta de florería con prensa (250 pesos).

Curiosamente, cuando se hace la partición, se dice que corresponde a cada hijo 932 pesos con 53 centavos, con lo que claramente se interpreta la voluntad de la testadora en el codicilo fue heredar a ambos hijos, aunque a nuestro parecer el codicilo no es suficientemente claro a este respecto.

En términos generales, Luis Pacheco Bertora era un costarricense promedio, resultado de la mezcla interétnica del español con el indio, principalmente. (Véase división sociorracial durante la Colonia en Anexo Nº1).

Familia paterna

 

Juan José Pacheco Valerino, consignado como mestizo, y Paula Sáenz Rojas, consignada como española [aunque tacharon el tratamiento de distinción doña], contrajeron matrimonio en la parroquia de Cartago, el 23 de abril de 1792; fueron apadrinados por don Vicente Frutos y doña Paula Marín; como testigos fungieron don José Bonilla y Manuel José Morales. Los casó Benito Bonilla.

Hijos de este matrimonio:

•María Josefa Joaquina Pacheco Sáenz (bautizada en Cartago, 26.1.1793) casó en Cartago, 24.9.1811, con el mulato blanco Leonardo Zavaleta (1773), hijo de Magdalena Zavaleta –mulata–, quienes habían sido esclavos de Da. Manuela Zavaleta Hoces . Estos fueron padres, entre otros, del cura Matías Zavaleta Pacheco, por décadas cura párroco de Desamparados, San José.

•José de Jesús Pacheco Sáenz (bautizado en Cartago, 19.2.1795). Emigró (según José María Figueroa Oreamuno).

•Rita Gertrudis Pacheco Sáenz (bautizada en Cartago, 23.5.1797) con descendencia natural y casada con Dn. Manuel Rivera.

•Josefa Joaquina Pacheco Sáenz (bautizada en Cartago, 10.6.1799) casó en Cartago primera vez, 15.6.1818, con Nicolás Ruiz Rivera, mestizo, hijo legítimo de Antonio de Jesús Ruiz y Ana Antonia Rivera; casó segunda vez con José de la Cruz Pacheco Morales (1808), hijo legítimo de Miguel Jerónimo Pacheco, mulato esclavo después liberto , y Da. Jacoba Morales Solís.

•José Nicolás Pacheco Sáenz (bautizado en Cartago, 3.9.1801). Emigró (según José María Figueroa)

•José de la Asunción Pacheco Sáenz (bautizado en Cartago, 15.8.1803) casó en Cartago, 15.1.1828, con Da. Clara Ugalde, hija natural de Dn. Isidro Oreamuno y Da. Fermina Ugalde . Antepasados el presidente don Abel Pacheco de la Espriella (1998-2002).

•José Luis Pacheco Sáenz (bautizado en Cartago, 25.8.1806) casó en San José, 5.9.1831, con Da. Catalina Bertora Castro, quien casó segunda vez en Cartago, 15.5.1846, con Benito Navarro Idiarte, hijo legítimo de José Manuel Navarro Picado, mestizo, y Da. Margarita de la Concepción Idiarte Medina.

 

Familia materna

 

La historiadora Rita Bariatti escribió sobre Mateo Bertora en la Revista Asogehi Nº1, Marzo de 1996, pp. 35 y 36:

“BERTORA, MATTEO. Nació en Albenga, en el “Reino de Génova”, en fecha desconocida, hijo de Santiago y Caterina, ambos de la misma localidad. En su tierra casó con Caterina Rusi, de quien enviudó a los tres años de matrimonio y sin descendientes. En 1783 se trasladó a la América española, donde sirvió en el Cuerpo de Artillería de Su Majestad. Licenciado de las armas, adquirió “principal” y se dedicó al comercio de “géneros de Castilla, alhajas de oro y plata labrada y acuñada”. En Costa Rica se estableció en San José, donde en 1808 dictó un primer testamento, y se dedicó al comercio y a la minería; casó con Francisca Jerónima Castro y sus hijos fueron: María Catarina, Antonia Josefa y Juan Mateo Bertora Castro. Don Matteo falleció en San José, en julio de 1821.”

Mateo Bertora y doña Francisca Jerónima Castro Valverde casaron en San José, el 12 de noviembre de 1810 y fueron padres de:

•María Catalina de Jesús Bertora Castro (bautizada en San José, 7.4.1808), hija habida antes del matrimonio; murió infanta.

•María Catalina de Jesús Bertora Castro (bautizada en San José, 18.12.1811) casó primera vez con Luis Pacheco Sáenz y segunda vez con Benito Navarro Idiarte.

•Antonia Cescencia de Jesús Bertora Castro (bautizada en San José, 15.6.1814), murió infanta.

•Antonia Josefa de las Mercedes Bertora Castro (bautizada en San José, 9.9.1815) casó con Benito Dengo Alarcón, hijo legítimo del Ayud. Mr. Dn. Juan Manuel Dengo (de Asturias) y Da. Antonia Alarcón (de Andalucía).

•Juan Mateo Bertora Castro (bautizado en San José, 21.8.1817), sin más referencias.

•Mateo Bertora Castro (bautizado en San José, 2.10.1819), murió infante.

 

Sobre el origen familiar de los Bertora, Meléndez Chaverri afirma:

“De acuerdo con la tradición familiar, los Bertora vinieron de Nicaragua. Es posible que esta versión sea cierta, no sólo por el lugar de origen de la información. Doña Catalina Bertora, madre de don Luis Pacheco, se crió desde pequeña en casa del presbítero don José María Esquivel, por haber quedado huérfana muy joven. Este presbítero Esquivel, como es sabido, realizó sus estudios eclesiásticos y se ordenó en León de Nicaragua, por lo que parece confirmarse la procedencia que señala la tradición.”

Luis Pacheco Bertora quedó huérfano de padre cuando era niño y su madre casó segunda vez en Cartago, en 1846, con Benito Navarro Idiarte, hijo legítimo de José Manuel Navarro Picado y Da. María Concepción Idiarte Medina. Catalina y Benito fueron padre de una niña, María Francisca, bautizada en Cartago, el 9 de abril de 1847. Se ignora si ella –medio hermana de Pacheco Bertora– llegó a adulta.

Por otro lado, el parentesco de Benito Navarro con Ana Cleta Arnesto de Troya de que habla don Carlos Meléndez en su trabajo procedía de Da. Dionisia Alvarado, abuela materna de Benito y bisabuela paterna materna de Ana Cleta.

 

Datos biográficos

 

Luis Pacheco Bertora nació en San José y fue bautizado el 9 de junio de 1832; sus padrinos fueron el presbítero José María Esquivel y la señorita Josefa López.

El padre de Pacheco Bertora murió joven y, entonces, su madre se trasladó a vivir a Cartago, donde casó en segundas nupcias. Luis pasó a vivir a casa de su tío paterno Asunción Pacheco, quien se hizo cargo de su crianza.

En Cartago, Luis recibió sus primeras lecciones de escritura y lectura.

El 12 de mayo de 1851 , Luis Pacheco se presenta ante el Juzgado de Primera Instancia Civil de San José, para solicitar que se le nombre por curador a Dn. José Antonio Angulo y que se pidan las cuentas de su tutela por 300 pesos (más intereses) a Benito Dengo, artista, quien era su tío político. La solicitud es atendida por el juez Julián Volio, quien le da curso.

Luego Dengo presenta las cuentas –las que aprueba Angulo– y declara deber solo el principal, de 300 pesos, y 5 pesos de réditos pues le había pagado los correspondientes hasta enero de 1851.

Como dice Meléndez Chaverri, Luis Pacheco debe haber ingresado a la milicia muy joven, ya en 1855, cuando tenía 23 años, era sargeto primero de la Cuarta Compañía del Primer Batallón del Primer Regimiento de la Plaza de San José.

 

La violación

 

En setiembre de 1855 , fue acusado por la violación de la niña Guadalupe Tenorio (o Soto), de 10 años y nueve meses –hija de Baltasara Tenorio, por lo que se levantó una sumaria militar.

Los hechos habían ocurrido el domingo 23 de setiembre, por la tarde, cuando Guadalupe había ido de visita a casa de su tía Felipa Tenorio y su prima Vicenta Tenorio –hija de Felipa–­. Su prima Vicenta la había pedido que le fuera a dejar el almuerzo al sargento Pacheco, en el Cuartel, a lo que ella inicialmente se negó; sin embargo, ante la insistencia de su prima lo hizo.

Cuando llegó a la cuadra de los sargentos y luego de engañarla, Pacheco la convenció de quedarse. Luego de decirle a la niña que “a él le habían contado que ella sabía hacer con los hombres”, él le ofreció “una cuarta de oro” si iba “a hacer con él”. Entonces, Guadalupe tomó los trastos y se disponía a salir del cuarto cuando Pacheco la agarró de un brazó, cerró la puerta y la tiró en una cama donde, luego de taparle la boca con un pañuelo, “hizo de ella lo que quiso”.

Cuando se habían levantado de la cama y ella se amarraba las enaguas entró a la habitación el soldado Miguel Ballestero, a quien echó apresuradamente Pacheco.

La niña sangraba profusamente y lloraba, entonces Pacheco le pidió que no se lo dijera a nadie “que le iba a comprar camisas de gasa y naguas de savasa azul”.

Ella inialmente le dijo a su madre que se había caído de un guayabo, pero como continuó sangrando y se desmayó le contó todo lo ocurrido.

El médico Francisco Ellendor confirmó que la pequeña había sido violada y que tardaría 8 días en recuperarse.

Inicialmente, Pacheco Bertora niega haber violado a Guadalupe. Sin embargo, las declaraciones de los testigos, peso a no ser presenciales, son contundentes: los soldados Miguel y Mercedes Ballestero, los sargentos Manuel Aguilar y Mercedes Astúa, y Felipa Tenorio declaran actuaciones sospechosas de Pacheco que lo inculpan en la comisión del delito.

Por otro lado, luego de que el Sarg. Mr. Venancio Coronado, el Cap. José Antonio Ramírez y el Ten. José Ana Herrera se excusan para defender a Pacheco este pide nombrar al Subten. Camilo Esquivel, quien acepta.

Luego se carea a Pacheco con todos los testigos y cada una mantiene su declaración.

Antes de ir a Consejo de Guerra se pide intentar recuperar el pañuelo y camisa ensangrentados como pruebas , pero estos ya habían sido lavados (5 de octubre). Asimismo, el médico Cruz Alvarado confirma el dictamen del Dr. Ellendor.

El 9 de octubre del mismo año, el Consejo de Guerra halla culpable a Luis Pacheco Bertora por el delito de estupro en la niña Guadalupe Tenorio y lo condena a “ser pasado por las armas”, de acuerdo con la legislación militar.

Ante el Consejo de Guerra, integrado por el Sarg. Mr. Federico Machet, Cap. Sotero Rodríguez, Cap. Jesús Vega, Cap. José Antonio Angulo, Cap. Joaquín Fernández y Ayud. Julián Arias, Pacheco Bertora reconoce haber tenido “coito” con la jovencita Guadalupe, pero que había sido “por convenio de los dos”.

No obstante, el castigo impuesto no podía llevarse a cabo porque la pena de muerte había sido derogada constitucionalmente, con excepción de “homicidio premeditado y seguro y atentado contra el orden público, de cuya ejecución resulte la muerte de alguno o algunos individuos”.

Entonces, la pena es modificada y se le imponen 2 años de presidio –con un descuento de la tercera parte– y una multa de 50 pesos que debía dar a Guadalupe en calidad de dote para cuando ella contrajera matrimonio.

Sin embargo, la Corte Marcial no podía hacer tal cambio sino la Suprema Corte de Justicia, por tanto la Corte Marcial da la condena inicial de pasar por las armas a Pacheco.

Cuando el caso llega a la Corte Suprema, José Herrera, prosecretario, dictamina que efectivamente –el 30 de noviembre– no se puede ejecutar la pena de muerte pues la Constitución está por encima de las ordenanzas militares por lo que el equivalente a la pena de muerte son 10 años de presidio sin posibilidad de reducción salvo el tiempo ya pasado en la cárcel y no se habla de la indemnización a la víctima.

No obstante, para el 7 de diciembre, según consta en el expediente, la sentencia de la Suprema Corte de Justicia había sido conmutada por el Gobierno, por lo que Pacheco no estuvo mucho tiempo en la cárcel.

 

La Campaña Nacional

 

En 1856, se presenta la posibilidad de reivindicarse ante la sociedad y parte presuroso a luchar contra el filibustero, primero en la batalla de Santa Rosa y luego en la de Rivas. También prestó un servicio notable en la campaña del Tránsito.

De su participación en la batalla de Rivas y en la campaña del Tránsito queda constancia en varios expedientes.

Sobre la participación de Pacheco en la campaña del Tránsito, en 1857 , el señor George F. Cauty, coronel y comandante del río San Juan, hace un informe años después desde Londres a Pedro Pérez Zeledón, quien era cónsul en Inglaterra.

“En Contestación de sus preguntas relativo a la parte activa que tomó un amigo suyo, el capitán Pacheco, en la defensa del río San Juan de Nicaragua durante la invasión de aquel río por los filibusteros tengo el gusto de informarle que en aquella época me recuerdo de aquel oficial quien me fue mandado por el general Mora a mi asistencia y alivio con algún tropa y víveres cuando me hallaba sitiado en el Castillo Viejo, en aquel río.

“El capitán Pacheco asistió en la defensa de aquel fortaleza y contribuyó a la defensa del mismo.

“Pocos días después, él asistió mucho en ejecutar un plan que había concebido yo para destruir a uno o más de los vapores de que se servían el enemigo y escogí al capitán Pacheco para un importante y peligroso deber lo que fue de bajar al río San Juan hasta dos estaciones de corta-legnias (corta-leñas), en los raudales de Machuca y de colocar varios trozos de legnia cargados de pólvora entre los demás que se usaba para alimentar los fogones de los vapores, de manera que tarde o temprano fueran usados a bordo, con el objeto de reventar en las calderas.

“El capitán Pacheco cumplió exactamente con mis intrucciones, y abandonando su canoa, volviendo a pie por la montaña, con la asistencia de un compás que le había dado, enseñándole el rumbo que toman y se juntó otra vez conmigo en el Castillo.

“Pocos días después me vino noticia de abajo del río que se había volado el vapor enemigo con la mayor parte de los filibusteros a bordo.

“Inmediatamente alisté otro vapor, el Morgan, que tenía listo con víveres arriba del raudal y tomando la mitad de la guarnición salió río abajo a perseguirles y concluir si fuese posible el asunto. No me acuerdo si en esa ocasión tomé conmigo al capitán Pacheco pero creo que sí.

“El rsultado fue eso que los filibusteros halládose sin armas y sin víveres se rindieron todos a condiciones que yo en virtud de una proclama que había emitido el Presidente de Costa Rica, don Juan Rafael Mora, les mandáramos de vuelta a los EE.UU. de América. Eso pudo efectuar con la asistencia del comodoro Erskino, quien fue en mando de una flota de 6 buques de guerra inglesa.

“El embarco en dos fragatas como 400 hombres llevando la mitad a New York y los otros a Nueva Orleans.

“Yo me quedé después algunos meses en la bahía Grey Twon, adonde embarqueé otros 800 filibusteros para las mismas destinaciones que me habían sido mandados de Rivas y Granada, sitiadas entonces por las fuerzas unidas de las cinco repúblicas de C.A.

“No me acuerdo si el capitán me acompañó abajo, pero creo que no, teniendo licencia de mí para volver al interior para curarse de una grave enfermedad que había contraído.

“Agrego con gusto que durante los meses que pasó conmigo se portó muy bien como oficial en sus deberes y siempre listo a cualquier urgencia y fue escogido por mí para cualquier cosas que necesitaba más que el juicio y valor ordinario.”

En julio de 1889 , Luis Pacheco Bertora pide que se levante una información para comprobar que él había participado en la batalla de Rivas, donde había sido herido gravemente.

Los testigos José Obando Calderón, mayor de 60 años; Juan Manuel Madriz Mayorga, mayor de 60 años, Juan Calvo Bejarano, mayor de 60 años, y José María Oreamuno Oreamuno, mayor de 60 años, confirman que Pacheco había resultado herido en el batalla de Rivas. Así lo confirma también Demetrio Iglesias en una misiva.

Luego, el mismo mes, un grupo considerable de vecinos piden que el coronel Luis Pacheco Bertora sea nombrado general.

En octubre de 1891, se inicia una información ad perpetuam de las acciones de Luis Pacheco contra los filibusteros, en particular su acción del 11 de abril del 56.

El primero en pedir que se levante tal información es Nicolás Oreamuno, quien entre otras cosas dice:

“Consta de la relación de un soldado que militó en aquella acción de guerra y de la información levantada para certificar la proeza de Juan Santamaría, que don Luis Pacheco, vecino de esta ciudad (Cartago), fue el primero en incendiar el Mesón de Rivas.”

Y añade: “Este incidente sobre el cual ha pasado con indiferente ligereza es conocido de varios soldados viejos cuyo testimonio debe recogerse antes de que con ellos llegue al sepulcro ya cercano y se haga imposible la comprobación de un hecho con el cual selló sus ameritados combates don Luis Pacheco que, después de resistir las balas enemigas, las pestes y los climas, tiene derecho de esperar algo más que la silenciosa indiferencia con que se ha oído mencionar su nombre asociado a nuestras glorias militares del 56.”

El primer testigo fue Ramón Montoya Cedeño, de 61 años, declara:

“Que estando el declarante herido en la mañana del once de abril de mil ochocientos cincuenta y seis, recostado junto a la pared de una casa en la plaza de Rivas, esquina opuesta al Mesón, en donde se hallaban los filibusteros, presenció que don Luis Pacheco se aproximó al expresado Mesón y pegó fuego a la pared del lado sur que era de madera, que el declarante vio el fuego, pero no sabe si se apagara o no.”

Venancio Láscarez Venegas, mayor de 70 años, afirma:

“Que el declarante no vio cuando don Luis Pacheco fue herido, pero que si lo vio herido en el hospital y allí oyó decir a algunos de sus compañeros que don Luis Pacheco había recibido cinco balazos y le había dado fuego al Mesón.”

Luego Remigio Garro Echavarría, de 54 años, dice:

“Que le consta por haberlo oído decir pues (otro dial del) digo, al siguiente día el declarante se dirigió al hospital militar acompañado de Nicolás Ruiz, ya finado, y allí encontró a don Luis Pacheco herido, y oyó decir que don Luis había sido uno de los que habían incediado el Mesón.”

El testigo Cecilio Meoño Fernández, de 62 años, no puede decir nada de la quema del Mesón pues no presenció los hechos.

Luego de que se presenta también la relación de mister George F. Cauty, transcrita anteriormente, el diputado José Astúa Aguilar presenta –en mayo de 1894– al Congreso Constitucional un proyecto de ley para nombrar general a Pacheco y entregarle una medalla de oro.

Sin embargo, el diputado Astúa Aguilar retira el proyecto al día siguiente de haberlo presentado.

Luego, Pacheco Bertora pide una copia de las declaraciones de los soldados veteranos.

¿Acaso habrá sido retirado el proyecto luego de que el diputado haya investigado a Pacheco y haya encontrado el expediente de la violación? Es posible.

Es evidente que Luis Pacheco fue el primero –con un gesto heroico– en intentar quemar el Mesón, pero no tuvo éxito. A diferencia de Juan Santamaría, quien logró la meta. Sin embargo, en la mente de Pacheco quedó grabado el recuerdo de haber prendido fuego al Mesón, pese que al caer inconsciente no podía saber lo que ocurrió más tarde.

En todo caso, cada uno de los costarricenses y demás centroamericanos que tomaron parte en la guerra contra los filibusteros es un héroe digno de exaltar y homenajear, aunque hoy esté en el anonimato total.

Fue amigo personal del dictador Tomás Guardia Gutiérrez e incluso viajó como su edecán en uno de los viajes que hizo el general a Europa.

En 1880 fue nombrado gobernador de Cartago y en 1882 recibió el título de coronel de las Milicias Nacionales.

En el Archivo Nacional constan infinidad de documentos relativos a una de las actividades más exitosas que tuvo: los bienes raíces.

Luis Pacheco Bertora murió en Cartago, a las 5:15 p.m. del 9 de abril de 1897 y fue sepultado en el Cementerio General de esa ciudad.

 

La historia de boca de Pacheco

 

Carlos Meléndez Chaverri, en el artículo citado, narra la historia que Pacheco Bertora contó infinidad de veces a su hija adoptiva, Eloisa Pacheco.

En 1954, doña Eloisa le contó a Meléndez Chaverri la historia:

“Vive aún en la vieja metrópoli de Cartago, una de las últimas personas que escuchó, de boca del mismo protagonista, la historia que en seguida paso a referir. Es ella doña Eloisa Pacheco, quien el día 22 de noviembre de 1954 me contó, con todo entusiasmo, el relato que de niña había escuchado.

“—Hija— le decía don Luis Pacheco a la pequeña Eloisa, al sentarla en su regazo— en la escuela te han enseñado quién fue y qué hizo Juan Santamaría ¡Eso es mentira! Quien quemó el Mesón fui yo. El mechón (la tea) de Juan Santamaría fue la falda de mi camisa, la que yo empapé con canfín...

“Y al comenzar así a narrar su historia, la faz de don Luis cobraba nueva vida al recordar el suceso de sus años mozos. Luego le invadía un extraño sentimiento depresivo, al verse ignorado en esa acción, mientras que a Santamaría se le levantaba un monumento en Alajuela, y los escritores y poetas le consagraban sus mayores elogios.

“Aclaremos algunos conceptos, antes de adentrarnos en las reminiscencias que hacía don Luis sobre el incendio del Mesón.

“Sabido es que el acontecimiento que mencionamos tuvo lugar en la ciudad de Rivas, en Nicaragua, el 11 de abril de 1856. En esa fecha los filibusteros, recobrándose de la batalla de Santa Rosa, sorprendieron al ejército costarricense allí acuartelado, pretendiendo con este asalto dar un golpe de gracia. Pasada la primera sorperesa, los filibusteros se posesionaron de algunas casas, en las que hallaron refugio y desde las que hacían blanco certero sobre nuestros inexpertos soldados. La batalla fue larga; duró todo el día, desde las ocho de la mañana, hasta horas de la madrugada del siguiente 12 de abril.

“Uno de los edificios desde donde causaba mayores estragos el enemigo era la amplia casona llamada el Mesón, propiedad del señor Francisco Guerra. Hacia ella los soldados de Costa Rica dirigían sus fuegos con mayor intensidad, con justo motivo, ya que era allí en donde se concentraba el mayor número de atacantes.

“Volvamos ahora al relato que con tanto interés escuchábamos en Cartago.

“En momentos tan difíciles como eran esos —recordaba doña Eloisa— fue cuando don Luis consideró necesario desalojar del Mesón a los filibusteros y con ese propósito se despojó de su camisa y con ella hizo una tea.

“A pecho descubierto atravesó la calle y se acercó a la pared del Mesón, para resguardarse así del fuego enemigo. Con la improvisada tea prendió fuego a una de las esquinas del Mesón, y luego de hacerlo caminó, amparado siempre a la pared del edificio, hasta la otra esquina, con el propósito de realizar en ella proeza similar. Más al intentar repetir la hazaña, resultó gravemente herido y cayó al suelo sin poder hacer lo que tenía planeado. Caído como estaba, permaneció inconsciente con la tea en la mano y, Santamaría —que debió haber estado próximo al lugar— en forma arriesgada se acercó al herido y le quitó de sus manos la antorcha improvisada, la que aplicó de inmediato a uno de los ángulos del Mesón. El fue comenzó a desarrolarse, pero a consecuencia de los continuos disparos del enemigo, Santamaría cayó también malherido. Allí, en esos escasos segundos, Santamaría le despojó de la gloria que correspondía al militar Pacheco —al menos así lo creía don Luis—.

“Tal es la historia que recuerda haber oído en su infancia la señora Pacheco, relatado con todo sentimiento y honda emoción, por un hombre que ya en el ocaso de su vida se dolía de lo que podría llamarse un olvido de la Patria.”

 

Vida familiar

 

Luis Pacheco Bertora contrajo matrimonio dos veces, la primera de ellas en Alajuela, el 2 de junio de 1860, con Abelina Arce Pérez, hija legítima de Felipe Arce y María Pérez; la segunda, en Cartago, el 16 de abril de 1871, con Rosaura Aragón Quesada, hija legítima de Jesús María Aragón (Abrego), descendiente de esclavos, y Regina Quesada Araya.

No tuvo descendencia con ninguna de sus esposas aunque adoptó una niña, Eloisa, según declara en su testamento.

Eloisa fue hija natural de Juana Molina Méndez (hija legítima de Diego Molina y María Méndez), y nació el 25 de abril de 1885. Fue bautizada en Cartago, el 27 del mismo mes y año.

Los descendientes de Eloisa aseguran que su antepasada, en realidad, era hija natural de Pacheco Bertora; sin embargo, este en ningún documento la reconoce como tal, más bien en 1889 cuando se siente profundamente agradecido por la petición que hace un grupo de vecinos de Cartago para que lo nombren general dice :

“Este escrito lo concervo para cordarme siempre lo que debo a las perzonas que lo firmaron.

No importa el resultado que tenga pero una manifestación tan expontanea no debo olvidarla nunca y siento hoy no tener hijos para recomendarles la gratitud que debemos a los firmantes de este escrito.”

Si efectivamente fue hija de Pacheco, habría sido lo que se llamaba “hija adulterina” pues él estaba casado con la Aragón al momento de la concepción de Juana.

 

Ascendencia de sus esposas

 

Ambas esposas son la síntesis de la mezcla que se inició en el periodo colonial pues tienen sangre española, indígena y africana.

En el caso de Abelina Eufrasia de los Dolores, quien nació en Cartago, el 13 de marzo de 1841, era hija legítima de Felipe de Jesús Arce Brenes, quien descendía de mestizos y mulatos vecinos de Cartago, y de María Ramona Pérez Camacho, descendiente de mestizos y españoles (algunos de ellos, de los primeros conquistadores y colonizadores hispanos de Costa Rica –entre otros Juan Vázquez de Coronado y Gaspar de Chinchilla).

En el caso de Rudecinda Rosaura de Jesús Aragón Quesada, quien fue bautizada en Cartago, el 1º de marzo de 1842, era hija legítima de Jesús María Aragón (o Abrego), mulato, descendiente del panameño Antonio José de Abrego Bobadilla —esclavo de Da. Florentina de Aragón, esposa del gobernador Juan Fernández de Bobadilla—, y Regina Quesada Araya, descendiente de familias mestizas y españolas —entre estas últimas de los Mier Ceballos González del Camino y los García de Argueta Fallas de la Vega—.

 

 

Algunas partidas sacrametales

 

Partida de bautismo de José Luis Pacheco Bertora

(Libro de Bautizos de San José Nº13, f. 507, a. 355)

 

“En la ciudad de San José, a nueve de junio de mil ochocientos

treinta y dos, yo fray Mariano Ximenes, teniente de cu-

ra, hise los exosrcismos y baptisé solemnemente, puse oleo y

chrisma a José Luis, hijo lexitimo de los ciudadanos Luis

Pacheco y Catalina Bertora: Abuelos paternos

los ciudadanos Juan Pacheco y Paula Zaens: mater-

nos los ciudadanos Mateo Bertora y Geronima Castro: fu-

eron sus padrinos el ciudadano presbítero beneficiado José María

Esquivel y la señorita Josefa Lopes, a la que ad-

vertí su obligación y parentesco espiritual, y para que

conste lo firmo.

fray Mariano Ximenez [rubricado]”

Al margen: José Luis, lexitimo. Registrada para matrimonio.

 

Partida bautismal de Abelina Arce, 1ª esposa de Pacheco

 

“En la ciudad de Cartago en veinte i sie-

te de marso de mil ochocientos cuarenta i uno

yo el beneficiado presbítero señor Tomás Prieto de lisencia par-

rochi, hise los exorsismos y puse oleo i crisma

i bautise solemnemente a Abelina Eufracia de

los Dolores que nació el dia trese, hija legítima de

Felipe Arse y María Peres. Abuelos paternos: Jesus Arse

i Antonia Brenes. Maternos: Joaquin Peres i

la señora Benita Camacho, fue su padrino el señor Adri-

ano Bonilla, a quien adverti su obligacion

i parentesco espiritual, i lo firmo

Rafael del Carmen Calvo [rubricado]”

Al margen: Abelina Eufracia de los Dolores Arse, legitima, ciudad. Registrada para matrimonio en Alajuela.

 

Partida matrimonial de Luis Pacheco y Abelina Arce

(Libro de Matrimonios de Cartago Nº15, f. 154, a. 291)

“[En Alajuela] A dos de junio de mil ochocien-

tos sesenta. Habiendo dispensa-

do las tres proclamas preve-

nidas por el Santo Concilio

de Trento, yo el presbítero Manuel

Ugalde, con licencia de vica-

rio desposé y velé in facie eclesie a Luis,

hijo legítimo de Don Luis Pacheco finado y Doña

Catarina Bertora, con Adelina,

hija legítima de D. Felipe Arce y Da. María

Peres, fueron testigos Jose Maria

Flores y D. Martin Blanco.

Manuel Ugalde [rubricado]”

 

Partida matrimonial de Luis Pacheco y Rosaura Aragón

 

“En la ciudad de Cartago a dies y seis de Abril

de mil ochocientos setenta y uno, yo el presbítero Pe-

dro Quesda: previa la información de libertad

de estado: dispensadas por el ilustrísimo y reverendísimo señor

Obispo, las tres moniciones prevenidas por el San-

to Concilio de Trento, y no habiendo impedimento

alguno canónico, ex licentia parochi, desposé y

velé in facie eccletia á Don Luis Pacheco, viudo de

la finada Adelina Arcia, con la señora doña Rosau-

ra, hija legítima del finado Don Jesus Aragon y Doña Regina

Quesada: fueron testigos Don Manuel Aragon y Don

Felis Ortiz y lo firmo

Anselmo Sancho [rubricado]

Pedro Quesada [rubricado]”

Al margen: D. Luis Pacheco con Da. Rosaura Aragon.

 

Partida de bautizo de Eloisa, hija adoptiva de Luis Pacheco

“En la ciudad de Cartago, a veintisiete de Abril de mil ochocientos

ochenta y cinco. Yo el presbítero Eduardo Pereira, cura y vicario for-

raneo [sic] de esta parroquia bautisé solemnemente a Toribia Ramona Eoliza, que nació antier, hija natural de Juana Molina: abuelos maternos: Diego Molina y María Mendes; fue su madrina Rosaura

Aragón, a quien advertí su obligacion y parentesco espiritual.

Eduardo Pereira [rubricado]”

 

Notas

(1) Archivo Histórico Arquidiocesano Bernardo Augusto Thiel (ABAT en adelante). Libro de Bautizos de San José Nº13, f. 407, a. 355. José Luis fue consignado como hijo legítimo de Luis Pacheco y Catalina Bertora; abuelos paternos: Juan Pacheco y Paula Sáenz; abuelos maternos: Mateo Bertora y Jerónima Castro. Padrino: Pbro.: José María Esquivel. Bautizado por fray Mariano Jiménez.

(2) ABAT. Libro de Matrimonios de San José Nº7, f. 132, a. 078. Padrinos: Don George Estiper -sic- (Stiepel) y Da. Francisca Otoya. Testigos: Anastasio y Félix Castro. Presbítero: Juan Rafael Reyes.

(3) ABAT. Libro de Bautizos de San José Nº14, f. 93, a. 421. Padrinos: Pbro. José María Esquivel y Francisca Otoya. Bautizado por el cura Nicolás Bonilla. Consignado como hijo legítimo de Luis Pacheco y Catarina Bertora; abuelos paternos: Juan José Pacheco y Paula Sáenz; maternos: Mateo Bertora y Jerónima Castro.

(4) ABAT. Libro de Bautizos de San José Nº 14, f. 220, a. 732. Padrinos: Pbro. José Julián Blanco y Francisca Otoya. Consignado como hijo legítimo de Luis María Pacheco y Catarina Bertora; abuelos paternos: Juan José Pacheco y Paula Sáenz; maternos: Mateo Bertora y Jerónima Castro.

(5) ABAT. Libro de Bautizos de San José Nº15, f. 186, a. 648. Madrina: Francisca Otoya de Stiepel. Consignada como hija legítima de Luis Pacecho y Carina (sic) Bertora; abuelos paternos: Juan José Pacheco y Paula Sáenz; maternos: Mateo Bertora y Jerónima Castro. Presbítero: José Antonio Castro.

(6) ANCR. Mortual Independiente de Cartago N°505. Mortual de Catalina Bertora Castro.

(7) Firmaba claramente Luis Pacheco, rubricado.

(8) Firmaba con letra muy clara Josefina Navarro, rubricado.

(9) ABAT. Libro de Matrimonios de Cartago N°10, f. 062, a. 074. Juan Jph, hijo legítimo de Juan Pacheco y Juana Antonia Valerín, mestizos, con [doña, tachado] María Paula Sáenz, hija legítima de Dn. Juan Sáenz y Da. Magdalena Guzmán, difuntos.

(10) Véase breve historia de los Zavaleta en Negros y blancos, todo mezclado, de Tatiana Lobo y Mauricio Meléndez. EUCR. 1997. p. 139.

(11) Tuvo un hijo “natural”: Sebastián de Jesús, bautizado en Cartago, 25.2.1819.

(12) Según cita don Carlos Meléndez.

(13) Sobre Miguel Pacheco puede verse el artículo “Los últimos esclavos de Costa Rica”, de Mauricio Meléndez, publicado en Revista de Historia Nº39.

(14) La escritora Yolanda Oreamuno Unger (1916-1956) fue bisnieta de Dn. Asunción y Da. Clara.

(15) Francisca Jerónima (bautizada en San José, 20.9.1779) fue hija legítima de Dn. Antonio Castro Rojas y Da. María Francisca Valverde Umaña; hijos, respectivamente, del Cap. Pedro Norberto Castro y María del Rosario Rojas; y Sebastián Valverde y Da. Juana de Umaña. Francisca Jerónima había casado primera vez en San José, 4.12.1798, con José de la Cruz Mora; contrajo segundas nupcias en San José, 11.8.1808, con José Angel Vargas (hijo de Juana Vargas); y casó tercera vez con Bertora, en San José, 12.11.1810.

(16) ANCR. San José, Juzgado Civil Nº986. 1851.

(17) ANCR. Guerra. Exp. Nº 4994. 1855.

(18) Con el pañuelo la niña había intentado detener la hemorragia y con la camisa Pacheco la había limpiado el piso donde había caído sangre de la pequeña.

(19) ANCR. Congreso. Nº3682.

(20) ANCR. Congreso Nº3682.

(21) El nombre completo fue Toribia Ramona Eloisa y su madrina de bautizo fue Rosaura Aragón, esposa de Luis Pacheco.

(22) ANCR. Congreso Nº3682.

 

ANEXO Nº1

 

Rastros indígenas y negros

 

En las raíces de los costarricenes hallaremos rastros indígenas y negros porque el tico ha sido básicamente el resultado de la mezcla del español, el indio y el negro. Incluso muchos de los que hoy tienen sus cabellos rubios y sus ojos azules tienen un genotipo (conjunto de factores hereditarios contenidos en los cromosomas de una persona) cargado de características propias de los indios y negros. Cabe para ellos el refrán que dice que “las apariencias engañan”.

Sin embargo, las raíces indígenas y negras, en muchos casos, se diluyen en el tiempo hasta perderse por completo en el lejano pasado colonial.

Cuando se menciona las raíces negras de los costarricenses se debe aclarar que hay dos, los antecesores negros que trajeron los españoles y criollos durante la colonia (esclavos) y los negros de Limón que ingresaron al país a finales del siglo pasado y cuya mezcla con la gente del resto del país está en proceso.

Igualmente, en la reconstrucción del mapa genealógico todo costarricense hallará que, antes de 1950, era costumbre general el matrimonio entre parientes (endogamia), por lo que un mismo antepasado aparecerá dos o más veces en el árbol. Cuanto mayor sea el grado de matrimonios consanguíneos de una familia, mayor cantidad de antepasados se repetirán en el árbol y mayores probabilidades habrá de que ciertas enfermedades hereditarias se presenten. Por ejemplo, la mayoría de los desamparadeños repiten antepasados (en algunos casos hasta doce veces o más) Mora, Monge, Fallas, Chacón, Ureña y Castro, entre otros.

 

La clasificación de las personas en Costa Rica durante la Colonia

 

Españoles: Peninsulares o criollos; los primeros eran los procedentes de España y los segundos, los hijos de españoles o sus descendientes que habían nacido en América. Recibían, frecuentemente, el tratamiento distintivo de don o doña.

Indios: Los aborígenes americanos; llamados indios o naturales.

Negros: Los individuos africanos traídos en calidad de esclavos. Algunos eran liberados posteriormente.

Mestizos: Aquellos individuos de padre español y madre indígena (o viceversa –estos casos eran menos frecuentes–). Posteriormente, en el siglo XVIII, fue empleado para clasificar a todas aquellas personas que tenían algún antepasado indígena, no necesariamente alguno de sus progenitores. E incluso se llegó a utilizar para personas que tuvieran algún antepasado africano remoto.

Mulatos: Aquellas personas de padre español y madre negra (o viceversa –estos casos eran menos frecuentes–). Posteriormente, en el siglo XVIII, fue empleado para clasificar a todas aquellas personas que tenían algún antepasado africano no muy remoto, no necesariamente alguno de sus progenitores.

Pardos: Originalmente hacía referencia a un color particular; luego, se empleó prácticamente como sinónimo de mulato. Siempre implicaba presencia de sangre africana y podía incluir a quienes tenían algo de sangre indígena. También se empleó para designar a los vecinos de la Puebla de los Pardos.

Zambos: Aquellos individuos de padre negro y madre india (o viceversa). Posteriormente, en el siglo XVIII, se clasificó así a aquellas personas que tenían antepasados indígenas y africanos, no necesariamente sus padres.

Tercerón: Aquel individuo hijo de español y una mulata o viceversa.

Cuarterón: Aquel individuo hijo de español y una tercerona o viceversa.

Quinterón: Aquel individuo hijo de español y una cuarterona o viceversa.

Sexterón: Aquel individuo hijo de español y una cuarterona o viceversa. Las personas de esta casta eran clasificadas como mestizas.

Nota: En otras partes de América, sobre todo en las principales ciudades (México y Quito, por ejemplo), se emplearon infinidad de términos más para clasificar a toda la gama de tipos producidos por las relaciones interétnicas: castizos, moriscos, albinos, torna-atrás o salta-atrás, sambayos, cambujos, albarazados, barcinos, coyotes, chinos, ahí te estás, tente en el aire, no te entiendo, etc.

Por otra parte, el hecho de que miembros de una misma familia, hermanos carnales muchas veces fueron catalogados en bautizos y matrimonios como mestizos, mulatos o españoles, indica que estos núcleos familiares eran el resultado de la mezcla que dio origen a nuestra gente entre los españoles, los indígenas y los negros esclavos traídos por los hispanos.

Glosario

Familias estudiadas

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