La Nación Digital. Columna Raíces

Edición 10

El Día de las Culturas y las raíces de los costarricenses

Cubero

Mauricio Meléndez Obando
Universidad de Costa Rica

En Costa Rica, como en muchas partes de América Latina, cuando se habla del origen de una familia, la gente se remite, sistemáticamente, a España, y olvidan el origen pluriétnico de nuestro pueblo. La razón de ese "olvido" tiene su fundamento principal en el racismo que se proyectaba (todavía) en América contra el indígena y el negro (y sus descendientes), quienes fueron colocados en la base de la pirámide social durante la Colonia, en calidad de esclavos, el primero de hecho y el segundo de derecho.

Por eso resultó sencillo, para muchísimas familias americanas, borrar de su memoria la parte de su origen que consideraron oscura, indeseable, y exaltaron aquella que las vinculaba con Europa.

En Costa Rica el olvido de estas raíces pluriétnicas ha sido sistemático, promovido por una historiografía oficial y una genealogía hispanocentrista que soslayan el origen diverso de nuestra gente y promueven el mito de la identidad "diferente" de los costarricenses respecto del resto de Centroamérica -especialmente-, abstrayendo al país de la realidad latinoamericana, cual isla solitaria.

Cristóbal Martín Cubero, natural de Segovia (España), fue regidor y depositario general de Costa Rica, adonde llegó a fines del siglo XVII. Casó con Catalina González del Camino, quien pertenecía a una de las familias más poderosas de la provincia y fueron padres de un solo hijo, el presbítero Manuel Francisco Martínez Cubero (1700-1749), quien además fue un activo comerciante y esclavista.

Pero ninguno de los Cubero de Costa Rica desciende de él (por lo menos no se ha encontrado prueba documental de ello), la gran mayoría tiene sus orígenes en los esclavos de don Cristóbal y doña Catalina, que fueron nombrados con ese apellido.

Sin embargo, no se puede escribir sobre las familias de los esclavos sin citar las actividades del amo, quien regía sus destinos.

Cristóbal Martín Cubero murió en Cartago, en noviembre de 1707, había testado el 8 de noviembre del mismo año. Entre los bienes que dejó se citan los siguientes esclavos: Tomás (mulato), Felipe (negro de casta congo), Diego (negro de casta congo), José (negro de casta yaga), Miguel (negro criollo), Mónica (mulata), María (mulata), Cayetana (mulata), Antonia (mulata) y Victoria (negra bozal de casta popó). El valor total de los bienes del depositario ascendió a 9.197 pesos, de los cuales 2.385 pesos correspondían al valor de los esclavos (es decir, un 25,9 por ciento). La carta dotal de la viuda (de agosto de 1699) hacía constar que Cubero recibió de sus suegros 6.059 pesos (entre los bienes: Mónica -mulata- y su María -mulata- y Gil -mulato oficial de sastre- valorados los tres en 1.400 pesos); además, él se comprometió a entregar 2.000 pesos en arras, con lo que el valor de la carta dotal llegó a 8.059 pesos, los cuales recuperó Catalina cuando murió Cubero.


Miguel Angel Rodríguez Echeverría, presidente de la República (1998- ), es descendiente de la mulata Mónica Cubero, esclava de Cristóbal Martín Cubero y Catalina González del Camino.

A diferencia de sus medio hermanos, hijos de su madre y el capitán José de Mier Ceballos, el cura Manuel Francisco Martínez Cubero fue un comerciante exitoso; cuando murió en 1749 el valor de sus bienes ascendió a 8.997 pesos de plata y 4 reales, de los cuales se dedujeron 2.349 pesos, 6 reales y medio (por sus deudas), por lo que el caudal líquido fue de 6.647 pesos, 5 reales y medio; tales cifras quedan claras después de que las autoridades logran establecer a lo largo de 882 folios de su mortual todos los negocios del padre Cubero. Como el cura declaró heredera a su propia "alma", el dinero se tendría que dedicar a misas y otros oficios religiosos, en beneficio del "espíritu" del sacerdote.

Asimismo, el padre Cubero había adquirido más esclavos, Luis (negro), Miguel Antonio (negro), Antonia Josefa (negra), Santiago Antonio (negro) y Jerónimo (comprado en Nicaragua y secuestrado por los zambos mosquitos), que se sumaron a los esclavos que había heredado de su madre (José, Benito, Pablo, Vicente y Gabriel).

Manuel Francisco, quien fue consultor del Santo Oficio de la Inquisición y comisionado y subdelegado de la Santa Cruzada, fue dueño de varias haciendas de cacaotales, un hato de ganado vacuno en Chomes y gran cantidad de cuadros, muebles y alhajas, entre otros bienes.

De todos los esclavos citados de esta familia es posible que haya descendencia; sin embargo, solo seguimos el rastro de cuatro de ellos, quienes dieron origen a miles de familias costarricenses: José y Victoria (africanos), Tomás (mulato) y Mónica (mulata).

Aunque la suerte de la descendencia de estos tres troncos fue diferente, su origen fue el mismo: simple mercancía humana a la que correspondía trabajar mientras sus amos gozaban de los privilegios que les daba su casta.

Doña Catalina González del Camino casó segunda vez, en 1709, con el capitán José de Mier Ceballos, natural de España, quien desempeñó, entre otros cargos públicos, el de teniente de gobernador de la provincia. A sus manos pasaron los bienes de su mujer, como era la costumbre, entre ellos los esclavos, con que Catalina había recuperado la dote.


Vicente Aguilar Cubero, vicepresidente de la República a mediados del siglo pasado, fue consignado como mulato en su partida bautismal y era bisnieto de Mónica Cubero, mulata esclava.

Los esclavos recibían diferentes valores según su edad, color, aspecto y sus "propiedades" (habilidades).

Los esclavos más caros eran los negros recién traídos de Africa. Felipe, negro de casta congo, fue valorado, en 1707, en 400 pesos, mientras que Tomás Cubero, mulato de la misma edad que Felipe, fue valorado el mismo año en 300 pesos (25 por ciento menos que el negro).

Esta variación de precios responde -como explica Lowell Gudmundson- a que los negros recién traídos, que conocían muy poco o nada del idioma y de la cultura del dueño, estaban atemorizados y eran más dóciles, mientras que los mulatos y negros criollos eran considerados demasiado conocedores de las formas de ser ibéricas como para ser fácilmente disciplinados.

Asimismo, los "defectos" reducían considerablemente el precio de un esclavo: el negro Diego, de la misma edad y casta que Felipe, fue valorado en el citado año en 125 pesos, por estar lisiado de pies y manos; una depreciación del 68,75 por ciento. No había diferencia -salvo algunas ocasiones- entre el valor de una negra y un negro africano: Victoria, de casta popó, de la misma edad que Felipe, fue valorada en el mismo precio que este.

Todavía a finales del siglo XVIII, las características que determinaban el precio de un esclavo no habían variado, Pedro Salguero, mulato blanco esclavo de Miguel Alfaro, pide, en 1787, que lo "justiprecien" en su "legítimo precio" (su amo lo valoró en 350 pesos, los cuales el esclavo consideraba excesivos), el que corresponde a "su edad, color y propiedades". Salguero asegura que "en esta provincia no se ha visto vender esclavo, aunque sea negro fino, ni de renta sus habilidades, por la expresada cantidad (350 pesos)..." Finalmente, las autoridades lo valoran según "la edad, color aspecto y propiedades" en 250 pesos, 28,57 por ciento menos. (Puede leerse esta historia en "Pedro Salguero quiere que lo vendan más barato").

Los esclavos solían resultar lesionados durante las penosas travesías desde Africa a América, durante la realización de los duros trabajos a que eran sometidos o por castigos corporales de sus amos; en la familia Cubero hubo siete esclavos con alguna lesión o padecimiento: Juana, "principiada de la gota coral (epilepsia)"; Benito, "lisiado de una pierna y con nubes en los ojos"; Pablo, "lisiado de los brazos"; Rita, "quebrada de la garganta"; Diego, "lisiado de pies y manos"; Antonia Josefa, "lisiada del pescuezo", y María, "enferma de achaques habituales".

La evolución de las familias esclavas presenta sus diferencias.

La historia de José y Victoria es la de millones de seres humanos (alrededor de 20) que fueron sacados violentamente de sus hogares en Africa para ser transportados a América; es la historia de los millones de africanos (aproximadamente 10) que sobrevivieron a las prolongadas travesías en condiciones infrahumanas.

Es la historia de cientos de africanos que llegaron a Costa Rica para realizar las duras tareas del campo o las labores domésticas que los "señores" y "señoras" no "debían" hacer.

Los descendientes de los negros José y Victoria estuvieron marcados por su fenotipo durante mucho tiempo, por lo menos dos siglos, durante los que se dedicaron, inicialmente, a las labores agrícolas en las plantaciones cacaoteras del valle de Matina o de las haciendas ganaderas del Valle Central, como esclavos primero y luego como peones (esto en el caso de los varones), o a las labores domésticas, como esclavas primero, y luego como sirvientas (los casos de madres solteras -como se les dice actualmente- abundaron en este sector). Luego a mediados del siglo pasado se encuentran algunos de sus descendientes como artesanos, cuya situación socioeconómica mejora paulatinamente; sin embargo, el acceso a mejores posiciones sociales se da tardíamente, a partir de mediados de este siglo. (Véase cuadro genealógico Descendencia parcial de José y Victoria Cubero).


Antonio (Toño) Obando Zúñiga (1900-1963), descendiente de José y Victoria Cubero -nacidos en Africa durante la última cuarta parte del siglo XVII-, casó en San José, en 1925, con Angela Vega Quirós (1905). Abuelos maternos de Mauricio Meléndez Obando, encargado de la columna Raíces.

Los descendientes del mulato Tomás se integran rápidamente con otros grupos de mulatos libres o mestizos (excepcionalmente se ligaron a esclavos) quienes en busca de mejores condiciones emigran hacia zonas del norte de Cartago, entre otras, donde están representados por miles de agricultores de la región.


Dora Obando Vega (1928) es hija de Antonio Obando Zúñiga y Angela Vega Quirós. En la foto, en 1949. Dora es madre de Mauricio Meléndez.




















Entre los descendientes de Mónica Cubero hubo quienes permanecieron en el estatuto de esclavos durante toda su vida o no fueron liberados hasta mediados del siglo XVIII. En esta familia se pueden encontrar agricultores de Cartago y otro sector que prosperó hasta ligarse con familias poderosas socioeconómicamente, con amplia participación política durante la Colonia y después de 1821, hasta nuestros días: Miguel Angel Rodríguez Echeverría -actual presidente de la República-, Vicente Aguilar Cubero -vicepresidente de la República-, Francisco Aguilar Barquero -presidente de la República-, Germán Serrano Pinto -vicepresidente de la República-, Fernando Herrero Acosta -exministro- y Ramón Aguilar Facio -exdiputado y empresario-, son representantes de este sector. (Véase cuadros genealógicos Ascendencia africana de Miguel Angel Rodríguez Echeverría y Ascendencia africana de Vicente Aguilar Cubero).


Germán Serrano Pinto, exvicepresidente de la República, es descendiente de Mónica Cubero, mulata esclava.

Finalmente, para conocer la suerte que corrieron todas estas personas esclavizadas arbitrariamente por un sistema, es fundamental el estudio de quienes disfrutaron de los beneficios del trabajo esclavo: los amos, las familias esclavistas, cuya prosperidad o ruina dependía en buena parte de la eficiencia de sus criados (negros o indios) y no del esfuerzo personal o los "méritos" de los dueños, a nuestros ojos tan cuestionables.

Temas de esta edición:

Presencia de Africa en las familias costarricenses

Columnista invitado Lowell Gudmundson nos ofrece: Los mulatos y las naciones en Centroamérica


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