La Nación Digital. Columna Raíces. Esclavitud

Edición 5

La esclavitud

Mauricio Meléndez Obando

La esclavitud merece un título aparte, sobre todo por la subvaloración que se ha hecho de este sistema productivo.

Por ejemplo, en el Caribe, la esclavitud tuvo primordial importancia en las plantaciones de caña de azúcar; en Estados Unidos, en las plantaciones de algodón; en Costa Rica, su principal desarrollo corre paralelamente al surgimiento de la plantación cacaotera en el siglo XVII.

Asimismo, aunque la esclavitud en Centroamérica no tuvo la intensidad que se dio en las grandes plantaciones caribeñas o norteamericanas, sí representó el sistema por medio del cual la elite obtuvo parte de los excedentes monetarios que le sirvieron para salir adelante durante el período.

Casi siempre, el comercio esclavista en Centroamérica ha sido minimizado, por eso su desarrollo e impacto en la economía colonial esperan ser desentrañados.

Uno de los mitos más consolidados de la historiografía tradicional y de la mentalidad popular en los países centroamericanos se refiere a la ausencia de negros en nuestros países, salvo en las zonas costeras caribeñas.

Aunque el número de negros durante el periodo colonial fue proporcionalmente menor que en otras regiones, su presencia y la huella que dejaron en nuestros pueblos son indiscutibles.

Por ejemplo, de todos los países centroamericanos, Costa Rica ha sido en el que más se ha reflejado el enorme complejo latinoamericano de bastardía del que habla Leopoldo Zea. "Conflicto del hombre que lleva en su sangre y cultura al dominador y al bastardo. Bastardía que le viene al americano, no solo por la sangre, sino también por la cultura, o simplemente por haber nacido en América y no en Europa. (...) Complejo de bastardía expreso en el afán inútil por ser distinto de lo que es; por ser otro, renunciando a lo que es por sí mismo. Viendo lo propio como inferior a aquello que le es extraño y del que solo se considera eco y sombra."

Y es que se ha rechazado el mestizaje porque -como asegura Zea- se considera que este no es más que la combinación de lo superior con lo inferior y por esto mismo, inferior. Cuando finalmente se acepta la existencia de la mezcla no se hace asuntivamente, sino como un elemento curioso, casi "folclórico".

Debido al racismo contra los negros, resultado de la experiencia esclavista colonial y fomentada en otros periodos posteriores, uno de los aspectos menos estudiados de la esclavitud en Centroamérica ha sido el proceso de mestizaje y la integración de los negros traídos durante la Colonia con el resto de la población.

En la mayoría de las ciudades del istmo, los descendientes libres de africanos y los llamados mestizos bajos fueron segregados -oficialmente- del resto de la población. Hubo barrios de pardos en Cartago, León y Granada, entre otras ciudades.

Asimismo, la población esclava durante la Colonia fue predominantemente mulata. Salvo algunos periodos de auge en el contrabando esclavista ilegal, la mayoría de las personas esclavizadas era el resultado de las relaciones interraciales entre negros, españoles e indios.

Ahora bien, no se puede pensar que el proceso de mezcla tenga su origen en las relaciones consensuales entre amo y esclava (encomendero e india), sino más bien en la violación del amo (o cualquier allegado de la familia esclavista o encomendera), ni tampoco que el mestizaje haya sido el proyecto español de colonización, como algunos idealistas afirman ahora.

Todo lo contrario, como dice Zea: "Nada querrán saber, los portadores de la cultura occidental, de mestizajes, de la asimilación de unos hombres y sus culturas con otros. El mestizaje es solo combinación de lo superior con lo inferior, y por ello mismo, inferior. Mestizar es reducir, contaminar. Por ello, culturas supuestamente inferiores, como las que esta colonización encuentra en Norteamérica, serán simplemente barridas y sus hombres exterminados o acorralados. Y lo que no puede ser barrido, por su volumen y densidad, como en la América, Asia y Africa, será simplemente puesto abajo, en un lugar que imposibilite contaminación o asimilación alguna."

Los criterios originalmente rígidos en la clasificación de la población por castas se fueron relajando en todo el istmo durante todo la época colonial, conforme el proceso de mestizaje se acrecentó. Precisamente, a fines del siglo XVIII, los criterios de las autoridades civiles y eclesiásticas para la distribución de la población según su casta se fundamentó en el conocimiento que estas tuvieran sobre los antepasados de las personas o en su apariencia física, cuando este era el caso la clasificación podía resultar antojadiza.

Así, individuos blancos podían recibir las categorías de mestizos o mulatos si tenían un antepasado indígena o negro -respectivamente- reconocible, o si la autoridad percibía rasgos indígenas o negroides en el individuo. En los registros de bautizos, la clasificación de la criatura podía depender de lo que manifestaran los padrinos, quienes eran los encargados, a menudo, de llevarla a la pila bautismal.

El proceso de mestizaje de los tres grupos étnicos fundamentales produjo casos confusos. Por esta razón, encontramos hijos de un mismo matrimonio consignados indistintamente como mestizos, mulatos o españoles, lo que demuestra el proceso de mezcla.

Tal parece que en algunos casos, cuando la presencia de la raíz africana era reducida, las personas recibían el trato de mestizos.

El proceso de blanqueamiento o integración al resto de la población, que paulatinamente borró muchos rasgos negroides de los habitantes de Centroamérica, ha sido fundamental en la extensión de la idea de que el negro estuvo ausente en el istmo y del olvido de nuestros antepasados africanos.

Además de la mezcla interracial, el negro esclavo era forzado a insertarse en la nueva cultura a la que había sido implantado, lo que generaba, entonces, el proceso de asimilación cultural.

Parafraseando a René Depestre, la esclavitud despersonalizó al hombre africano deportado a América, con el que se pretendía únicamente generar riquezas materiales.

Depestre explica: "El hombre negro se convirtió así en hombre-carbón, en hombre-combustible, en hombre-nada. Este proceso de cosificación inherente al trabajo servil entrañaba otro que le era complementario: la asimilación cultural del colonizado".

El proceso de asimilación cultural varió de una región a otra; así, en zonas del Pacífico nicaragüense y de Guanacaste, en Costa Rica, hallamos claramente la huella africana en la música y la cultura culinaria.

En Honduras y Panamá, todavía se puede apreciar la presencia africana en distintas regiones, donde su música y cultura dejó huellas imborrables.

En el Valle Central de Costa Rica, la población de origen africano fue asimilada hasta hacer desaparecer -casi totalmente- los rasgos negroides en la población, pese a que hay algunos elementos culturales de origen Africano.

Cosa similar pasó en Guatemala, donde fue asimilada por las poblaciones mestizas, indígenas y españolas.

En El Salvador, su huella se diluyó en la sangre mayoritariamente indígena.

Este mismo proceso de asimilación (genético y cultural), borró paulatinamente de la memoria colectiva de los esclavos, y sobre todo sus descendientes, su origen africano, que evidentemente los hacía ser menos en el orden social en que se vieron obligados a vivir.

En algunas regiones del istmo, el proceso de mestizaje forzado y acelerado, la relativa escasez de población negra, su heterogeneidad (venían esclavos de diferentes partes de Africa, con lenguas y culturas distintas), su aislamiento y su integración con otros sectores (españoles pobres, mulatos, mestizos y zambos) impidió el desarrollo de un grupo segregado con características particularmente diferenciadoras, en el Valle Central.

Lamentablemente, uno de los legados de la experiencia esclavista colonial en el istmo fue el racismo (que llega a nuestros días), con el que los españoles (y europeos en general) se garantizaron el dominio sobre los otros: indios, negros y sus descendientes mestizos.

No obstante, para un estudio profundo del mestizaje en la Centroamérica colonial hace falta una investigación global e integradora que confronte los datos de las autoridades civiles (censos, por ejemplo) con los datos de las autoridades religiosas (registros sacramentales), lo que finalmente dará una visión más amplia y exacta sobre este fenómeno.

Claro está, algunas ciudades no permiten un estudio como el propuesto, pues sus registros sacramentales o civiles han desaparecido para siempre, como se verá más adelante.

Tal proceso de mestizaje continuó hasta nuestros días, cuando se puede afirmar que se ha llegado a la gran síntesis étnica que comenzó con la llegada de los españoles a América.

Asimismo, miles de inmigrantes que han llegado a nuestros países en los últimos 150 años (jamaiquinos, italianos, chinos, españoles, alemanes, estadounidenses y judíos, entre otros) están dando su contribución étnico-cultural a nuestros pueblos.

Antes de finalizar este apartado, es importante destacar que el origen de los distintos mitos en los países centroamericanos sobre su gente y el proceso de mestizaje comenzó durante la Colonia misma pues aquellas familias que tenían raíces indias o negras se esmeraban por ocultarlas, no siempre exitosamente, para destacar su ascendencia española; estas salían a la luz pública en algún pleito judicial (conservados en varios de nuestros archivos nacionales).

Herederos de esta concepción, la mayoría de los genealogistas centroamericanos (latinoamericanos en general) han investigado los antepasados de origen europeo de las familias, obviando el origen mestizo de nuestro pueblo, hablando y escribiendo de "malas razas" en los mismos términos que se hizo durante la colonia.

Infinidad de familias que llevan hoy apellidos españoles tienen su origen en indios o negros, quienes, por supuesto, en tiempos remotos no tenían un sistema de identificación o nominación como el español. Asimismo, es posible que los antepasados de tales familias no hayan tenido ninguna relación consanguínea con el fundador español o criollo portador de ese apellido.

Después de decenas de documentos y literatura complementaria y una buena dosis de empatía, pude vislumbrar todo el dolor y sufrimiento de muchos antepasados de los centroamericanos, olvidados o convertidos en una cifra estadística por muchos historiógrafos y otros estudiosos del pasado.

Las vidas de los indígenas, de los esclavos y los descendientes de ambos llegan a nosotros -como dice la escritora chileno-costarricense Tatiana Lobo- desde muy lejos, desteñidas por el lenguaje protocolario de los notarios.

En muchos casos, los mitos han producido pueblos ignorantes de sus orígenes mestizos, que practica a menudo el racismo heredado del régimen colonial de múltiples formas, quizá la más común por medio de chistes sobre los indios y los negros.

Algunos podrán preguntarse sobre la utilidad que puede tener la investigación sobre los orígenes de los centroamericanos, sobre todo en momentos de gran presión mundial a homogeneizar el género humano, a eliminar las diferencias que caracterizan cada pueblo y a convertir el planeta en un gran y único mercado de bienes y servicios.

Precisamente para contrarrestar esa tendencia estandarizadora de la humanidad, es fundamental el rescate de las identidades de los pueblos, de sus historias; esas historias nunca antes contadas, aquellas que muchos historiadores han preferido callar para alimentar -no en vano- los mitos.

En Arqueología y Lenguaje: la cuestión de los orígenes indoeuropeos, Colin Renfrew hace una afirmación que considero plenamente válida: "Habrá sin duda quien se pregunte si todo esto sirve para algo o importa lo más mínimo ¿Qué nos importa `lo que cantaban las sirenas'? O, como sintetizó una vez el doctor Johnson: `No siento ninguna curiosidad por saber cuán extraños y desmañados fueron los hombres en los albores de las artes o en su declive'. Pero muchos de nosotros opinamos de distinto modo. Nos damos perfecta cuenta de que nuestra identidad, o al menos nuestro sentido de ella, radica en nuestro propio pasado. Somos lo que el devenir ha hecho de nosotros. Para comprender esto, y sus procesos, necesitamos saber también, o al menos empezar a comprender, lo que fuimos y de dónde vinimos".

Y a pesar de que la afirmación de Renfrew se refiere a los orígenes de los indoeuropeos (hace miles de años), esta sirve igualmente para nuestro caso.

Los centroamericanos no podrán tener una conciencia identitaria más auténtica, hasta que conozcan su pasado y lo asuman plenamente como integrantes del conjunto latinoamericano, cuyo origen común se remite a una historia de usurpación, violación, dolor y de amplia capacidad sincrética.

Se deben dejar atrás los nacionalismos chovinistas, promovidos, sobre todo, en las últimas décadas.

Edición 5

Mestizaje

Esclavitud

Cómo realizar una genealogía

Fuentes para la investigación en Centroamérica

Inventarios sacramentales


Glosario

Ediciones anteriores


Este material tiene derechos reservados ©y no debe ser reproducido sin el permiso explícito del Diario o del servicio en línea. La Nación Edición Electrónica es un servicio de La Nación, S.A. 1999 ¨. Para mayor información, escriba a webmaster@nacion.co.cr