La Nación Digital. Columna Raíces

Edición 19

Las raíces indígenas de los ticos

La familia Rojas

Catalina Tuia, india de Curridabat: antepasada de los costarricenses

  • Hoy sus descendientes están en todos los estratos sociales y en todo el territorio nacional

    Mauricio Meléndez Obando

    Muchos románticos e idealistas quieren ver en el proceso de conquista española, una acción civilizadora e integradora de los españoles, quienes, al ver a las indias, "se enamoraron" de ellas perdidamente...

    En realidad, nuestra génesis (me refiero a la de los pueblos latinoamericanos modernos: mestizos por excelencia) está muy lejos del amor; mucho hubo de violencia (la violación de las mujeres de los vencidos es todavía práctica com.n en muchas guerras alrededor del orbe entero) y en algunos casos, de conveniencia (una forma de aliarse a grupos indígenas era aceptando mujeres de estos para luego dominar otros grupos con el apoyo de nuevos socios).

    No olvidemos también que en 1592, los españoles todavía vivían los valores y la concepción de mundo que prevaleció en la Edad Media, apenas estaban saliendo de ese periodo, por lo que con ellos vinieron también sus concepciones y una prolongación, en América, de la Edad Media, con actores sociales cuyos papeles de señores y vasallos estuvieron muy bien delimitados.

    Los genealogistas costarricenses tradicionales (aquellos que exclusivamente buscan "hidalguías","aristocracias", "pálidos blasones" y "purezas de sangre") tuvieron serios problemas al interpretar la documentación que se ha conservado en nuestros archivos acerca de los primeros antepasados hispanos de los costarricenses y sus relaciones con los habitantes más antiguos de lo que luego sería el territorio costarricense.

    En su búsqueda de "personajes ilustres", íbeneméritos", "fundadores", "hijodalgos notorios de sangre, de solar conocido", etc., construyeron algunas de las historias más fantásticas fundamentados en casos similares a los ocurridos en México o Per..

    Fabricaron "princesas" indígenas a la medida de alguna rama vacía, hijas de "reyes" con las que pretendían equilibrar esa desigualdad de condición entre vencedores y vencidos, pues ya que descendientes mestizos del "encuentro de dos mundos", por lo menos podrían aparecer como descendientes de "la crema y nata de los vencidos".

    Es lo mismo que hacen algunos descendientes de africanos, quienes ahora se dicen prosapia de reinas y príncipes al otro lado del Atlántico.

    Y con esto no quiero negar que también podamos descender de los grupos que ocuparon posiciones sociales más altas en las sociedades prehispánicas (y africanas), sino llamar la atención sobre la concepción que cobija muchas veces la genealogía.


    El presidente Otilio Ulate Blanco es descendiente de Catalina Tuia y Francisco de Ocampo Golfín.

    Y es que el origen mismo de la genealogía occidental moderna tiene sus raíces enterredas fuertemente en la exaltación del poderoso y en la legitimación del sistema patriarcal. Téngase esto siempre presente.

    Nadie quiere descender de indios en encomienda o negros esclavos pues estos se hallaban en los niveles inferiores de las sociedades iberoamericanas en el periodo colonial. En cambio, encontrarán totalmente natural e ideal descender del conquistador, del encomendero, del amo...

    De los genealogistas con tales prejuicios surgieron Dulcehé de Quepo como compañera del conquistador Antonio Alvarez Pereira y doña Francisca Correque como esposa de Diego de Quesada. Todavía hoy se repiten tales errores en revistas y libros, que no aportan las citas de los documentos que emplearon para hacer tales aseveraciones ni tan siquiera haciendo referencia de los indicios que los han llevado a postular tales filiaciones.

    A estos genealogistas, del que quizá el mejor representante haya sido Ernesto Quirós Aguilar, debemos que cientos de personas tengan en sus genealogías filiaciones totalmente inventadas y falseadas. Esperamos que esto empiece a cambiar.

    Por el hispanocentrismo dominante en la genealogía costarricense, uno de los mitos más consolidados de la mentalidad popular ha sido la españolidad o blancura de los ticos. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que el origen primigenio de nuestro pueblo se remonta a tres raíces básicas: la indígena, la africana y la española.

    La composición de estas tres raíces en las diferentes regiones de nuestro país fue variable durante la Colonia, pero su presencia, innegable.

    La mezcla de estas raíces fundamentales se encuentra en la Colonia y en el caso costarricense fuera de sus fronteras. Recuérdese que la conquista y colonización españolas de nuestro territorito fueron tardíos e impulsados desde otras zonas ya conquistadas (Santiago de Guatemala, y León y Granada, en Nicaragua), desde donde se desplazaron, junto con los españoles, los primeros mestizos y mulatos nacidos en América Central.

    Este proceso de mezcla continúa con la llegada de los conquistadores y colonizadores en los siglos XVI y XVII.

    Es lógico suponer (y los estudios genéticos ya lo están comprobando -véase el artículo del invitado especial de esta edición-) que las esposas (compañeras o amantes) de los primeros conquistadores fueron indias o mestizas y, quizá, hasta mulatas.

    Así pues, el origen de los costarricenses se halla, por una parte, fuera de su territorio, en las relaciones que produjeron los primeros mestizos de América Central (en Guatemala y Nicaragua, principalmente, que habían sido conquistadas en la primera parte del siglo XVI); por otra, se encuentra en las relaciones de los primeros conquistadores (fueran estos españoles, mestizos o mulatos) con las indígenas que habitaban lo que hoy es Costa Rica.

    Para la comprensión del proceso de mestizaje resulta básico este período -me refiero a la segunda mitad del siglo XVI y la primera del XVII- porque las mezclas entre españoles, indígenas y africanos se intensificaron.

    Así las encomiendas desaparecen por varios factores -los más conocidos, las pestes, la fuga y el exceso de trabajo a que eran sometidos los indios, pero otro de ellos fue el mestizaje; conforme nacían mestizos estos quedaban fuera de la encomienda-.

    Lamentablemente, los datos sacramentales que se conservan no son lo suficientemente representativos para realizar generalizaciones aproximadas. Del siglo XVI no quedan más que unos pocos bautizos y de la primera mitad del XVII se conservan algunos periodos.

    No obstante, los resultados de este proceso acelerado de mezcla del que hablo se van a observar a fines del siglo XVII y, sobre todo, en la primera mitad del siglo XVIII, cuando en todas los asentamientos existentes (Cartago -capital colonial-, Heredia -Villa Vieja-, San José -Villa Nueva- y Espíritu Santo de Esparza) van a aparecer cientos de familias mestizas y mulatas. øCómo explicar este gran contingente de familias mezcladas (cuyo origen casi siempre se desconoce) si no es que el punto de partida de su mezcla está en generaciones anteriores?

    En el caso de Nicoya -la ciudad española más antigua de Costa Rica-, lamentablemente los registros sacramentales más viejos, así como los civiles, se perdieron en un incendio en la última cuarta parte del siglo XVIII.

    Una vez consolidada esta primera etapa del proceso de mezcla, cuando las encomiendas han desaparecido, continúa el proceso con los indígenas de pueblos de la Corona (como Barva, Pacaca, Tucurrique, Tobosi y Cot), los que indefectiblemente se veían reducidos pues los mestizos eran sacados del padrón de indios.

    Por ejemplo, ya en el siglo XVIII en Barva la cantidad de indígenas "puros" era muy reducida y el pueblo estaba habitado mayoritariamente por mestizos (por supuesto algunos de ellos descendientes de los indígenas del pueblo), además de algunos españoles y mulatos.

    En Pacaca (hoy Ciudad Colón), por ejemplo, el proceso de mezcla de los indios del pueblo se da en el siglo XIX; muchos se desplazan a otras zonas del país. Asimismo, algunas familias poderosas mandaban a traer indias para que realizaran las labores domésticas... Muchas de ellas terminaban como madres solteras: es el caso de María de los Angeles Sánchez Pérez, abuela paterna de Magdalena Sánchez Parreaguirre, una de mis tatarabuelas. María de los Angeles fue traída de Pacaca a San José hacia 1810, donde sirvió al cura Juan de los Santos Madriz, quien -decían en mi familia- era el padre de una de las hijas de María... Nada extraño para un cura que fue padre de más de 18 personas.

    Además, la mayoría de los pueblos de indios se fueron desintegrando durante el siglo pasado, luego de la independencia.

    Un caso que ilustra la desaparición de los indígenas en un pueblo es Ujarrás; originalmente pueblo de indios para 1777 ya no los hay; un 78,4 % de mestizos, un 16,7% de mulatos y 4,9% de españoles.

    Incluso, para el mismo pueblo, en 1812, ya no hay españoles; el 91,6% son mestizos y el 8,4%, mulatos.

    Entonces, el proceso de mestizaje debe verse como un continuum con etapas distintas, el cual, a.n hoy, está ocurriendo, ahora con elementos étnico-culturales de otras regiones del orbe (chinos, jamaiquinos y otros afroantillanos, nicarag,enses y salvadoreños, entre muchos otros).

    Casi dos siglos después de la entrada de los españoles con intenciones de asentamiento al territorio costarricense se evidencia claramente el resultado del proceso de mestizaje del que hablo en algunos censos realizados por las autoridades españolas.

    Para Cartago, en 1778, un 65,4 % de la población era mestiza; un 25,5% eran mulatos y 9,1% eran españoles (nótese que una cuarta parte de la población de Cartago tenía antepasados africanos).

    Para San José, en 1778, un 73,2% de la población es catalogada como mestiza; el 15,6%, como mulata, y el 11,2%, como española.

    En el caso de Esparza y el valle de Bagaces, para 1782, 58,3% de mulatos, 28,9% de mestizos y el 12,8 españoles.

    Estos datos reflejan claramente el proceso de que he hablado.

    Me gustaría referirme a las listas existentes para catalogar a las personas, según su casta, incluso en Per. y México hay unos cuadros muy interesantes sobre estas catalogaciones; sin embargo, en la vida práctica estas no se aplicaban, por lo menos no en Costa Rica.

    En el caso costarricense, las categorías más frecuentes son mestizo, mulato y español; también se citan indios, negros, zambos y, ocasionalmente, tercerón, cuarterón, quinterón y sexterón. (Véase la columna Raíces Nº3, en el apartado Mestizaje).

    En los primeros tiempos, resultaba sencillo establecer las distintas categorías, pero conforme pasó el tiempo y aumentaron las mezclas entre los distintos mestizos era más complejo saber quién había sido el antepasado indio o negro.

    Entonces, categorías tan frecuentes como mestizo o mulato, a fines del siglo XVIII, solo hacían referencia a la presencia de un antepasado indígena o negro, respectivamente, sin especificar el grado de parentesco. Las autoridades civiles y eclesiásticas se remitían al conocimiento que tuvieran de los antepasados, a la información de los padrinos o al fenotipo.

    Incluso para fines de este siglo, la categoría mestizo se usó también para personas cuyo antepasado africano fuera muy remoto.

    Pese a la legislación española, que establecía diferencias jurídico-legales entre las distintas castas, estas se combinaron una y otra vez para dar el "sabor particular" a los latinoamericanos, incluidos, por supuesto, los ticos.

    Paradójicamente, la gran mayoría de los costarricenses somos descendientes de encomenderos como de indios; de amos como de esclavos; de conquistadores como de conquistados.

    En las historias orales de nuestras familias se puede escuchar con bastante frecuencia que se tenía un abuelo o abuela indígena; aunque podía no ser el gran orgullo de la familia, se citaba; lo que sí ha estado ausente en casi todas las familias del Valle Central es el recuerdo de que muchos de nuestros bisabuelos y tatarabuelos fueron nietos, bisnietos o tataranietos de esclavos.

    Este rechazo de nuestras raíces diversas (originado en la Colonia misma y fomentado por un nacionalismo chovinista en el último siglo) fue caldo de cultivo para el mito de la Costa Rica blanca, de la Costa Rica diferente de sus vecinos, la Suiza centroamericana.

    Y es que el proceso de mestizaje en nuestro país dio un resultado similar al de otras regiones de Latinoamérica, donde también hay un componente africano y un componente indígena, como puede ser Argentina y Chile, donde siempre se ha negado (o se minimiza), también, la presencia de la contribución africana.

    De hecho, ya para la Independencia, la población costarricense, en términos generales, se había "blanqueado" (lo cual no significa que no se pudieran hallarse personas con rasgos claramente mulatos o mestizos -como se puede notar en muchas fotografías de la última cuarta parte del siglo XIX y aun a principios del XX de infinidad de álbumes familiares y en las que custodia el Archivo Nacional de Costa Rica), esto se confirma en infinidad de familias josefinas que desde la última cuarta parte del siglo XVIII hasta 1821 reciben la categoría de mestizos, pero por un dato revelador presente en diversos bautizos de 1821 sabemos que era gente blanca pues el cura puso al margen, precisamente, "blanco" o "blanca".

    El resultado fenotípico en Costa Rica se debe, precisamente, a que las poblaciones indígenas y negras no eran tan elevadas como en otras regiones de América; por eso hubo un proceso de "blanqueamiento" que homogeneizó la fenotipia de nuestra gente; incluso aquellos que se ven menos blancos se perciben a sí mismos como tales (se blanquea también la conciencia).

    Sin embargo, no se puede negar que este proceso de estandarización haya evitado fuertes tensiones raciales. Pero no podemos soslayar la existencia del racismo contra los afrolimonenses (inmigrantes caribeños que llegaron al país en la última tercera parte del siglo XIX), que se reflejó incluso en la legislación del Estado, que prohibía su paso al Valle Central todavía en los años treintas; sin embargo, quiero pensar que hoy quedan escasos reductos de ese racismo cuya dispersión terminará por hacerlo desaparecer... ojalá así sea.

    El mito de una Costa Rica blanca ha producido un pueblo ignorante de sus orígenes mestizos, que practica el racismo heredado del régimen colonial de diversas formas, quizá la más com.n por medio de chistes sobre los indios y los negros.

    Y de las cosas más paradójicas en el país de la eterna democracia: se les negó por mucho tiempo la cédula de identidad a los habitantes más antiguos de nuestro país: los pueblos indígenas.


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    Portada: Las raíces indígenas de los ticos
    La descendencia: Catalina, la abuela de los ticos
    Testamento de Catalina Tuia

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