Nacion.com. Columna Raíces

Edición 22

La familia Echavarría Navarro (hoy Echeverría) en Costa Rica

A la memoria de mi amiga doña Graciela Echeverría Vega (doña Chela)

Mauricio Meléndez Obando

La mayoría de los estudios genealógicos en Costa Rica (en realidad en toda Hispanoamérica) se refieren invariablemente a lo que se consideran familias "importantes" y de "primer orden", según se apliquen criterios sobre la relevancia socioeconómica o política de una familia en la sociedad.

Como afirmé en la ponencia que presenté en la X Reunión Americana de Genealogía que se realizó en Costa Rica, en noviembre de 2000, (cuya versión quizá ponga en línea en otra oportunidad), la gran mayoría de los genealogistas tradicionales en su afán de ligarse a lo que todavía algunos llaman "madre patria" (España), han olvidado nuestra otredad, el indio y el negro, puestos en la parte inferior de la pirámide social durante la colonia y aun en periodos posteriores.

Entiendo por genealogista tradicional aquel que se ha dedicado a investigar exclusivamente a las familias consideradas —no importa bajo cuál criterio- como "principales", "hijodalgas", "aristócratas" y "españolas" que han detentado el máximo poder socioeconómico y político dentro del conglomerado social en que vivieron o viven.

Estos mismos genealogistas son los que han relegado el estudio serio y profundo del mestizaje que se dio (y se sigue dando -solo que ahora con más participantes y con otras características-) en Nuestra América porque pretenden ver al continente como una simple extensión o apéndice de España y sus instituciones o porque se prefiere creer en un origen más "democrático", particularmente en las naciones cuyos miembros muestran hoy un fenotipo caucasoide bastante homogéneo (Chile, Argentina o Costa Rica, son claros ejemplos de ello).

En este punto tampoco podemos soslayar el origen elitista de la genealogía -de ahí quizá el desprestigio, las miradas recelosas que genera hacia quienes nos dedicamos hoy a esta disciplina y el prejuicio antigenealógico de que habla Sánchez Saus (1992:78…)-. Se crearon -y no hace mucho se creaban- fabulosas genealogías sin sólidas bases documentales fundamentadas en leyendas y mitos de origen, algunas veces con el único fin de congraciarse con los grupos que detentaban el poder y en otras oportunidades para "suavizar" una realidad que podría resultar demasiado dura para algunos de sus descendientes.

Además, el origen elitista de la genealogía se reforzaba precisamente porque muchos de los protogenealogistas hispanoamericanos procedían de una elite social y económica que pretendía, mediante sus estudios, confirmar su extracción oligárquica respecto de otros grupos sociales, que muchas veces se relacionaban con poblaciones indias, afroamericanas o mestizas en general.

Otra de las debilidades de la genealogía tradicional -que la historiadora Jane Franco ya señaló para la historia de la literatura hispanoamericana- es el gusto por los héroes (llámense estos próceres, padres o beneméritos de la patria, personajes relevantes, hitos históricos, pilares de la sociedad, santos, etc.).

No podemos dejar de lado la atracción "natural" de la cultura occidental por el poder y el poderoso y la tendencia a idealizar aquellos personajes que desempeñaron un papel sobresaliente en el desarrollo de un pueblo. Hay una actitud sacralizadora, "deshumanizadora" y, si se quiere, deificadora hacia estas personas, despojándolas de todos los "defectos" que atentan contra la imagen idealizada que se quiere transmitir de ellos.

El ejemplo más visible de esta atracción por el poder y el poderoso lo vemos en la exaltación que muchos de estos genealogistas tradicionales realizan del conquistador -que aniquiló y sometió pueblos "salvajes"-, del encomendero -que tenía a su servicio pueblos de indios completos, que algunas veces al cabo de 30 años diezmó-, del amo hispano -que compraba esclavos africanos para que hicieran los trabajos más pesados- y, en general, del hombre español -que en la manifestación más primitiva del patriarcado acumulaba "hembras": indias, negras y blancas, regando su semilla por doquier-.

Asimismo, la atracción de la que hablo se manifiesta en el gusto de muchos -no solo genealogistas- por las historias de las familias reales -principalmente europeas-, de los héroes, de los conquistadores, de los "descubridores", etc.

Estas concepciones de la genealogía, vigentes en nuestros días, se reflejan claramente en un pensamiento que me externó, en un mensaje electrónico no hace mucho, un miembro de la Academia Costarricense de Ciencias Genealógicas, quien me dijo que no veía la relevancia de publicar amplias genealogías de gentes que únicamente habían nacido, crecido, se habían reproducido y, finalmente, muerto.

Esa forma de pensar, según la cual el objeto de la genealogía (y la historia) debe ser la búsqueda de personajes "relevantes", luce, a las puertas del nuevo milenio, totalmente desfasada pues hoy la historia social requiere de intentos serios para clarificar todos los espacios oscuros y poco estudiados de estas personas que ayudaron a la producción, que trabajaron, que transmitieron valores a su prole, que contribuyeron a levantar ciudades, que cultivaron la tierra, que amaron y odiaron y que han resultado fundamentales para el desarrollo de los conglomerados sociales en su conjunto y de cada una de nuestras familias en particular; estas personas, entonces, no solo nacieron, crecieron, se reprodujeron y murieron.

Como afirma Binayán Carmona (1999: 8): "la historia de una clase, aunque sea la de mayor protagonismo histórico, no es una historia genealógica nacional".

Para el caso costarricense debemos añadir otro problema frecuente en algunos trabajos genealógicos (muchos de ellos publicados en la Revista de la Academia Costarricense de Ciencias Genealógicas —ACCG- y algunos de ellos ya criticados por el académico Hernán Fuentes Baudrit, quien publicó un excelente artículo sobre la importancia de la investigación en fuentes primarias que ilustró con casos de extraordinaria irresponsabilidad).

De acuerdo con Joaquín Alberto Fernández Alfaro, actual presidente de la ACCG, esperan hacer una publicación especial en la que se rectificarán todos los errores que se han publicado en la revista de su representada, con lo que ojalá se detenga, finalmente, la propagación de serios errores en muchas genealogías costarricenses. El señor Fuentes Baudrit está a cargo de esa labor.

Asimismo, cualquier genealogía que omita las fuentes de las que se ha tomado la información que presenta, se convierte en una referencia dudosa que debe someterse a la prueba documental. Por supuesto, sin entrar en una discusión acerca de la veracidad de las fuentes, que, obviamente, las más de las veces no las podremos confrontar con otras pruebas ni comprobar la "verdad" que encierran.




En esta edición:

Los Echeverría
Echeverría Alvarado
La genealogía descendente de los Echavarría


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