nacion.com. Columna Raíces

Edición 28

Tesoro genealógico

La importancia de los expedientes matrimoniales

  • En el Archivo Diocesano de León hallamos algunos referidos a Costa Rica

    Autor: Mauricio Meléndez Obando

    Los expedientes matrimoniales que se conservan en los archivos históricos eclesiásticos guardan abundante y muchas veces inédita información genealógica.

    Son lo que podríamos llamar un manjar para los genealogistas pues estos brindan datos más sustanciosos de los que puede dar, habitualmente, una partida matrimonial.

    Antes de contraer matrimonio, las personas debían probar su soltería y que no tenían impedimentos para casar. Si lo lograban, casaban y la partida quedaba asentada en los libros matrimoniales de la parroquia en que se celebrara este sacramento (por supuesto, más de un cura olvidaba asentar alguna partida y, por eso, a veces no hallamos el dato que buscamos, donde debía estar).

    Estos trámites estándares generaban un expediente en la parroquia donde se realizaba el enlace matrimonial. Estos documentos son importantes también pues incluyen datos sobre ocupación de los novios y de los testigos, entre otros aspectos (a veces hasta copias de la partida bautismal), pero estos expedientes se empezaron a llevar en cada parroquia hasta la creación del Obispado de Costa Rica en 1850, separado del hasta entonces Obispado de Nicaragua y Costa Rica.

    Archivo La sala de consulta del Archivo Histórico Diocesano de León no cuenta con las condiciones adecuadas para el resguardo de la documentación de las extremas condiciones climáticas de la ciudad de León, antigua capital colonial de Nicaragua. Al fondo a la izquierda, la directora del archivo, Licda. Sylvia Munguía Morales. (Foto: M. Meléndez).
    Ahora bien, si las personas tenían algún impedimento, debían realizar trámites especiales para recibir la autorización del obispo para casarse, y el expediente que se generaba es de suma importancia para la historia social pues permite obtener datos de diversa índole (nacimiento, edad, estado civil, consanguinidad, endogamia, viudedad, oficios, relaciones sexuales prohibidas, etc.); estos, antes de la creación del Obispado de Costa Rica se tramitaban en León y luego de la creación del obispado costarricense, en la sede del Palacio Obispal, en San José. Los principales motivos para solicitar dispensa matrimonial es el parentesco entre los novios; este podía sera de consanguinidad, de afinidad o espiritual. La consanguinidad de cuarto grado e inferiores debía dispensarse; es decir, si ambos novios compartían, por lo menos, un tatarabuelo, tenían la obligación de solicitar dispensa de consanguinidad (también si compartían un bisabuelo o abuelo).








    Archivo Este es un ejemplo concreto de parentesco de cuarto grado de consanguinidad entre dos personas. Tomado de "Los expedientes matrimoniales" (de mi autoría). Revista de la Asociación de Genealogía e Historia de Costa Rica N°2, julio-diciembre de 1996. P. 49

    Parentesco Este es un ejemplo de parentesco de tercero con cuarto grado de consanguinidad. Tomado de la misma fuente anteriormente citada, pág. 51.

    Archivo Este es un caso de parentesco de segundo con tercer grado de consanguinidad. Tomado de la misma fuente antes citada, pág. 52.







    La afinidad de cuarto grado e inferiores también debía recibir la dispensa obispal; este tipo de parentesco se daba por razones lícitas o ilícitas; un parentesco de afinidad lícita es aquel que pudiera tener uno de los contrayentes con el cónyuge difunto del otro (es decir, que un viudo -o viuda- se case con un pariente de su cónyuge difunto) y el de afinidad ilícita se da cuando uno de los contrayentes ha mantenido relaciones sexuales extramatrimoniales con algún pariente (hasta el cuarto grado) de su futuro cónyuge.

    Finalmente, el parentesco espiritual se da cuando media un padrinazgo (en alguno de los sacramentos católicos) entre los contrayentes (por ejemplo, que uno haya sido padrino de bautizo del otro).

    Otra de las dispensas más frecuentes es la omisión de las amonestaciones públicas en las parroquias de donde son nativos o han residido los contrayentes para lo que generalmente alegan la premura con que debe llevarse a cabo el matrimonio. Por ejemplo, si uno de los contrayentes fue vecino de una ciudad extranjera generalmente solicitan la dispensa de las amonestaciones en dicha ciudad.

    Había otras razones para solicitar dispensa, entre ellas: impotencia, adulterio u homicidio, honestidad pública puesta en tela de duda, bigamia, no estar aún en la pubertad y no pertenecer a la fe católica (Véase: Segura de Bartholomew, Geanina y George R. Ryskamp. "Dispensaciones matrimoniales de las diócesis de la Iglesia Católica". En: Revista de la Asociación de Genealogía e Historia de Costa Rica N°1, San José, Marzo de 1986. Págs. 41-48).

    Ahora bien, los expedientes matrimoniales por dispensa de consanguinidad y afinidad brindan, generalmente, información genealógica de primera mano pues se remontan (casi siempre) hasta el antepasado común verificando las líneas que los unen.

    parentesco Este es un ejemplo concreto de parentesco afinidad entre dos personas. Tomado de "Los expedientes matrimoniales" (de mi autoría). Revista de la Asociación de Genealogía e Historia de Costa Rica N°2, julio-diciembre de 1996. P. 59.







    Por supuesto, y esto es muy importante para tenerlo en cuenta, a veces hay errores en las filiaciones que dan los testigos (invariablemente tres, quienes casi siempre rebasan los 50 años), pues se debe recordar que la memoria familiar a veces no es tan exacta y puede presentar lagunas; sin embargo, a veces se pueden corroborar los datos en otras fuentes.

    Claro, la mayor importancia de estos expedientes radica en que frecuentemente se dan filiaciones que no constan en ninguna otra fuente debido a pérdida documental o a que se dan filiaciones ocultas que no coinciden con las fuentes "oficiales"; por ejemplo, cuando una personas que es tenida por hija de matrimonio resulta ser hija de otro padre pues los declarantes (muchas veces parientes próximos) saben la historia "verdadera" de la persona en cuestión.

    También son de gran utilidad cuando se trata de madres solteras con descendencia pues se dan las filiaciones que, de otra manera, cuesta mucho averiguar, sobre todo para la época colonial.

    Véase también "Los expedientes matrimoniales" (de mi autoría) en: Revista de la Asociación de Genealogía e Historia de Costa Rica N°2. San José. Julio-diciembre de 1996, págs. 44-63.

    Si desea ver casos concretos en que los expedientes matrimoniales han desempañado un papel fundamental para el esclarecimiento de relaciones de parentesco en algunas familias, véanse: "El genovés Francisco Granados y sus descendientes", de Dulce María Granados Lacayo y Mauricio Meléndez Obando, en: Revista de la Asociación de Genealogía e Historia de Costa Rica N°2, julio-diciembre de 1996, págs. 9-43; o "El origen de la familila Blanco de Costa Rica", de Mauricio Meléndez Obando, en: Revista de la Asociación de Genealogía e Historia de Costa Rica N°3-4, enero-diciembre 1997, págs. 162-198.

    Para el caso costarricense, hasta 1850, cuando se creó el Obispado de Costa Rica, todos los trámites de dispensas matrimoniales se llevaban a cabo en León de Nicaragua, pues era la sede del Obispado de Nicaragua y Costa Rica, del que dependía, eclesiásticamente, la provincia de Costa Rica (para el periodo colonial) y el estado de Costa Rica (después de la Independencia).

    Lastimosamente, la mayor parte de la información que se custodiaba en el Archivo Histórico Diocesano de León (en adelante AHDL) se perdió y queda apenas una muestra de todo lo que se tramitó y se conservó en ese depósito documental.

    Sin embargo, pudimos hallar una buena cantidad de expedientes costarricenses tramitados en León, de los cuales brindo una lista exhaustiva para las cajas que cito, pero no para todo el periodo anterior a 1850; es decir, que hay más expedientes referidos a contrayentes costarricenes en el AHDL.

    Asimismo, analizo algunos ejemplos concretos para que se perciban las posibilidades investigativas de este material y su incalculable valor en la genealogía costarricense.

    También es importante destacar que no todos los curas eran detallados en estos expedientes, particularmente el de San José para los años que incluyo, Juan de los Santos Madriz, era muy general en las filiaciones que da, aunque a veces facilita los nombres de los antepasados más remotos de los contrayentes.

    Este tipo de reconstrucción puede parecer algo complicada pero en realidad no lo es pues el grado de parentesco se mide en la relación generacional de los novios con el tronco común.

    Para la recopilación de estos expedientes matrimoniales entre enero y abril de 2002, se contó con el apoyo del proyecto "¿Memoria u olvido? La africanía y las identidades centroamericanas", auspiciado por el National Endowment for the Humanities Collaborative Research Program (RZ-20704-01), el Mount Holyoke College y el Centro de Investigaciones Históricas de América Central de la Universidad de Costa Rica. Para mayor información sobre el proyecto, puede visitarse el sitio en la Web:

    http://www.mtholyoke.edu/acad/latam/africaniasp.html

    investigador El investigador no cuenta con las condiciones adecuadas en la sala de consulta del Archivo Histórico Diocesano de León, que también funciona como depósito documental. (Foto: M. Meléndez).

    Una explicación necesaria

    Anes de entrar al análisis de casos, deseo explicar qué información incluye el listado que he preparado.

    Los casos de los que presento en la lista que se verá más adelante se presentan con la información básica, sitio y fecha donde se emite la solicitud, (al final casi siempre incluyo fecha de otorgamiento de la dispensa), nombre de los novios, árbol genealógico ordenado en dos columnas, las cuales se deben interpretar como dos ramas en las que se presentan las filiaciones citadas en el expediente; por ejemplo, en el caso N°1, de la caja de 1837-1838, así detallado:

    1. Cartago, 24/2/1837 Novios: Julián Robles y Manuela Araya
    Miguel Navarro Josefa Navarro, hermanos
    Josefa Navarro María Navarro, primas hermanas
    Joaquina Valverde Rafaela Brenes, primas en tercer grado
    Julián Robles Manuela Araya, primos en cuarto grado
    Autorizado, León, 18/3/1837

    Debemos leerlo así: columna de la izquierda, Miguel Navarro, padre de Josefa Navarro, madre de Joaquina Valverde, madre de Julián Robles, este es el novio; columna de la derecha: Josefa Navarro, madre de María Navarro, madre de Rafaela Brenes, madre de Manuela Araya, esta es la novia. Además, los dos primeros nombres de las columnas son hermanos; es decir, Miguel Navarro era hermano de Josefa Navarro.

    Asimismo, el grado de parentesco se mide respecto del tronco común; si son hermanos, el parentesco es de primer grado; si son primos hermanos, el parentesco es de segundo grado; si son hijos de primos hermanos, el parentesco es de tercer grado (se comparte un bisabuelo) y si ambos contrayentes son nietos de dos primos hermanos (que es lo mismo que compartir un tatarabuelo, por lo menos) el parentesco es de cuarto grado. Casi siempre se comparten como antepasados comunes una pareja aunque en los expedientes se tiende a citar solo el varón de esa pareja.

    Ahora bien, los parentescos pueden ser iguales o desiguales; es decir, que ambos contrayentes están en el mismo grado respecto del tronco común, pero pueden darse casos en que el grado de parentesco es desigual; por ejemplo, cuando uno de los contrayentes es nieto del tronco común pero el otro contrayente es bisnieto de ese mismo tronco común; entonces, se habla de que son parientes en segundo con tercer grado de consanguinidad desigual.

    Asimismo, en este tipo de expedientes se hablará frecuentemente de dispensas de consanguinidad por línea colateral, lo que significa que el parentesco no es en línea directa, sino que está en líneas separadas que parten de un mismo tronco común.

    En el listado no doy el grado de parentesco, que se puede deducir del árbol o la relación con el tronco común; asimismo, no incluí los nombres de los testigos que declaran en cada caso pues estoy hubiera requerido mucho más tiempo y este juega contra uno cuando se está en otro país por un periodo previamente fijado.

    parentesco Véase un ejemplo gráfico de un parentesco de consanguinidad de cuarto grado con cuarto grado.

    Por otra parte, cuando hay otro parentesco, se incluye también el segundo árbol genealógico (tercero y cuarto cuando los hay), que debe leerse de la misma manera que el primero (ocasionalmente hay más más de dos parentescos de consanguinidad).

    Algunas veces, el mismo expediente no cita los apellidos y solo consigna los nombres de los antepasados, por lo que cuando no lo consigno aquí es porque el documento original tampoco lo cita y no se puede deducir de la demás información.

    No cito el grado de parentesco, pues gracias a los árboles se puede deducir el grado de parentesco de los contrayentes, aun para los casos de San José, que incluyen poca información genealógica.

    Análisis de casos

    Una vez hechas las explicaciones del caso, tomaremos varios casos del listado en cuestión y haremos una análisis detallado para que quienes deseen puedan hacer lo mismo con aquellos casos que son de su interés.

    Por supuesto, debemos verificar si el matrimonio a que se refiere el expediente se llevó a cabo y luego, si se efectuó, confirmar mediante otras fuentes (sacramentales o civiles) los datos que se presentan; por supuesto, muchas veces el expediente brindará información única que no consta en otras fuentes, como veremos más adelante.

    Primero analizaremos el caso N°1, de la caja de los años 1837-1838, ya antes citado, así detallado en el listado:

    1. Cartago, 24/2/1837 Novios: Julián Robles y Manuela Araya
    Miguel Navarro Josefa Navarro, hermanos [primer grado]
    Josefa Navarro María Navarro, primas hermanas [segundo grado]
    Joaquina Valverde Rafaela Brenes, primas segundos [tercer grado]
    Julián Robles Manuela Araya, primos terceros [cuarto grado]
    Autorizado, León, 18/3/1837

    Efectivamente, Julián Robles Valverde y Manuela Araya Brenes casaron en la ciudad de Cartago, el 12 de abril de 1837.

    Julián fue hijo legítimo de Juan Pablo Robles y Joaquina Valverde Navarro.

    Manuela lo fue de Jesús Araya Fuentes y Rafaela Brenes Navarro.

    Ahora veamos el parentesco por el Navarro, que es el que ofrece un dato que difícilmente se hubiese hallado en otra fuente.

    Miguel Jerónimo Brenes Obando casó en la ciudad de Cartago, el 31 de diciembre de 1769, con María Navarro (algunas veces llamada María Nicolasa), quien es citada en esta fecha como "hija de padres no conocidos".

    Pero, según el expediente matrimonial, esta María Navarro fue hija de Josefa Navarro, quien, a su vez, era hermana de Miguel Navarro.

    Sabemos que este Miguel Navarro casó en la misma ciudad, el 16 de setiembre de 1772, con Antonia de la Concepción Mata Castillo, y era hijo legítimo de José Ramón Navarro y Josefa de Aguilar. Entonces, si suponemos que Josefa Navarro y Miguel Navarro eran hermanos carnales (esto no se especificó en el expediente), los padres de Josefa Navarro habrían sido también José Ramón Navarro y Josefa de Aguilar.

    Se entiende por hermanos carnales (o hermanos enteros) aquellos que son hijos de un mismo padre y una misma madre.

    Otro dato adicional, presente en las partidas sacramentales (bautizos y matrimonios), es que los miembros de estas familias, para la época colonial, son citados casi siempre como mestizos.

    Veamos ahora el caso N°41, de los expedientes del año 1836, así detallado en el listado:

    41. San José, 1°/9/1836
    Novios: José de Jesús Blanco y María de Jesús Quesada
    Ana Castro Sixto Castro, hermanos
    bisabuela de bisabuelo de
    José de Jesús Blanco María de Jesús Quesada
    Autorizado, León, 21/9/1836

    Este caso es sumamente interesante porque, hasta este momento, solo había podido suponer este parentesco de una dispensa matrimonial que se conserva en el Archivo Arquidiocesano Bernardo Agusto Thiel, en adelante ABAT, (antes Archivo Eclesiástico de la Curia Metropolitana). La dispensa de 3° con 2° grado de consanguinidad para Dn. Juan Antonio Blanco Castro y Da. Romualda Huertas Castro, fechada en León, el 4 de julio de 1791. Lamentablemente, hay una buena cantidad de dispensas enviadas desde León, para fines del siglo XVIII y principios del XIX, pero no incluye el expediente matrimonial; solo es la dispensa obispal con la referencia del parentesco que se dispensa pero sin mayores detalles.

    Sin embargo, gracias al expedientes N°41,

    Veamos ahora el caso N°1, de la caja del año 1836, detallado así en la lista (aquí solo analizaremos el primer parentesco, pues tenían tres impedimentos de consanguinidad).

    1. Alajuela, 1°/9/1836 Novios: Joaquín González y Petronila Rodríguez
    José Agustín Pérez Agustín Pérez, hermanos
    María Pérez Mariano Pérez
    Rosario Rodríguez Petronila Pérez
    María González Petronila Rodríguez
    esposa difunta de Joaquín González

    Este caso me interesa para que también se tenga en cuenta que los expedientes matrimoniales tampoco son ciento por ciento fiables pues la memoria familiar fallaba, sobre todo en los antepasados más remotos de que se está hablando.

    Veamos por qué. Se dice que José Agustín Pérez y Agustín Pérez eran hermanos, cuando, en realidad, eran primos hermanos.

    Agustín Pérez Alfaro casó en Heredia, el 31 de agosto de 1757, con Mariana Vanegas Rojas; estos fueron padres de María Pérez. Nótese que en el expediente se dice que el padre de María Pérez es José Agustín.

    José Agustín Pérez Ugalde casó también en Heredia, el 11 de enero de 1759, con Da. Rosalía Alfaro Arias; estos fueron padres de Mariano Pérez. Nótese que en el expediente se dice que Mariano es hijo de Agustín.

    Agustín Pérez Alfaro fue hijo legítimo del Cap. José Pérez [de Cote] Zamora y Da. Ana de Alfaro; mientras que su primo hermano José Agustín Pérez Ugalde lo fue de Francisco Pérez [de Cote] Zamora y Da. María del Rosario Ugalde Rodríguez.

    El Cap. José Pérez [de Cote] Zamora y Francisco Pérez [de Cote] Zamora fueron hijos legítimos del Cap. Francisco Pérez de Cote y Da. María de Zamora.

    El resto de los datos que da el expediente son correctos, pero el parentesco por los Pérez no era de cuarto grado de consanguinidad sino de quinto grado, por lo que no necesitaban, en realidad, la dispensa que pidieron en este caso.

    Pasemos ahora al caso N°10, de la caja del año 1836, así detallado en el listado:

    10. San José, 14/10/1836 Novios: Ignario Mora y Baltasara Ureña
    Francisco Javier Padilla Antonio Padilla, hermanos
    abuelo de abuelo de
    Ignacio Mora Baltasara Ureña
    Antonio Mora Teresa Mora, hermanos
    abuelo de abuela de
    Ignacio Mora Baltasara Ureña
    Ignacio Mora Baltasara Ureña
    Cayetana Monge Antonia Monge, hermanas
    abuela de abuela de
    Ignacio Mora Baltasara Ureña

    Estos datos confirman las fuentes sacramentales que cita monseñor Sanabria en sus Genealogías de San José, inéditas e inconclusas (custodiadas en el ABAT), sobre Francisco Javier Padilla y Antonio Cayetano Padilla, quienes fueron hijos Juan de Dios Padilla y Getrudis Vargas.

    Asimismo, que Cayetana Monge (esposa de Francisco Javier Padilla, con quien casó en 1773) y Antonia Monge (esposa de Antonio Cayetano Padilla, con quien casó también en 1773) eran hermanas, hijas de José Francisco Monge y Josefa Rita Aguilar.

    Como se observa, se trata de dos hermanos casados con dos hermanas (cosa nada infrecuente en la mayoría de las familias costarricenses todavía hasta bien entrado el siglo XX).

    Finalmente, en el caso de los Mora hay un error en el nombre de la abuela de Baltasara Ureña, quien en realidad se llamaba Lucía de los Angeles Mora (esposa de José Antonio Ureña Reyes).

    Pero, de todos modos, la filiación que da es importante pues José Ignacio Mora Padilla, hijo legítimo de Manuel Antonio Mora Román y María Josefa Badilla [o Padilla] Monge, era nieto paterno de Francisco Antonio Mora Zamora y María Isabel Román.

    Ahora bien, si suponemos que Lucía de los Angeles Mora y Antonio Mora Zamora eran hermanos carnales, entonces, los padres de Lucía también fueron el Ten. Basilio de Mora Estrada y Da. Antonia de Zamora.

    Estas tres familias son citadas a menudo como mestizos o españoles (a veces con el trato exclusivo de don o doña, según el caso) en el periodo colonial.

    También en la caja del año 1836, tenemos el caso N°25, así reseñado en la lista:

    Ignoramos por qué incluyen este segundo árbol pues este no presenta ningún impedimento de consanguinidad entre la novia y el novio pues se refiere solo a antepasados de la novia; sin embargo, es interesante y ya veremos por qué.

    Autorizado, León, 21/9/1836

    Aquí me interesa destacar dos aspectos: el primero, sobre el segundo árbol genealógico que se refiere al tronco que dan los testigos y que remite a una mujer, pero, en este caso, se debe a que Francisca Solórzano vivió muchos años, no así su esposo, Ventura Herrera, quien era el padre común de Benita y María Herrera, pero que había fallecido en 1741 (casi 100 años antes del matrimonio en cuestión); por lo que la memoria familiar remitía a Francisca Solórzano, como tronco común de los contrayentes.

    En cuanto al primer árbol genealógico, tenemos que cuando Juan Manuel Hernández casó con Antonia Teresa Umaña, Heredia, 7 de julio de 1761, solamente se cita que ambos son viudos, pero no de quiénes.

    Mientras, teníamos que Juan de Soto era casado con Teresa Umaña hacia 1744, pero sin mayores referencias. Ahora, con este expediente sabemos que se trata de una misma Teresa Umaña, quien casó en primeras nupcias con Juan de Soto y en segunda con Juan Manuel Hernández.

    Por último, efectivamente, Manuel Soto González casó en Alajuela, el 19 de octubre de 1836, con María Leandra Hernández Zumbado.

    Otro caso, el N°27, de la caja de 1836, que reseñamos como sigue en el listado, presenta algunos datos confusos y equivocados:

    En realidad el grado de parentesco no era de cuarto grado de consanguinidad sino de cuarto con quinto, por lo que no ameritaba la dispensa, pero este expediente resulta interesante pues nos trae a colación el parentesco que había entre los dos maridos de Isabel María Hidalgo (hizo testamento en Heredia, el 3 de junio de 1773), quien casó en primeras nupcias con Juan José Piedra y en segundas con Francisco Barrantes, en Heredia, el 11 de octubre de 1726.

    Como vemos, nuevamente, no toda la información que se consigna en los expedientes es siempre exacta. Recalco esto para que cuando tomen en cuenta estas fuentes lo tengan siempre presente.

    Según información facilitada por el periodista Isidro Sánchez Vargas, cuando Da. Isabel María casó en segundas nupcias se especifica que con Francisco Barrantes tenía impedimento de afinidad, lo que quiere decir que su difunto marido había sido pariente de su segundo consorte.

    Pasemos ahora al caso N°40, de la caja de 1836, reseñada de la siguiente forma en el listado:

    En este caso, sabemos que Valentín Castillo, también citado como Antonio Valentín, fue hijo de Juan Castillo y María Hoces, según se cita en la partida de bautizo de una hija suya y de Cayetana Soto, el 8 de octubre de 1783, en Heredia; sin embargo, de Victoria Castillo, solo sabemos que casó con Juan Vanegas. Valentín casó hacia 1760 con María Cayetana Soto Araya.

    Ahora bien, hallamos el bautizo de un Antonio Valentín Castillo Morera, bautizado en Heredia, el 15 de enero de 1736, hijo de Juan Miguel del Castillo y María Morera, que bien pudiera ser el mismo Antonio Valentín Castillo Hoces, que habría casado de aproximadamente 24 años.

    Por otra parte, hay un matrimonio Hoces Morera, conformado por Josefa Morera y José de Hoces, ambos muertos ya en 1737; sin embargo, en esta no se cita ninguna hija María de Hoces Morera, que pudiera relacionarse con Juan Miguel del Castillo.

    En todo caso, Victoria Castillo, si fue hermana entera de Valentín Castillo, habría sido hija también de Juan Castillo y María Hoces.

    Habrá que investigar más profundamente para ver si Juan Miguel del Castillo y María Morera son los mismos Juan Castillo y María Hoces.

    El siguiente caso, N°45 también de la caja del año 1836, reseñada así en el listado, es interesante por lo siguiente:

    Isidro Sánchez Vargas publicó en el Boletín histórico y genealógico N°, de la ASOGEHI, la filiación de Cayetana Guzmán, esposa de Rodríguez.

    Como en este expediente tenemos que Gregorio Guzmán es citado como hermano de Cayetana, entonces, compartirían los mismos progenitores, por supuesto, de ser hermanos carnales.

    Es decir, ambos serían hijos legítimos de José de Guzmán y María Josefa de Astúa.

    Tenemos el caso N°13, también de la caja del año 1836, que reseñé en el listado de la siguiente forma:

    Este caso resulta interesante pues familias que teníamos por separado en nuestro trabajo Genealogías de Nicoya, Esparza, Bagaces, Cañas y Liberia (hasta 1824), en proceso de elaboración, hoy podemos colocarlas juntas.

    José Teodoro Jácome, quien ya había muerto para 1779, casado con Damiana Artola, era hermano de Isidro Jácome, muerto ya en 1782, esposo de Raimunda Cerda, ambos matrimonios eran vecinos del Sardinal de Santa Cruz.

    Archivo Histórico Diocesano de León
    Expedientes Matrimoniales
    [Total de expedientes de las cajas citadas: 112]

    Caja de los años 1834-1839

    19. San José Novios: Ramón Sibaja y María Bonifacia Lizondo

    Se dice que el pretendiente era hijo de Dámaso Porras, quien lo negaba por hijo, pues Sibaja es muy semejante al que le dan por padre; los testigos dicen que no tuvieron noticia de amistad ilícita, pero que la madre del pretendiente declaró en artículo de muerte que el pretendiente era hijo ilegítimo de Dámaso Porras, pero que este lo negó hasta su muerte.

    Pero si el padre del pretendiente era el que se le daba, debía dispensar el tercer grado pues las dos abuelas de los pretendientes eran hermanas

    Autorizado, León, 4/8/1837 (la dispensa fue "ad cautelam"; es decir, por aquello de que efectivamente fuera hijo de quien se decía).

    Finalmente, incluyo aquí un expediente matrimonial tramitado en León, correspondiente a San Rafael del Norte, en Nicaragua, en que José Víctor Siles Pineda solicita dispensa de consanguinidad quíntuple en distintos grados para casar con Eusebia Siles Gadeas, que empezó el 13 de abril de 1857.

    Parte 1

    Parte 2

    Parte 3

    Parte 4


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