nacion.com. Columna Raíces

Edición 29

México

El Archivo General de la Nación ofrece tesoros a centroamericanos

  • El caso de solicitación del fraile herediano Domingo Arias

    Autor: Mauricio Meléndez Obando

    El Archivo General de la Nación, de México, ofrece a los centroamericanos tesoros de incalculable valor para la historia colonial de nuestros países, principalmente en el campo de la historia social y la historia de las mentalidades.

    Debe recordarse que la Santa Inquisición funcionó en todos los territorios españoles, y América no fue la excepción. Para el caso centroamericano (que en la época colonial incluía los territorios de las actuales repúblicas de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, y el estado mexicano de Chiapas), contamos con gran cantidad de demandas y juicios que se relacionaban con infracciones contra la fe católica, entonces con hegemonía en el campo religioso. Su funcionamiento empezó en el última cuarta parte del siglo XVI y dejó de trabajar en los albores de la Independencia.

    Por supuesto, la mayoría de los casos de Centroamérica se refieren a Guatemala, aunque algunos que están descritos en los índices como pertenecientes a esta provincia en realidad se refieren a otros territorios de la Capitanía General de Guatemala (también conocida como Reino de Guatemala).

    La inquisición reprimía las herejías y todas sus variedades, la bigamia (el doble matrimonio, sin haber muerto el primer cónyuge; aunque también hay casos de poligamia; es decir, más de dos matrimonios), la solicitación (que cometían los sacerdotes cuando durante la confesión solicitaban al confesante —fuera este mujer u hombre— para actos sexuales) y cualquier otra acción que socavara las raíces fundamentales de la fe católica.

    El Archivo General de la Nación está ubicado en la ciudad de México, cerca de la estación del metro San Lázaro, en una antigua prisión estatal. Existen diversas series que describen los documentos que custodia este importante acervo, pero quizá el más conocido tiene presentación de CDRom y es conocido popularmente como ARGENA (siglas de Archivo General de la Nación). Lamentablemente, no está completo, presenta errores y omisiones. Hay también algunos descriptores impresos y fichas también.

    La solicitación

    En este columna de Raíces, describiremos el caso del fraile franciscano Domingo Arias, natural de Heredia, Costa Rica, quien fue acusado de solicitación, tras haber sido denunciado por varias mujeres.

    Este no es el único caso de solicitación de mujeres y, además, se halló uno de solicitación de varones, para Costa Rica; asimismo, para los demás países de Centroamérica, hay también diversos expedientes.

    No entraremos aquí a valorar ni analizar este fenómeno (aún existente) ni la Inquisición, sino más bien queremos destacar el valor genealógico de estos expedientes pues el acusado debió presentar gran cantidad de datos de carácter genealógico, que permiten, a veces, solventar filiaciones que, de otra manera, no conoceríamos.

    También haremos una descripción de los pasos que se seguían en la tramitación de tales juicios.

    Antes de continuar, debemos añadir, que este expediente y otros fueron recabados durante una visita a la Ciudad de México, entre mayo y julio de 2002, parte del proyecto "¿Memoria u olvido? La africanía y las identidades centroamericanas", auspiciado por el National Endowment for the Humanities Collaborative Research Program (RZ-20704-01), el Mount Holyoke College y el Centro de Investigaciones Históricas de América Central (CIHAC) de la Universidad de Costa Rica. Para mayor información sobre el proyecto, puede visitarse el sitio en la Web:

    http://www.mtholyoke.edu/acad/latam/africania.html

    El caso de fray Domingo

    Cuando la denuncia presentada no incluía la comisión expresa del delito, no se abría expediente, aunque se guardaba la acusación en caso de posteriores acciones.

    Así por ejemplo, en el caso que nos interesa (AGN, 1368, 1, f. 1-81), el 27 de noviembre de 1795, Rita Chavarría, de color pardo, doncella, hija de padre no conocido y de Francisca Chavarría, vecina de Cartago y de 26 años, se presentó ante el comisario del Santo Oficio de la Inquisición, por la de México, en la citada ciudad, denunciando que fray Domingo Arias la había confesado la víspera del día de Santiago Apóstol, pero que le suspendió la absolución diciéndole que volviera otro día, lo cual hizo sin lograr encontrarlo; a los tres días le mandó decir que fuera a su celda pero al poco rato llegó él a la casa de ella y:

    "sentádose juntos, le dio un pellizco y comenzó a hablar palabras deshonestas, sin solicitarla, y que al día siguiente le acabó de confesar y le dio la absolución"

    (En todos los casos hemos modernizado la ortografía y la puntuación para facilitar su comprensión a nuestros lectores).

    Ella ratificó su denuncia, dos días después, ante dos clérigos, don Juan José de Oreamuno y don José María Esquivel. La ratificación de las denuncias o declaraciones ante dos clérigos era obligatoria.

    En ese momento, fray Domingo era morador del curato de Cartago y cura doctrinero de los pueblos de Aserrí y Curridabat, en San José, entonces, pueblos de indios.

    El comisario de la Inquisición de Costa Rica, don Ramón Azofeifa, hizo una anotación sobre la denunciante y el fraile, que transcribimos pues es revelador de la valoración sociorracial negativa que tenían los afrodescendientes en la sociedad colonial.

    "Esta denunciante es negra, pero es honesta; el religioso es de buena conducta; estoy bien informado de su honestidad y buena vida".

    Esta denuncia no pasó a más, sin embargo, varios años después, se darían varias acusaciones adicionales; la primera de ellas casi cinco años después; el 14 de enero de 1800, en Cartago, Juana Vásquez, cuya casta no consta, hija de María Vásquez y de padre no conocido, le dice al comisario Azofeifa, que:

    "al tiempo que la miró, le hizo con los ojos el dicho padre demostraciones de hablarla, y que fuera sospechosa su demostración es porque en otra ocasión fuera del convento la había solicitado torpemente y que ella no consintió a su intento".

    La Vásquez añade, que hace siete años, en el citado convento, la solicitó torpemente, fray José Antonio Julián de Castro, pero que tampoco cedió a sus "torpes" peticiones.

    Luego, en Cartago, el 20 de abril de 1804, María del Rosario Rojas, de 37 años, esposa de José Antonio Campos [u Ocampo] —labrador—, vecinos de la población de Villa Nueva (hoy San José, capital de la República), se presentó a denunciar ante el mismo comisario de la Inquisición, que hacía cuatro años:

    "fue a su parroquia a confesarse para el cumplimiento de Iglesia y al efecto se arrodilló a los pies del padre fray Domingo Arias, fraile franciscano, y llevando su confesión como a la mitad, le dijo el citado padre, que no la podía acabar de confesar, ni menos absolverla, porque tenía mal intento para ella, y que la que denunciante le respondió que ella había ido a confesarse y que no se levantaba sin absolverla, y que con esta réplica, concluyó la confesión y la absolvió y que después de absuelta presevaró [sic, perseveró, ¿será?] yendo a su casa tres ocasiones persuadiéndole a la iniquidad".

    Después, el 14 de diciembre de 1805, el nuevo comisario de la Inquisición, don Félix de Alvarado Jirón, vuelve a tomar declaración a María del Rosario Rojas y Juana Vásquez, cuando también María de Jesús Molina, natural de Cartago, de 30 años, viuda de José Antonio Calderón (con quien tuvo cuatro hijos: María de los Angeles, Manuel Antonio, Manuela de la Trinidad y Vicente de los Santos), comenta que hace siente años llevó a confesar a su hija María de los Angeles a la iglesia parroquial, donde estaba fray Domingo, cura doctrinero de Curridabat, y denuncia:

    "este dicho padre le hizo señas a la que declara con los ojos para que se llegase al confesionario y que no llevaba disposición para confesarse, mandó a su referida hija y en efecto la confesó y con la misma le mandó recado del mismo confesor para que lo fuese a ver a su posada; volvió a la iglesia al día siguiente y el la citó a su cuarto, donde la solicitó a un pecado".

    Explica que no lo había delatado porque

    "habría sido con escándalo pero que escrupulizádose la conciencia en esta próxima cuaresma se ha confesado de ello con fray Rafael de Jesús Jiménez, quien la obligó a hacer esta delación".

    En este momento, se hace una descripción física de fray Domingo Arias, quien era natural de Villa Vieja (hoy Heredia) y vecino de Curridabat, mayor de 40 años, cuerpo grueso, barrigón, de alto regular, blanco, cara redonda, picado de viruelas (como mucha gente en la época colonial lo estaba), pelo lacio y bermejo (pelirrojo), ojos grandes y despoblado de cejas. Resulta curioso que su descripción calce con el estereotipo del fraile regordete y cachetón...

    Finalmente, la última denuncia es de Josefa de la Trinidad Chavarría, soltera, de "estado honesto", hija legítima de Ventura Chavarría y Ana Josefa Quirós, labradores, vecinos de Cartago, quien cuenta, el 2 de noviembre de 1808, que hacía cuatro años la había solicitado el fraile Arias en el momento de la confesión, aunque ella no había condescendido.

    El caso es enviado a la Ciudad de México, donde el 6 de enero de 1809, se emite el mandato para que fray Domingo sea recluido en las cárceles secretas del Santo Oficio de la Inquisición, las que, por supuesto, en Cartago, no existían, por lo que fue recluido en el Convento de San Francisco de esa ciudad, pues por la distancia tan larga a la capital mexicana su traslado sería sumamente oneroso.

    Así, el cura Ramón Jiménez, alguacil mayor del Santo Oficio, y el notario de la Inquisición, don José Lorenzo Carazo, teniente de granaderos del batallón de Cartago, lo apresan; el 3 de noviembre de 1809 fue embargado.

    Veamos cuáles eran las pertenencias del fraile:

    -Una mula de silla "de andares"

    -Un caballo de silla "de andares"

    -Dos yeguas que comen en los montes de este pueblo al cuidado del fiscal Manuel Ramón, indio

    -Dos yuntas de novillos, una en Curridabat y otra en Aserrí

    -Una vaca parida que come en el Palo Grande (hoy San Rafael de Desamparados, San José)

    -Una papelera con su cerradura y llave

    -Un espejo con su cajoncito

    -La suma de Echarri [sic], dos tomos

    -Otro libro de moral del fuero de la conciencia

    -Un concilio de Castillo para instrucción de la doctrina

    -Unos breviarios, cuatro tomos

    -Dos semaneros de los oficios de la Semana Santa

    -El ajuar de andar a caballo

    -Unas espuelas de fierro

    -Una macana vieja

    -Un pabellón de hilo, una colcha, dos almohadas y una vaqueta

    -Un frasco grande y una "vinajera"

    -Un "paragua" viejo

    -Una túnica de hilo, con un hábito y sayal

    -Unas tijeras

    -Unos anteojos

    -10 pesos de dinero "que dice tiene en poder su hermano Dn. José Arias"

    -Un eslabón "que dice es del mismo su hermano"

    -Un doblón de a 16 que se le encontró "que dice se le dio de limosna por un sacerdote para donar una custodia que se está haciendo"

    -8 reales más "que dice es de una misa que no se ha dicho y está apuntada en el cuaderno que lleva"

    -Un cristalito

    -Una antepuerta de estampado

    -Dos pañuelos, que trae puestos

    -Una camisa, que trae puesta; unos calzones y otra mucha ropa que tiene en el pueblo de Aserrí.

    -El derecho que tiene a las primicias de 10 meses que ha servido al curato e igualmente en el sínodo que da Su Majestad

    Luego, el 6 de noviembre de 1809, piden a Domingo Arias que declare su genealogía, ascendente y la descendente de sus abuelos y progenitores.

    Antes, dice ser natural de Villa Vieja, de la provincia de Costa Rica, de 46 años de edad no cumplidos, que es religioso de la regular observancia de Nuestra Padre San Francisco, que hace 14 años que está de cura doctrinero de los pueblos de Curridabat y Aserrí, por obediencia de sus prelados, que hace cuatro días vino preso por orden del Santo Tribunal.

    Declara su genealogía de la siguiente manera (aquí presentaremos la genealogía como él la declara y al final, reconstruiremos el árbol genealógico de esta rama de los Arias de Heredia).

    "Padres:

    Dn. José Manuel Arias, vecino y natural de Villa Vieja, labrador de oficio y por su calidad español, el cual es ya difunto, y Da. Clara Rodríguez, su mujer, también ya difunta.

    Abuelos paternos:

    Dn. Felipe Arias, de la misma vecindad de Villa Vieja, de oficio labrador, español, ya difunto, que sabe fue casado, pero que ignora cómo se llamaba su mujer, por no haberlos conocido.

    Abuelos maternos:

    Que ignora sus nombres y presume serían labradores.

    Tíos hermanos de padre:

    Dn. Francisco Arias, labrador, español, vecino de Villa Vieja, quien sabe fue casado en primera nupcias, pero no sabe con quién, y que de estas tuvo por hijos a Dn. Adrián y Dn. Juan, que ya son muertos, como el Dn. Francisco, padre de los dichos. Que de segundas nupcias tuvo por mujer a Antonia Delgado, con quien tuvo varias hijas mujeres, cuyos nombres ignora, porque ya son muertas, y solo vive una llamada Simona Arias.

    Dn. Timoteo Arias, también labrador, que oyó decir fue casado, pero que ignora con quién, y los hijos que tuvo, por haber muerto muchos años hace.

    Dn. Elías Arias, difunto, de igual vecindad y oficio, que aunque sabe fue casado ignora cómo se llama su mujer, y que solo conoce tres hijos que viven y lo son Da. Petronila Arias, Dn. Valentín y Dn. Miguel Arias, de oficio labradores.

    Tíos hermanos de madre:

    Dijo que, si tuvo algunos, no los ha conocido ni sabe quiénes son.

    Hermanos de este reo:

    Dn. Pío Arias, de la misma vecindad, calidad y oficio, difunto, casado en primeras nupcias con Da. Gabriela Rojas, de quien tuvo seis hijas mujeres, llamadas: Gertrudis, Josefa, Estanilada, María, Juana y otra que no hace memoria de su nombre, todas vivas; que de segundas nupcias fue casado con Da. María Antonia Flores, de quien no tuvo hijos.

    Dn. José Arias, casado en primera nupcias con Da. Josefa Guzmán, de quien tuvo cuatro hijos nombrados: Apolonia, Vicente, Venancio y Toribio, todos vivos y, como todos los ya dichos, vecinos de Villa Vieja, labradores y que ignora sus edades; que de segundas nupcias fue casado con Da. Petronila de Flores, con quien no ha tenido hijos y viven ambos consortes.

    Dn. José Manuel Arias, difunto, que murió en Granada [Nicaragua], de soldado artillero y fue casado en Villa Vieja con Da. Matea Acosta, de quien tuvo dos hijos que murieron chicos".

    Luego se le preguntó por la "casta o generación" de sus padres y abuelos y los otros transversales y colaterales que ha declarado y si alguno de ellos ha sido preso, penitenciado, reconciliado o condenado por el Santo Oficio de la Inquisición.

    Asegura que "su casta y generación proviene de los Reinos de España porque todos los dichos han sido reputados por españoles en esta provincia".

    Añade que él es cristiano, bautizado, confirmado, religioso profeso, presbítero y como tal dice misa todos los días de fiesta, que ha confesado y comulgado no solo cuando manda la Iglesia sino cuando ha sentido la necesidad, que tiene bula de la Santa Cruzada y que hace un mes se confesó con fray Nazario Gallo en su celda.

    Dijo el Pater Noster, el Ave María, el Credo y el Salve Regina en latín, bien dicho, y lo mismo con los demás misterios de la Santa fe.

    Luego de varias preguntas sobre si sabe leer y sobre "el discurso de su vida" dice entre otras cosas:

    "Que aprendió a leer y escribir con el finado beneficiado don Joaquín de Quesada, en Villa Vieja, que estudió gramática en esta ciudad con el beneficiado don José Antonio Bonilla y que pasó la teología moral en el Convento de la ciudad de Granada [Nicaragua], con el finado fray Blas Hurtado.

    "Que nació en Villa Vieja, en donde se crió, aprendiendo las primeras letras, y que en la edad de diez y siete años pasó a esta ciudad a estudiar gramática, en donde estuvo por más de un año y después pasó a León [Nicaragua], en donde siguió la misma clase con los finados presbíteros don José Antonio Porras y don Manuel Tellería; que por enfermo regresó a los seis meses a esta provincia, y al cabo de un año pasó a Granada a tomar el hábito que lleva y se ordenó presbítero el año de 93, y después de estar un año en dicho convento, le destinó la obediencia a la reducción de Boruca, donde estuvo un año; luego, pasó a Pacaca [hoy Ciudad Colón], y otro poco a Barva [ambos pueblos de indios entonces], de allí a la reducción de Atirro, después a Curridabat, donde estuvo como siete u ocho años; de allí pasó a la reducción de Tucurrique y, de allí, a la de Boruca, y de esta segunda vez a la de Curridabat, en donde ha permanecido hasta la fecha en que se apresó y que en cuantas partes y lugares ha estado ha tratado con personas de su calidad en materias indiferentes".

    En este primer interrogatorio afirma no saber cuál es la causa de su prisión y asegura que no se acuerda haber dicho o hecho, ni haber visto hacer ni decir nada contra la fe.

    Firmó: Fr Domingo Arias [rubricado]

    En la segunda audiencia se le hace la segunda monición, el 8 de enero de 1809, pero afirma:

    "Que registra su conciencia y que no encuentra cosa que le remuerda su conciencia, ni contra sí, ni contra otras personas; que siempre que se ha sentado en el confesionario ha sido con toda reverencia considerando y viendo las penas que tiene el confesor y que solo se acuerda que estando confesando en esta ciudad en tiempo de cumplimiento de Iglesias hace como cinco o seis años pasó por la puerta de una casa en que vivía Benita Miranda, quien tenía dos hijas mozas a su lado y que la una de ellas le hizo mucho cariño y le pidió cuatro reales prestados, y que le dio dos o tres, que después volvió a la citada casa y le pidió un peso el que no le dio por lo que le hizo mal modo, por lo que no volvió el confesante más a la casa, que ignora si la había confesado o no".

    En la tercera audiencia se le hace la tercera monición, el 8 de enero de 1809, a ver si recuerda algo que pudiera confesar al Santo Oficio, pero asegura:

    "Que solo se le ocurre que cuando ha confesado, por jubileo o por algún otro tiempo, y que le hayan pedido bula para ganar el jubileo, o para poderlos absolver de algún reservado les ha dicho, cuando son sumamente pobres, que busquen su posada, para darles la bula, o la limosna, y que esto lo ha hecho sin malicia alguna, solo llevado de la caridad.

    "Que también reflexiona que habiendo negado la absolución a una que no quería restituir lo que había tomado se levantó enfurecida contra él, diciéndole que a mi cargo quedaba su confesión y que sospecha que agraviada de esto pueda esta mujer haberle hecho alguna acusación falsa.

    "Que aunque he registrado mi conciencia nada hallo".

    De México se manda se haga la acusación formal, la cual se hace en Cartago el 8 de mayo de 1810, cuando se enumeran los cargos por los que está preso.

    El 9 de febrero de 1810, el Dr. Manuel de Flores, desde México, había dicho que "se ha de servir mandar poner al citado fray Domingo Arias a cuestión de tormento, en el que está y se repita en su persona, hasta que confiese la verdad".

    En Cartago, fray Juan José de Oreamuno, defensor de Arias, dice que este no confesó en sus primeras audiencias pues la primera vez estaba "horrorizado tanto con la prisión que no le quedó discurso para cosa alguna" y que después de la segunda se fue acordando.

    Añade Oreamuno:

    "Cuanto a las costumbres de que es indicado suplico al supremo tribunal lo trate con indulgencia por las razones siguientes: el padre en sus estudios ha sido muy limitado y aunque parece no debía ser así por haber obtenido los empleos de reductor y cura sin embargo la escasez de religiosos de esta provincia pone a los prelados de ella en la dura precisión de colocar aun a los inexpertos en empleos que piden superiores talentos".

    Finalmente, en México, se da el fallo contra el reo Domingo Arias, el 29 de agosto de 1810 que parcialmente dice:

    "Que en atención a la ignorancia y escasez de luces de este reo, su candidez y simplicidad, se extraordinarie esta cause: que este reo sea libre de la prisión después de haber tomado diez días de ejercicios espirituales, que hará constar; que se le haga entender la misericordia con que el Tribunal lo trata; que quede privado perpetuamente de confesar hombres y mujeres; desterrado por el tiempo de diez años de la ciudad de Cartago y pueblo de San José de Aserrí, donde cometió sus delitos, diez leguas en contorno, destinado por este expresado tiempo a su convento de Granada, donde tomó el hábito, dándose al prelado por medio del comisario a quien se dirija la orden para que le remita el aviso correspondiente, encargándole el cuidado sobre la religiosidad de este reo, su conducta, reforma e instrucción; y en este cura doctrinero vean los prelados que dedican hombres ineptos al ministerio las fatales resultas y en los feligreses los adelantamientos que habrán tenido la instrucción y doctrina que pueda haber recibido de un fraile sin estudios, sin luces, cándido y simple".

    Se despachó carta a don Félix de Alvarado el 7 de setiembre de 1810.

    Mientras, el 23 de octubre de 1810, se añadió a la causa otra denuncia; es vez de Ana José Tenorio, natural de la villa de San José, de 19 años, soltera, "su ejercicio labrar algodón", que vive junto al río de Torres, hija legítima de Juan Antonio Tenorio, ya difunto, y María del Rosario Méndez.

    Ella asegura que una vez había ido como a las cinco de la tarde a hablarle al dicho padre Arias para que la confesara y que entonces le mandó entrar al aposento en donde estaba hospedado y que

    "habiendo entrado, la mordió, la abrazó y dio ósculos y le propuso que cometiera el pecado con él y ella denegándose y diciéndole que Dios la librara se salió del cuarto y se fue y el dicho padre Arias le dijo que él le buscaría otro que la confesara porque él no podía".

    Finalmente, leyeron la sentencia, que empezó a cumplir el 11 de enero de 1811, tras haber realizado los ejercicios espirituales que prevenían en el fallo.

    Luego, el 14 de abril de 1811 pide licencia para confesar y predicar; no consta si obtuvo el permiso; suponemos que no, pues el 14 de abril de 1819, en Granada, asegura haber cumplido ya su condena, aunque al 18 de abril no están seguros sobre cuándo finaliza la pena del fraile.

    Reconstrucción del árbol genealógico

    Ahora, con los datos que aparecen en el expediente y con los que contamos en las fuentes sacramentales, reconstruiremos la genealogía descendente de don Felipe Arias Alfaro y doña Victoria Jiménez.

    Por supuesto, si consultamos otras fuentes primarias, podremos completarla aún más, pero aquí solo consideramos los datos del expediente en cuestión y los matrimonios y bautizos de Heredia.

    PRIMERA GENERACIÓN

    Villa Vieja (Heredia, Costa Rica)

    Familia Arias Jiménez

    Dn. Felipe Arias, español, vecino de Villa Vieja, hijo legítimo del Cap. Andrés Arias y Da. Isabel de Alfaro; casó:

    Primera vez con Da. Victoria Jiménez.

    Hijos

    -José Timoteo Arias casó con Da. Lucía Ugalde. Sigue en II.

    -Da. María Efigenia Arias

    -Dn. Francisco Arias casó con Isabel de la Cruz y con Antonia Rodríguez. Sigue en II.

    -Dn. José Manuel Arias casó con Da. Clara Rodríguez. Sigue en II.

    -Dn. Eugenio Arias

    -Da. María Rosa Arias

    -Da. Antonia Arias

    -Dn. Manuel Elías Arias casó con Da. Juana Manuela González. Sigue en II.

    -Dn. Mateo Cornelio Arias

    -Dn. Ventura Arias

    Dn. Felipe Arias casó segunda vez con María Rojas.

    -Sin sucesión

    SEGUNDA GENERACIÓN

    Villa Vieja (Heredia, Costa Rica)

    Familia Arias Ugalde

    [Dn.] Timoteo Arias, español, labrador, vecino de Villa Vieja, hijo legítimo de Dn. Felipe Arias y Victoria Jiménez; casó con Da. Lucía Ugalde (hizo testamento en Villa Vieja, el 30 de julio de 1781).

    Hijos:

    -Antonio Jacinto Arias (bautizado en Villa Vieja, el 20 de agosto de 1740) casó con Da. Antonia Sancho.

    -María Manuela Arias (bautizada en Villa Vieja, el 26 de julio de 1752) casó en la misma villa con José Ignacio González.

    -[Dn.] Luis Arias (bautizado en Villa Vieja, el 22 de octubre de 1763; hizo testamento en Heredia, el 7 de diciembre de 1814) casó primera vez con con Da. Cunegunda Pérez Reyes; y segunda vez en Villa Vieja, el 24 de mayo de 1797, con Da. Manuela Morales Huesca; y tercera vez, en la misma villa, el 14 de enero de 1813, con Da. Liberata Solís Herrera.

    -María Josefa Arias casó con Trinidad Alfaro.

    -Dn. Tomás Arias casó en Villa Vieja, el 4 de mayo de 1781, con María Bernarda Salas.

    -Martina Arias (hizo testamento en Villa Vieja, el 23 de junio de 1804), soltera.

    Villa Vieja (Heredia, Costa Rica)

    Familias Arias Cruz y Arias Rodríguez

    [Dn.] Francisco [de la Trinidad] Arias, español, labrador, vecino de Villa Vieja, hijo legítimo de Dn. Felipe Arias y Victoria Jiménez; casó:

    Primera vez con Isabel de la Cruz, hija legítima de Agustín de la Cruz y Angela María de Segura.

    Hijos:

    -[Dn.] Juan Francisco Arias (bautizado en Villa Vieja, el 28 de octubre de 1747) casó en la misma villa, el 26 de enero de 1775, con [Da.] María de la Rosa González Villalobos.

    -Pedro Manuel Arias (bautizado en Villa Vieja, el 20 de julio de 1752)

    -María Josefa Arias casó en Villa Vieja, el 11 de noviembre de 1780, con Francisco Argüello.

    -Da. María Josefa Arias casó en Villa Vieja, el 12 de mayo de 1784, con Manuel Guzmán.

    -Ana Arias casó en Villa Vieja, el 26 de julio de 1795, con Juan Miguel Delgado.

    -Dn. Adrián Arias [citado por su primo fray Domingo].

    [Dn.] Francisco Arias casó segunda vez, en la misma villa, el 28 de octubre de 1774, con Da. María Antonia Rodríguez, hija legítima de José Antonio Rodríguez y Candelaria Quesada.

    Hijos:

    -Juan José Arias (bautizado en Villa Vieja, el 3 de enero de 1776)

    -Simón Arias (bautizado en Villa Vieja, el 17 de mayo de 1778)

    -Francisca de la Cruz Arias (bautizada en Villa Vieja, el 17 de setiembre de 1780)

    -María Simona Arias (bautizada en Villa Vieja, el 23 de marzo de 1783)

    -Nicolasa Arias (bautizada en Villa Vieja, el 12 de setiembre de 1785)

    -José Miguel Arias (bautizado en Villa Vieja, el 18 de diciembre de 1787)

    -Rafaela Arias (bautizada en Villa Vieja, el 15 de febrero de 1789)

    -Petronila Arias casó en Villa Vieja, el 6 de febrero de 1796, con José del Rosario [sic].

    -Da. María Arias casó en Villa Vieja, el 2 de octubre de 1799, con Juan Miguel Delgado.

    Villa Vieja (Heredia, Costa Rica)

    Familia Arias Ugalde

    [Dn.] José Manuel Arias, español, labrador, vecino de Villa Vieja, donde fue bautizado el 19 de abril de 1722, hijo legítimo de Dn. Felipe Arias y Victoria Jiménez; casó con Da. Clara Rodríguez.

    Hijos:

    -María de la Asunción Arias (bautizada en Villa Vieja, el 13 de junio de 1755)

    -Antonio Arias (bautizado en Villa Vieja, el 15 de mayo de 1757)

    -[Dn.] José Ildefonso Arias (bautizado en Villa Vieja, el 20 de junio de 1762) casó, primera vez, en la misma villa, el 4 de febrero de 1782, con Da. Josefa Micaela Guzmán Herrera; y segunda vez, en la misma villa, el 26 de noviembre de 1794, con Da. Petronila Flores Zamora.

    -Fray Domingo Arias (nació hacia 1763), franciscano, procesado por la Santa Inquisición, por el delito de solicitación 1810.

    -Francisca Arias (bautizada en Villa Vieja, el 25 de junio de 1764)

    -José Manuel Arias, artillero, (bautizado en Villa Vieja, el 7 de julio de 1767; murió en Granada, Nicaragua, antes de 1809) casó en la misma villa, el 7 de enero de 1790, con Da. Matea Acosta Pérez.

    -María Arias casó en Villa Vieja, el 10 de agosto de 1772, con José Manuel Núñez.

    -[Dn.] Pío Quinto Arias casó primera vez, en villa vieja, el 25 de enero de 1775, con Francisca Javiera Rojas Herrera; y segunda vez, en la misma villa, el 8 de enero de 1806, con [Da.] María Antonia Flores Zamora.

    -María Antonia Arias casó en Villa Vieja, el 7 de julio de 1774, con Juan de la Rosa Fonseca.

    Villa Vieja (Heredia, Costa Rica)

    Familia Arias González

    [Dn.] Elías Arias, español, labrador, vecino de Villa Vieja, hijo legítimo de Dn. Felipe Arias y Victoria Jiménez; casó con Da. Juana Manuela González.

    Hijos:

    -Dn. Valentín Arias (bautizado en Villa Vieja, el 3 de febrero de 1756; hizo testamento en la misma villa, el 22 de abril de 1814) casó en la misma villa, el 29 de julio de 1777, con Da. Mariana Huesca Vargas.

    -Dn. Isidoro Vicente Arias (bautizado en Villa Vieja, el 5 de abril de 1758) casó en la misma villa, el 22 de setiembre de 1776, con Da. María del Carmen Guevara.

    -[Da.] Petronila Arias (bautizada en Villa Vieja, el 18 de julio de 1761) casó en la misma villa, el 20 de octubre de 1779, con Eusebio Arias.

    -José Nicolás Arias (bautizado en Villa Vieja, el 6 de enero de 1763)

    -Miguel de la Trinidad Arias (bautizado en Villa Vieja, el 3 de octubre de 1771) casó en la misma villa, el 8 de setiembre de 1790, con [Da.] María de los Santos Ramos Ugalde.

    Observaciones finales

    Por último, quiero acabar con algunas observaciones generales de carácter genealógico.

    Siempre la memoria familiar es variable; asimismo, siempre hay algún miembro que conoce mejor a los integrantes de su familia pero, en general, esta memoria es frágil, fragmentaria y selectiva (generalmente por razones subjetivas).

    Esto, como vemos en el caso que nos interesa, es así desde hace cientos de años.

    Por ejemplo, fray Domingo de Arias solo sabe el nombre de su abuelo paterno, pero no el de su abuela; además, añade que no los conoció, lo que explicaría el que no sepa mucho de ellos.

    Incluso ignora los nombres de sus abuelos maternos, pero no da mayores explicaciones; podría presuponerse aquí que su madre no era producto de relaciones matrimoniales y hubiese una intención de ocultar ese hecho, aunque tal desconocimiento podría deberse a que no hubiese conocido a sus abuelos (pero ¿por qué no lo explica?) ni a sus tíos maternos (en este caso díce "que, si tuvo algunos, no los ha conocido ni sabe quiénes son...").

    Por otro lado, cuando le preguntan por sus "tíos hermanos de padre", fray Domingo solo da el nombre de tres tíos varones, aunque sabemos que Felipe Arias y Victoria Jiménez tuvieron 10 hijos; es posible que los seis tíos y tías que no cita hayan muerto sin descendencia, tal vez mucho tiempo antes, o que hubiesen muerto con descendencia que el fraile franciscano no conoció. Además, cuando preguntan por "tíos", él siempre da solo el nombre de tíos varones; ¿será que él interpretaba que solo le preguntaban por el nombre de los varones? Lo mismo pasó cuando le preguntan por los "hermanos de este reo", pues solo da nombre de varones, aunque sabemos que tuvo al menos dos hermanas casadas...

    De igual manera comprobamos la fragilidad de su memoria genealógica pues ignora el nombre de algunas de sus tías políticas y el de varios de sus primos hermanos, pero esto puede deberse también a que fray Domingo salió de su lugar natal desde los 17 años y nunca volvió a vivir en Villa Vieja, según se deduce de su declaración.

    Ahora bien, las declaraciones del fraile franciscano nos han permitido completar el árbol genealógico (descendente) de los Arias Jiménez pues se pudo corroborar la filiación de Dn. Timoteo y Dn. Elías Arias Jiménez con sus padres; asimismo, se pudo añadir a esta genealogía a Dn. José Manuel Arias (casado con Da. Clara Rodríguez), de quien no constaba filiación en los documentos sacramentales.

    De todos los primos hermanos que cita, no se pudo confirmar el de Dn. Adrián Arias, hijo de Dn. Francisco Arias Jiménez. Habrá que profundizar la investigación a ver si se corrobora.

    Finalmente, pudimos incluir en esta genealogía a fray Domingo Arias...


    Mauricio Meléndez Obando
    Apartado postal 1771-1002
    Paseo de los Estudiantes
    San José, Costa Rica


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