Edición 3

Los cambios de apellido durante la Colonia

Mauricio Meléndez Obando

En esta columna trataré brevemente sobre las posibilidades de análisis que plantean los cambios de apellido, a veces inexplicables en apariencia, pero que abren importantes vetas de investigación en la genealogía colonial de Costa Rica (en realidad, de América Latina en general).

Asimismo, reseñaré tres apellidos costarricenses, algunos muy comunes. Todos ellos sufrieron algún cambio que servirá para ejemplificar la división propuesta más adelante. Asimismo, entrego a nuestros lectores una lista -no exhaustiva- de apellidos que sufrieron transformaciones durante la época colonial.

Uno de los fenómenos más frecuentes con los que tiene que lidiar el genealogista en sus investigaciones para el periodo colonial en particular es el cambio de apellido. Este se dio en todos los niveles de la sociedad, aunque -según mi criterio- fue mayor en los estratos de españoles pobres y aquellos grupos que fueron resultado de la mezcla (mestizos y mulatos). Esto por cuanto la pertenencia a una familia prestigiosa frenaba la velocidad de los cambios, aunque no la hacía desaparecer del todo (si no, véase el paso de López del Corral a Corral y, finalmente, a Corrales). Fue particulamente fructífero en quienes son consignados como hijos de padres no conocidos, es decir, en los tradicionalmente llamados "hijos naturales" o "bastardos" (véase estos términos en el glosario) y en los esclavos y los esclavos libertos.

Los apellidos compuestos, por ejemplo, se acortaron por la tendencia a simplificarse que tiene la lengua y porque en el trato cotidiano era más sencillo utilizar un solo apellido. Así, por ejemplo, de López Conejo resultó Conejo; de Bonifaz del Corral y López del Corral, Corrales; Sancho de Castañeda se redujo a Sancho; Cascante de Rojas, a Cascante y Avila Hidalgo, a Hidalgo, entre otros muchos.

Algunos, además de acortarse, se modificaron notoriamente. Sendín de Sotomayor pasó a Sandín, que luego terminó en Sandí. Su segunda parte se suprimió.

El uso de "de" o "del" comenzó a caer en desuso en Costa Rica a fines del siglo XVII y ya para principios del XIX solo ciertas familias lo conservaron: algunos del Valle, por ejemplo.

Uno de los factores que más influyó en estas transformaciones fue la forma como los demás llamaban a un individuo o el prestigio que tenía un linaje en la sociedad.

La educación, por su parte, contribuyó a que un apellido no sufriera cambios, pues un individuo que supiera cómo se escribía el suyo más fácilmente podía explicar a sus descendientes y a los demás la forma original.

A esto se unen los cientos de antepasados negros e indios de los ticos, a quienes les fueron impuestos apellidos españoles en la época colonial.

Además, hace 200 años no todos iban a la escuela, por lo que muchos cambios se producen por ignorancia, de los portadores del apellido o de los "tinterillos". No obstante, en algunos casos, estas modificaciones ortográficas podrían responder más bien al deseo de diferenciarse de las demás familias que llevaban el mismo apellido.

Por un motivo u otro, surgieron en Costa Rica varios apellidos con dos ortografías: Jaen proveniente de Jaén, Macís (de Masís), Moreira (de Morera), Chávez (de Chaves), Benavídez (de Benavides), Chévez (de Cheves) y Cortez (de Cortés).

¿Quién no recuerda haber dicho alguna vez /estógamo/ o /murciégalo/? Este tipo de modificación, tan frecuente en el lenguaje infantil, se llama metátesis.

Así como este, hay decenas de fenómenos lingüísticos más que han provocado variaciones en nuestro idioma y lo siguen haciendo porque este -como toda actividad relacionada con el ser humano- está en un proceso dinámico y constante de transformaciones.

Los apellidos no están exentos de estos cambios. Por ejemplo, Bogantes, Otárola y Baldares son metátesis de Govantes, Otálora y Bardales, respectivamente.

Govantes data de fines de siglo XVII, cuando su forma original empieza a alternar con la variación (además, la /v/ se cambió por /b/). Otálora es también de fines del siglo XVII y Bardales es citado por primera vez en Costa Rica mediados del siglo XVIII, cuando su forma alterada ya se registra.

Pero los cambios lingüísticos responden a una dinámica particular de cada idioma que los especialistas ya han analizado y descrito, y muchas modificaciones propuestas por algunos genealogistas costarricenses son totalmente infundadas.

Una de ellas es que Lizondo y Lizano tienen un mismo origen, lo cual es incorrecto pues hay constancia documental de que se trata de apellidos distintos.

Bartolomé Lizano, quien había venido del puerto de Santa María, en España, se casó en Cartago en 1689 con Margarita de Halhavilla, hija legítima de Antonio de Castro y María de Arrieta. El alférez Bartolomé y Margarita, quienes se establecieron en el Valle Central, son los abuelos de la mayoría de los Lizano en el país.

Por su parte, los Lizondo (muy a menudo citados en el siglo XVIII como Lizondro, o Lisondro, (hoy Elizondo) son descendientes de Juan Matías Bautista Lizondo -hijo de Juan Matías Bautista Merino (bautizado en Cartago, en 1619) y Ana de Aguilar-, quien casó en la Vieja Metrópoli, en 1666, con Francisca Guzmán de Benavente. El alférez Juan Matías y doña Francisca son los antepasados de la mayor parte de los Elizondo del país.

Asimismo, cuando una mujer enviudaba y se casaba en segundo matrimonio, los hijos del primer marido eventualmente adoptaban el apellido de su padrastro o viceversa -los hijos del segundo matrimonio eran conocidos con el apellido del primer esposo-.

Por otra parte, los extranjeros de lengua no hispana llegados al país en tiempos remotos también sufrieron cambios: Cartín (irlandés, probablemente de McCarthy) y Bolandi (sueco, Volante), entre otros.

Además, antes del siglo XVIII, el sistema hispano de transmisión de apellidos podía resultar -a nuestros ojos- un caos. Así, hermanos carnales podían utilizar apellidos completamente diferentes pues cada uno empleaba el de alguno de sus progenitores, abuelos o hasta bisabuelos. (Véase árbol genealógico de los Rodríguez Moreno.)

Arbol genealógico de familia Rodríguez Moreno

Así, por ejemplo, los hijos del capitán español Francisco de Ocampo Golfín y la criolla "costarricense" doña Inés de Benavides, quienes vivieron en Cartago a fines del siglo XVI y principios del XVII, se llamaron: Juana de Figueroa Moscoso, María de Sandoval Ocampo, Inés de Benavides, Diego de Ocampo Figueroa, José de Sandoval Ocampo y fray Alonso de Sandoval Ocampo.

Quizá herencia de este sistema medieval de transmisión de apellidos (al que me referiré en otra columna) es que hace tres siglos infinidad de individuos usaban hasta tres apellidos distintos.

Esa alternancia en el uso de apellidos y nombres durante la Colonia y aun después de la Independencia, este torbellino de transformaciones, constituye -como ya dije- uno de los principales escollos que deben superar los investigadores cuando hacen estudios genealógicos o históricos.

Propuesta de clasificación de cambios en los apellidos

  • Ejemplos de cambios lingüísticos de apellidos
  • Ejemplos de apellidos compuestos que se simplificaron

    Estudios de casos:

    Familia Cerdas Quirós
    Familia Ruiz Rivera
    Familia Tristán

    Apellidos estudiados hasta ahora:

    Arias

    Barbosa

    Barquero

    Fallas

    Rojas

    Solano

    Soto

    Ureña

    Víquez


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