La Nación Digital. Columna Raíces

Edición 18

Yolanda Oreamuno Unger

Textos escogidos

Mauricio Meléndez Obando

Aquí he recogido algunos fragmentos de sus ensayos y una carta.

La no necesidad de lucha trae como consecuencia, un deseo de no provocarla, de rehuirla. Preferimos no hacer frente: abstencionismo. Al que pretende levantar demasiado la cabeza sobre el nivel general, no se le corta. ¡No!... Le bajan suavemente el suelo que pisa, y despacio, sin violencia, se le coloca a la altura conveniente.


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El ambiente tico y los mitos tropicales. 1938

El choteo es un arma blanca, ¡blanca como una camelia!, que se puede portar sin licencia y se puede esgrimir sin responsabilidad. Tiene finísimos ribetes líricos, de agudo ingenio; sirve para demostrar habilidad, para aparecer perito, para ser oportuno, filosófico y erudito. Afecta características distintas: es empirismo sociológico, y empirismo freudiano. Además, contra tan fina y elegante arma no hay defensa. Usted la encuentra esperándole en la boca de su mejor amigo, en la mano de su colaborador, en el periódico matutino y en el vespertino; en todas partes. Y lo que es más; usted es corajudo, sutil y llama "al pan, pan y al vino, vino" si la sabe usar con acierto. Tiene la ventaja indudable de que usted no necesita respetar a nada ni a nadie, y que no se requiere mayor profundidad para su ejercicio. Creo que el único tecnicismo verdadero de que podemos alardear, y sus "profesionales", los solos expertos en que abundamos.

El ambiente tico y los mitos tropicales. 1938

Max Jiménez hace bien en ir a buscar a otros sitios gente a quien mostrarle su dación artística, ya que la mayoría de los nuestros, por inamovible indiferencia nacional, o por las mediocres rencillas de pantano que infestan el ambiente, consideran desvalorizada su granítica dignidad en darse por simplemente enterados.

El último Max Jiménez ante la indiferencia nacional

Desde que comienza la educación de nuestra mujer en el hogar se plantea ya su contradictoria situación: ¿Se educa a nuestras muchachas para que sean buenas señoras de casa, correctas esposas y fuertes madres, o se las educa para que tomen una activa parte en el conjunto social, dentro y fuera del hogar? Si es exclusivamente lo primero, entonces la labor del Colegio en sí está reñida esencialmente con la educación familiar, desde donde se malea la personalidad de la mujer haciéndola creer que su único destino está en el matrimonio. El Colegio no pretende eso; el Colegio procura capacitar, que no otro propósito es el de los múltiples conocimientos que ahí se imparten.

¿Qué hora es...? 1933

Ensayo presentado en un concurso del

Colegio Superior de Señoritas

Hemos realizado con gran dificultad nuestra capacidad de trabajo, la comprensión de que la sociedad nos necesita y nos acepta así porque somos útiles. Y no hemos realizado plenamente que somos capaces, en la misma proporción, de pensar, de juzgar y de razonar. En determinados casos hasta hemos liberado nuestra situación económica de la tutela del hombre y, sin embargo, nuestro pensamiento permanece atado indefectiblemente al razonamiento masculino. No sabemos de nosotras mismas sino lo que el hombre nos ha enseñado. Y puedo decir sin miedo que son muy pocas las "mujeres de hoy" que se sienten con el derecho de formular libremente una opinión y de establecer su propia ruta de pensamiento. No se puede izar bandera sin tener asta. Precisamente, lo que nos falta a las mujeres de hoy.

¿Qué hora es...? 1933

La obra de arte, ya sea esta literaria, o plástica, no se logra con la sucesión de páginas o dibujos agradables, ni se destruye por un número apreciable de cursilerías o errores. Los trabajos maestros de la mente humana en el terreno del arte, están llenos de tales equivocaciones, así como las malas novelas y los malos cuadros tienen muy frecuentemente aciertos ocasionales. La obra de arte, con errores o sin ellos, se produce porque el autor logró dar un nuevo mensaje, interpretar un momento trascendente, pintar la esencia de un pueblo, abrir un camino, responder a una necesidad vital.

Max Jiménez y los que están

Ya ves, pues, corazón, que los hombres no existen, y que en mi caso concreto, yo los invento. Tengo una capacidad para la aventura del ingenio que tú ya conoces, y una capacidad también inaudita para la ternura. Con estos dos elementos no es difícil prenderse de cualquiera y crear de lo que puede se una cosa, o un mueble, o un concepto, o una idea, o una fórmula, ese ser precioso, escaso como los ángeles, que se llama un hombre. En él había suficiente madera, talvez piedra, para que yo estuviera en la posibilidad de modelar sobre él. No es difícil hacer de alguien que es hombre un hombre, y él lo es. Pero sí es más difícil (y de ahí mi fracaso), el hacer de un hombre habitado por conceptos un ser enamorado. Hice alguien que a mí me amaba, de un hombre indiferente y demasiado maduro para que sobre él algo se pudiera reencontrar. Siempre mis sueños serán una dación hermana que nunca encuentro ni encontraré. Debo concretarme a ver mi grande aventura como una aventura sin esperanza en que lo maravilloso no está en lo que se descubre, sino en el viaje por ella. Cada hombre ha de ser para mí un continente de magia que yo creo, no importa cuán mediocre el hombre sea. Debo quedarme con mis sueños, con mi sed de tierras peligrosas halladas en el interior de un ser humano y vivir no más para esa ruta, o enmohecerme en la tremenda soledad que tan mal soporto y renunciar al lujo de estos sueños que se terminan cuando mis hombres-fantasmas descubren la realidad. ¡Pobrecitos! Debo pensar que después que me voy han de sentirse muy solos; y no porque le haga falta, sino porque les ha de hacer falta "ellos mismos", ese ellos mismos que no es ellos mismos, sino el ellos mismos creado por mí, y que al faltar yo, no vuelven a encontrar. Les hago sentirse machos, saberse dueños, creerse grandes; los hago soñar, les descubro horizontes y todo parece mientras yo estoy proceder de ellos mismos. Pero yo me voy y entonces quedan reducidos a su tamaño de antes, a su traje de todos los días, a su mundo sin magia y sin embrujos, a su estatura medida en metros y centímetros, a sus aspiraciones mediocres, a todo lo que son y que por un lapso, más o menos corto, han dejado de ser. Y lo fantástico es que me abandonan porque creen haberse hallado a ellos mismos y bastarse a ellos mismos, en ese personaje, en ese ángel que yo extraigo de su más recóndita miseria. ¡Pobrecitos!

Talvez sólo yo me salvo porque dispongo del territorio inédito de mi fantasía. Y como quizás vengo de piratas, puedo siempre disponer un nuevo viaje por la geografía de un hombre nuevo, que pienso a veces si no podrá ser cualquiera, dada mi capacidad creativa para inventarlos. Yo sigo yéndome, viajando, descubriendo las islas de la agonía propia y los montes de la estupidez ajena. Pero de todo se halla en los viajes. Hay momentos de angustias y terrores de muerte, instantes de gloria y amaneceres tan blancos, tan claros que casi paren ese eterno y por siempre deseado "amanecer" en singular, que todos esperamos. ¿Es esto estar por las derrotas, o estar por las glorias? No lo sé.

Carta a Lilia Ramos, 1950.

Bibliografía y otras fuentes

Macaya, Emilia. Espíritu en carne altiva. Editorial de la Universidad de Costa Rica. San José, 1997.

Oreamuno, Yolanda. A lo largo del corto camino. Editorial Costa Rica. San José, 1961.

Sanabria Martínez, Víctor Manuel. Genealogías de Cartago hasta 1850. VI tomos. San José, 1957.

Sanabria Martínez, Víctor Manuel. Genealogías de San José. Incompletas e inéditas.

Valbona, Rima de. La narrativa de Yolanda Oreamuno. Editorial Costa Rica. San José, 1996.

Artículos de revistas especializadas y de periódicos nacionales.


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