MIERCOLES 1 DE SETIEMBRE

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NELSON MANDELA

El liberador

Mandela celebró su cumpleaños número 80 con su nueva esposa, Graca Machel.
Nelson Rolihlahla Mandela era todavía un niño cuando sintió en carne propia el sinsabor de la humillación. Un burro lo lanzó al suelo frente a sus amigos en la aldea de Qunu —en Suráfrica— y su dignidad de niño se desplomó de golpe. Fue un tímido vaticinio de las humillaciones que habría de sufrir en años posteriores, cuando 27 años de cárcel lo convirtieron en el prisionero más famoso del mundo.

Mandela, premio Nobel de la Paz en 1993, presidente de Suráfrica durante un lustro y artífice de la democracia en un país dominado durante años por el apartheid (o segregación racial oficializada), forjó su conquista con décadas de tormentos.

Nunca pudo entender por qué a los 7 años, cuando su padre decidió enviarlo a la escuela (algo totalmente inusual entre los niños de su aldea), la maestra le quitó su nombre de pila, Rolihlahla, para imponerle uno en inglés. La educación que recibió de pequeño partía de una premisa: la cultura británica era superior a la africana.

Azuzado por las estampas cotidianas del apartheid, Mandela se unió al Congreso Nacional Africano (CNA) en 1944 con el coraje de cambiar una historia de siglos.

Frutos en el encierro

Pese a que usó siempre la estrategia de la no violencia y la resistencia pasiva, en 1956 se le enjuició por traición junto a otros 156. Fue absuelto en 1961 para empezar, un año después, su larga estadía en prisión, cuando el gobierno de minoría blanca de Suráfrica lo condenó a cadena perpetua por “conducir una campaña de sabotaje contra el apartheid.”

Pero la cárcel no lo convirtió en víctima y, más bien, siguió dirigiendo su lucha desde allí.

Con el arribo al poder del presidente Frederik de Klerk, Mandela empezó a ver luz al final del túnel y el 2 de febrero de 1990, el entonces mandatario levantó la proscripción contra el CNA y anunció la liberación del dirigente negro.

Lo esperaba entonces un nuevo reto: el de unificar a un pueblo dividido y resentido. En 1991, Mandela llegó a la presidencia del CNA y tres años más tarde, a gobernar su país.

El resto de la historia tampoco ha sido fácil. Mandela no está ya con Winnie, su segunda esposa y quien se mostró incondicional durante su encarcelamiento; algunos miembros de su gobierno han sido acusados de corrupción; el pueblo surafricano clama por empleo y mejores condiciones de vida en un país devastado por la avaricia de los blancos...

Es cierto, Nelson Mandela ha cometido errores, pero todos se opacan cuando se les mide con la herencia que legó a su país y el mensaje que ha dado al mundo entero.

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