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En Costa Rica

El legado de Clorito

Enrique Tovar


Clodomiro Picado: el más universal de los científicos costarricenses.

"Lo que necesitamos es la armonía con la vida, que nos llegue la muerte natural como llega el sueño, tras un día de fatiga."

Había dejado escrito el anterior pensamiento a manera de anuncio de lo que había de ser su partida física de este mundo. En la tarde del 16 de mayo de 1944, se reclinó en el sillón donde acostumbraba descansar, leer el periódico y revisar sus estudios, y en un leve sueño se fugó hacia la eternidad.

Su vida entera había sido de laborioso estudio en los laboratorios y en los libros, apegado a la constante investigación, de silenciosa reflexión y proceder sencillo, lejos de los aspavientos aunque preocupado por el bienestar de los semenjantes.

El más universal de los científicos de Costa Rica, el Dr. Clodomiro Picado Twight -más conocido como Clorito-, le dejó a nuestro páís, y a la humanidad en general, un copioso legado fruto de sus múltiples años de investigación en los diversos campos de las ciencias biológicas.

La primera información que corrió en el ámbito popular sobre este prominente investigador, fue su participación en el descubrimiento de la penicilina.

Se dice que estuvo a punto de alcanzar el descubrimiento antes que el bacteriólogo inglés Sir Alexander Flemming, y que sus estudios perliminares dieron la pista para este hallazgo.

La verdad es que Clorito fue uno de los precursores de la penicilina. En 1923 obtuvo un maravilloso medicamento para el tratamiento y curación de ciertas enfermedades, entre ellas la tifoidea y la paratifoidea. Ello fue posible gracias al aislamiento que hizo de una sustancia extraída de los hongos del mismo género.

Picado hizo llegar los resultados de esos trabajos a la Sociedad de Patología Vegetal de Entomología Agrícola, en Francia. Posteriormente, en 1927, la Sociedad de Biología de París publicó el informe en el cual quedaban claramente expuestas las curaciones que el Dr. Picado obtuvo en pacientes a los que aplicó viejos caldos de levadura o cultivos de hongos.

Las investigaciones de nuestro compatriota se constituyeron en el principio real y eficaz para que Flemming, finalmente, concretara el descubrimiento de la penicilina, es decir, la destrucción de bacterias por los caldos de hongos del género Penicillium.

Se estima que Clorito Picado prudujo entre 120 y 200 estudios sobre diversos aspectos de las ciencias, uno de los legados más grandes que científico alguno haya dejado en América Latina.

Pese a trabajar con las uñas y vivir en un medio extremadamente pobre como fue la Costa Rica de la primera mitad de este siglo, el Dr. Picado investigó pertinazmente, escribió y anotó sin fatigas sus observaciones, y los laboratorios del Hospital San Juan de Dios lo vieron de noche y de día en una tarea sin tregua.

Entre sus obras principales se pueden mencionar Las bromeliáceas epífitas consideradas como medio biológico, La fauna de las bromeliáceas epífitas, Vacunación contra la senectual precoz, Investigaciones sobre fisiopatología tiróidea, Nuestra microbiología doméstica, El Mueso Pasteur de Estrasburgo, y Serpientes venenosas de Costa Rica.

Hijo de dos naciones

El origen del Dr. Picado Twight está dentro de ese fenómeno de relaciones estrechas entre las sociedades de Nicaragua y Costa Rica, que ha producido hijos comunes que han ocupado puestos de importancia. Entre ellos se puede citar al bachiller Osejo, al Lic. Ascención Esquivel y a don Máximo Jeréz, y más recientemente al Lic. Rafael Angel Calderón Fournier.

Clorito nació el 17 de abril de 1887 en San Marcos de Jinotepe, en Nicaragua, pero brilló en Costa Rica, pues cuando tenía tres años sus padres -vecinos de Cartago- se lo trajeron a nuestro país. Ellos fueron Clodomiro Picado Lara y Carlota Twight Dengo, dama de origen inglés.

En el Liceo de Costa Rica obtuvo en 1906 el título de bachiller. En vista de sus excelentes notas, el Congreso lo becó, dos años después, para que estudiara en Francia, y en la Universidad de La Sorbona también destacó por sus excelentes calificaciones.

De París regresó con tres títulos: diplomado en estudios superiores de zoología y de botánica y doctorado en ciencias naturales.

Sin embargo, no todo fue color de rosa para Clorito, pues cuando se produjo el terremoto de Cartago de mayo de 1910, y el país, por esa tragedia, entró en una situación crítica, le fue suspendida la beca. Tuvo que volver a Costa Rica y esperar por mejores tiempos para poder continuar sus estudios en el exterior.

En 1914, cuando retornó a la patria, se incorporó de lleno al Hospital San Juan de Dios y en su laboratorio de análisis clínicos realizó numerosas investigaciones. En ese sitio se enclaustró prácticamente hasta poco antes de su muerte.

Muchos puestos ocupó en sus 57 años de existencia y muchos galardones recibió también. Formó parte de numerosas organizaciones científicas, a muchas de las cuales ningún otro costarricense ha podido acceder. Entre ellas cabe destacar la Sociedad de Patología Exótica de París, la Sociedad de Biología de Bolivia, la Sociedad Mexicana de Biología, Zoología y Botánica, y la Junta Americana de Estudios Biológicos de Uruguay.

No obstante su vida retirada -propia de los verdaderos científicos- y dedicada a la enseñanza, el Dr. Picado fue una persona sensible, interesada en los problemas nacionales, aunque nunca se dejó llevar por la tentacíon de participar en la política.

Tuvo un constante contacto con la gente del campo, debido a sus investigaciones. Ello lo llevó incluso a promover una ley de defensa del ofidismo, con la cual se obligó a los dueños de las fincas y haciendas a tener reservas de suero antiofídico para proteger a los trabajadores de las mordeduras de serpientes. En la época en que le tocó vivir, se vivían situaciones de verdadera falta de humanidad, pues a veces los dueños arrojaban de sus propiedades a los jornaleros víctimas de las víboras para que murieran afuera.

El 21 de diciembre de 1943, cuando ya los síntomas de su enfermedad lo aquejaban sin misericordia, el Congreso le concedió el título de Benemérito de la Patria.




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