Alexandre Guimaraes.

El vuelo del estratega

Alexandre Guimaraes le dio un giro a la Selección para dirigirla hacia el Mundial 2002

Roberto García H.
Para La Nación

"¡Muy bien, güevón!". Eufórico –como pocas veces se permite a sí mismo– Alexandre Guimaraes abrazó a Hernán Medford sobre el zacate del Coloso de Santa Úrsula, de inmediato a la victoria del 16 de junio, cuando la marea roja se desbordó en el estadio Azteca y ensartó su daga histórica en el desánimo de las casacas verdes.

Minutos antes, tras el pitazo final del partido México 1-Costa Rica 2, Hernán había expresado a la prensa que le devolvía el favor a su entrenador, porque este, 11 años antes, a la sazón compañero de equipo, le puso un pase que permitió al delantero decretar el segundo gol nacional ante Suecia, concreción que selló el paso de la Tricolor a la segunda fase de aquel Mundial Italia 90.

Además:
  • Así es Guima
  • Alexandre Borges Guimaraes nació en Maceio, Alagoaeas, en el nordeste de Brasil, el 7 de noviembre de 1958. El hijo de Luis De Souza Borges y de María Guimaraes es el menor de cuatro hermanos. Vino a este país porque su padre, médico de profesión, fue traído por la Organización Panamericana de la Salud en 1971, para luchar contra la malaria.

    De su infancia en Brasil nació su amor por la pelota. Los cuadernos quedaban en cualquier sitio tras las clases en la escuela Braga Carneiro. Y el Flaco iba feliz a jugar con el balón, a conocer sus rebotes, a hurgar en sus secretos. "Siempre vivimos en calles cerradas que me hicieron entender que mi única salida era la bola".

    Descuelga teléfonos. Baja las cortinas de la habitación. En su hogar o en cualquier hotel del mundo. Cierra los ojos, procura mantenerse inmóvil y se sumerge en espacios de introspección. "Para mí, la soledad es una aliada, una forma de recargar energía, de revisar actuaciones, de replantear caminos", confesó el estratega en una reciente entrevista.

    En esa oportunidad, Guima también reveló que se saca el estrés a punta de raquetazos, jugando al tenis, y que sigue un código ético, personal.

    "Tengo valores bien cimentados en el hogar, que me han servido de guía. Vivo el presente al máximo. No veo mucho para atrás ni proyecto tanto el futuro. Sé que soy un carajo que tiene un don, una misión definida. Siento una especie de espada del caballero que me señala y marca un destino.

    "Desconfío del tiempo calmo. Sé que, en esta profesión, la paz que se respira en un lapso determinado, suele cambiar de súbito. Por eso, ni me desborda la victoria ni me deprime la derrota. En tránsito por la cuerda floja, he aprendido a llevar la varilla bien balanceada. Porque abajo no hay red.

    "Me permito llorar, aunque lo que se llama llorar, a lágrima viva, tengo rato de no hacerlo. Como que me queda algo atravesado. Y al percatarme de que me podrían ver, me contengo al máximo. Se vuelve uno medio paranoico. Y eso es jodido".

    Un paso natural

    En 1991 fue separado de la primera división del Saprissa, su equipo del alma, por recomendación de Rolando Villalobos, director técnico que adujo entonces que Guimaraes no se ajustaba al ritmo rápido que pretendía imponer.

    Antes de colgar los tacos, recaló en el equipo turrialbeño y comenzó entonces su exitosa aventura como director técnico.

    Muchos lo criticaron por su actitud pasiva en la primera fase del Mundial 2002, donde fungió como asistente técnico de Gilson Nunes. En varias oportunidades, Guima tuvo que observar los partidos desde la gradería, una clara evidencia de los problemas de comunicación que se suscitaron entre Nunes y Guimaraes en dicho período.

    No obstante, desde su designación como técnico de la Mayor para el juego de desempate con Guatemala (5 a 2 en Miami), el timonel lleva a buen puerto a la nave tricolor, después de empatar con Honduras (2 a 2), de ganar a Trinidad y Tobago (3 a 0), de perder con Estados Unidos (1 a 0), y de sendas victorias contra México (2 a 1), Honduras (3 a 2), Trinidad y Tobago (0 a 2), Estados Unidos (2 a 0), sin olvidar el buen trabajo que el seleccionado realizó en la Copa América.

    Amante de la literatura, aliado del silencio; observador nato, flemático en ocasiones, distante con la prensa, escudero de su vida privada, amigo de los amigos, Guimaraes conoce como pocos la química que adereza el respeto con las emociones. Sus pupilos más jóvenes lo llaman "Profe"; sus contemporáneos le dicen Guima.

    Consciente de la veleidad de su cargo, no se desborda con la victoria, ni se deprime tras la derrota. Se sabe en la cuerda floja y procura el balance.

    Porque abajo no hay red.


    Así es Guima

    Alexandre Borges Guimaraes nació en Alagoaeas, Brasil, el 7 de noviembre de 1958. Tiene 41 años. Casado con Lina Mora y padre de Mauro y Celso.

    El futbolista

    Jugó 12 temporadas con cuatro clubes: Durpanel San Blas (1979), Municipal Puntarenas (1980-81), Saprissa (1982 a 1991) y Turrialba (1992).

    Sumó 95 goles en 377 partidos oficiales. Con la Tricolor hizo 16 juegos internacionales clase A, entre 1985 y 1990, cuando integró la Selección en Italia 90.

    Fue campeón nacional con Saprissa en 1982, 1988 y 1989.

    El entrenador

    Supervisor de ligas menores, técnico Sub-21 y asistente de Linaris en Saprissa (1994).

    En Primera dirigió a Belén (94-96), Herediano (96-97) y Saprissa (97-99 y 99-2000).

    En Guatemala al Comunicaciones (1999).

    Exasistente de Gilson Nunes en la Selección y director técnico de la Tricolor desde enero del 2001 hasta la fecha.

    Bicampeón nacional con Saprissa (97-98 y 99-2000), ganador del Torneo Grandes de Centroamérica (1998).


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