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Juan Román Riquelme

Calidad que todos desean en la media

  • Fue titular en ocho de los diez partidos de Peckerman en la etapa eliminatoria
  • El Real Madrid lo quiere para sustituir a Zidane y el Inter lo cambiaría por Verón

    Johan Umaña V.
    Jumana@nacion.com

En el 2005 el extécnico de Juan Román Riquelme, Carlos Bianchi, lo reconoció como un jugador que "cualquier entrenador del mundo se desea"; en el 2006, a mitad de temporada, su nombre sonó para reforzar las plantillas de clubes como Real Madrid o Inter de Milán, y en el equipo del seleccionador argentino José Peckerman su nombre es el único que está fijo para la convocatoria al Mundial.

Romy, como la bautizó la afición del Boca Juniors, es un futbolista de esos clásicos número 10. Siempre con el deber de ordenar al equipo, es bueno para controlar y adormecer el balón, excelente poniendo pases para los delanteros y peligroso rematando, ya sea de seguido o en los tiros libres.

Sus retractores lo critican por ser fiel a su estilo pausado y frío, inclusive cuando su equipo necesita más dinámica o velocidad para remontar un marcador adverso. Sin embargo, Peckerman, quien lo dirigiera cuando ganó el Mundial Juvenil de 1997 en Malasia, sale en su defensa cada vez que puede y lo cataloga como un "rebelde" del futbol que se mantiene fiel a sus principios y estilo.

Idolatrado. En Buenos Aires la afición lo avala como un ídolo, estatus que logró tras consagrar a Boca Juniors bicampeón de la Copa Libertadores (en los años 2000 y 2001) y primer vencedor de la Copa Intercontinental del milenio, también en el 2000.

En una encuesta con motivo del centenario de Boca hecha por el diario deportivo Olé, de Argentina, en el 2005, los seguidores lo votaron como el segundo mejor jugador de la historia del club xeneise, solo detrás de Diego Armando Maradona.

En Europa, dirigido por Manuel Pellegrini, ha llevado al Villareal de España a la hazaña histórica de clasificarse a lasegunda ronda de la Liga de Campeones en el debut del submarino amarillo en la competición continental.

Ahora los argentinos confían en Romy para llevar la batuta que guíe al talento de su nación en la búsqueda por olvidar las tristes presentaciones de los chés en las copas mundiales de Francia 1998 y Corea y Japón 2002.

 
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