De visita al Monumento Nacional

Historia

Patricia Fumero*

Rafael Iglesias fue electo presidente de la República en 1894, en el marco de unas elecciones fraudulentas, las cuales se verificaron bajo un fuerte presión del Poder Ejecutivo. El fraude cometido le restó apoyo y credibilidad al Gobierno.

Pese a lo anterior, Iglesias inició la construcción del ferrocarril al Pacífico para completar la vía interoceánica iniciada bajo el gobierno del general Tomás Guardia (1870-1872). A la vez, incrementó y mejoró el Ejército Nacional, en previsión de un posible conflicto armado por litigios fronterizos.

Es en ese contexto que el presidente Iglesias, en procura de legitimizar su poder a nivel interno y afirmar su imagen internacional, efectúa un despliegue de poder y prosperidad ante las naciones vecinas y el pueblo costarricense en general.

La develización del Monumento Nacional, símbolo de la lucha centroamericana contra el invasor extranjero sirvió, el 15 de setiembre de 1895, como el motivo perfecto para unir esfuerzos y mostrar a los costarricenses y delegados centroamericanos el potencial militar del gobierno y la riqueza de Costa Rica liberal.

Al develizar el Monumento Nacional en 1895, Rafael Iglesias emuló su suegro, José Joaquín Rodríguez, quien en su condición de presidente de la República, inauguró la estatua Juan Santamaría el 15 de setiembre de 1891.

Este acto se efectuó luego de la tensa campaña electoral de 1889, que culminó con el levantamiento del 7 de noviembre de ese año y que supuso desgarres importantes en la clase política de la época.

La develización de la estatua del soldado alajuelense eb 1891 y la del Monumento Nacional en 1895 fueron parte del proyecto liberal de difundir un discurso nacional que tuviera una amplia acogida popular. El fin de este proceso era convertir a campesinos, artesanos, jornaleros y otros trabajadores en costarricenses.

El discreto silencio

El primer presidente en celebrar la Campaña Nacional fue Juan Rafael Mora (1850-1859). Sin embargo, el elevado costo económico y humano que supuso limitó las posibilidades de utilizarla como base para articular proyectos políticos y culturales más amplios. Por otra parte, con la caída de Mora en 1859 y su posterior fusilamiento en 1860, la Campaña fue cubierta por un discreto silencio oficial.

La recuperación simbólica de la guerra de 1856-57 tuvo que esperar casi 30 años, cuando la intelectualidad liberal, en el marco de las Reformas Liberales de la década de 1880, rescató la Campaña Nacional como base de la nacionalidad costarricense.

La develización del Monumento Nacional permitió al gobierno de Iglesias fortalecer su deteriorada imagen. Este evento contribuyó a solidificar el civismo y brindarle a la población el tiempo de fiesta que le era preciso. La necesidad de procurar credibilidad y legitimidad se evidenció en los discursos que se efectuaron en los diferentes espacios y actividades. Los gobiernos centroamericanos enviaron como delegados plenipotenciarios ante el Gobierno costarricense a su selecto grupo de militares e intelectuales.

El despliegue militar fue importante en el marco de las relaciones políticas del Gobierno de Iglesias. De esta manera, durante las fiestas nacionales del 13 al 15 de setiembre de 1895, se efectuaron varios defiles militares y demostraciones de la capacidad y organización del Ejército Nacional.

Las escuelas y colegios también participaron activamente en el desfile del 15 de setiembre de 1895. El presidente Iglesias expuso a los delegados los dos poderes que daban sustento a la estructura político-social costarricense: el ejército y el sistema educativo. A fines del siglo XIX, la tasa de alfabetización en el Valle Central oscilaba entre un 60 y 70 por ciento y, con la intención de mostrar el adelanto educativo y cultural del país, el Gobierno llevó a las delegados extranjeros a visitar varios de los centros de enseñanza más importantes de San José.

Parte importante de la celebración fue un llamado a la unidad centroamericana, en cuyo marco sin embargo, se exaltó e individualizó el patriotismo costarricense. El general Juan Bautista Quirós, ministro de Guerra, fue uno de los que resaltó el papel de la Campaña Nacional como una guerra de independencia sustituta , mientras que en su discurso el delegado de Guatemala, doctor Rafael Spinola, le confirió a la Campaña Nacional un carácter más costarricense que centroamericano.

Un orden olvidado

El Gobierno emitió varios decretos para regular el uso del espacio durante la ceremonia del 15 de setiembre de 1895. Los presidentes de los distintos poderes de la República, los invitados especiales y los representantes de las colonias extranjeras, se ubicaron cerca del dosel. Seguidamente, se les asignó un espacio a los miembros de la élite costarricense. A continuación, y como una guardia de honor, se ubicó a los inválidos y veteranos de la Campaña de 1856-57, resguardados por el Ejército Nacional. En torno a estos últimos y, prácticamente en los alrededores del Parque Nacional, se acomodó al resto de los asistentes.

La ceremonia de Condecoración de los veteranos de la gesta siguió un orden estricto: primero, los descendientes del expresidente Juan Rafael Mora y de los generales José Joaquín Mora y José María Cañas; posteriormente, los veteranos de la Guerra Nacional y, por último, a los representantes de las colonias extranjeras.

La develización fue la culminación de los festejos nacionales que iniciaron el 13 y finalizaron el 15 de setiembre de 1895. Para los sectores populares, este fue el final de de una serie de actividades solemnes y diversiones públicas. Para el Gobierno, para las delegaciones extranjeras y para la elite, los actos conmemorativos aún no terminaban. En la noche del 15, huboun baile de gala en los salones del Palacio Nacional. Varios días más tarde, se realizó otro baile obsequiado por la Municipalidad de Alajuela al Presidente de la República y a los delegados de los gobiernos centroamericanos, una actividad en la que no faltó la elite costarricense.

El viernes 20 de setiembre partieron de Alajuela rumbo a Puntarenas algunos de los delegados de Guatemala, El Salvador y Nicaragua. El resto de la comitiva de estos y demás países partió el lunes 23 de setiembre.

La espesura de los árboles que rodean al Monumento Nacional no permite que muchos de los costarricenses aprecien su valor plástico y cívico. Este complejo escultórico cumple varias funciones en el imaginario colectivo.

El centenario de la develización del Monumento Nacional (en 1995) pone en la agenda temas que, en momentos como los actuales, son de fundamental importancia: el nacionalismo, la identidad nacional y el civismo. La lucha por la soberaníanacinal, la defensa de la independencia, tanto política como económica son algunos de los temas analizados en la escultura.

La función política de las efemérides patrias es la dar cohesión a la nación, conceptuada como una "comunidad imaginada". Las efemérides son las que promueven el nacionalismo y la identidad nacional. En momentos en los que los estados -tal cual los hemos conocido- están por desaparecer y abrir paso a la globalización, se hace necesario promover el estudio de las identidades nacionales y las representaciones que simbolizan.

En 1895, la develización del Monumento Nacional culminó un proceso, iniciado en la década de 1880, de rescate de la Campaña Nacional como eje del proyecto liberal de construcción de la nacionalidad costarricense. A 103 años de su develización, el Monumento sigue allí para recordarnos una serie de proyectos, impulsados por los liberales de antaño y olvidados por los neoliberales de ahora: primero, que San José es una ciudad para ser vivida, cuyo patrimonio arquitectónico y escultórico merece ser defendido y preservado; segundo, que la educación y la cultura, y no el espejismo de los indicadores macroeconómicos, son las bases de la democracia costarricense; y que Costa Rica, más que una plataforma de exportación y consumo, es una nación orientada a la búsqueda de la paz y la justicia social.

* Historiadora

Recorrido

Significado de la obra


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FOTOS: Mario Barboza/ La Nación