Cuba y México frenaron la gloria en 1930, 1935 y 1938


Una sensación de fracaso se percibió en aquellos distantes días de los años 30, cuando Costa Rica -con tres de sus mejores selecciones de futbol- no pudo ubicarse en lo más alto del podio de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, y debió conformarse con la presea de plata, durante las ediciones de Cuba, El Salvador y Panamá.

Las tres experiencias mostraron al principio una andanada positiva, que erigió la esperanza de oro a lo más profundo. Pero, al mismo tiempo, el golpe de desilusión fue mayor y Costa Rica debió inclinarse en los duelos decisivos, primero ante la fuerza cubana y las otras veces frente a la aparición del poderío mexicano.

Juegos antiguos

Oficialmente, la apertura de los I Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe -las justas regionales más antiguas del mundo- se produjo entre octubre y noviembre de 1926, con la limitada presencia de México, Cuba y Guatemala, aunque los pasos iniciales se presentaron antes para organizarlo cada cuatro años.

Sucedió en julio de 1924, cuando la Olimpiada era el centro de la atención mundial y se encontraba en pleno apogeo en París, Francia. Allí, un denominado Congreso Centroamericano, bajo el patronato del Comité Olímpico Internacional, aprobó su Carta Fundamental.

Para la segunda versión de la fiesta del área en La Habana, Cuba, entre marzo y abril de 1930, Costa Rica sí aceptó la invitación, pero debió efectuar una cruzada para conseguir el financiamiento, debido a que el apoyo del Gobierno de Cleto González Víquez se limitó luego a una insuficiente suma de ¢1.800 ante los ¢10.000 que se requerían.

En medio de tal situación, el vespertino La Nueva Prensa inició una colecta pública y el esfuerzo rindió frutos entre dirigentes, el comercio, la banca y el pueblo. Además, el país organizador colaboró mucho y envió el buque escuela Patria para recoger a los deportistas de Costa Rica, Panamá y Jamaica, en un viaje de nueve días.

Al tener como base el Club Sport La Libertad, estos fueron los 21 designados para representar al país: Manuel Manolo Rodríguez (capitán) y Carlos Luis Ulloa, porteros; Arturo Alfaro, Milton Valverde, José Pepe Escorriola, Humberto Concho Saborío y Miguel A. Argüelo, defensas; Luis Cholo Montero, Ricardo Poeta Bermúdez, Francisco Paco Solé, Guillermo Memo Coto y Fausto Argüello, volantes; Salvador Papas Tabach, Hernán Bolaños, Rafael Angel Macho Madrigal, Braulio Morales, Enrique Solera, José Joaquín Colleya Fonseca, Salvador Soto Indio Buroy, Francisco Fuentes y Arturo Serrano, delanteros.

Con el entusiasmo de una aventura y la desconfianza por la falta de preparación, la delegación partió en tren a Limón. En la parada en Cartago se le ofreció a uno de los aficionados que si quería completar la delegación y aceptó. Era José Pepe Rossés, quien jugaba en la Gimnástica Española. Así de pintoresco era el deporte tico en los 30.

Costa Rica debutó contra Guatemala, en el estadio cervecero La Tropical. Al final, el marcador señalaba un contundente 8 a 1. Desde ese momento se convirtió en gran favorito al título de los Juegos. Y siguió sus muestras de poderío ante El Salvador, al que vapuleó 9 a 2.

Tras disputarse la primera fase de dos grupos, clasificaron cuatro selecciones a la ronda final: Cuba, Costa Rica, El Salvador y Honduras. Los ticos volvieron a vencer a los cuzcatlecos, esta vez por 5 a 0.

El 30 de marzo de 1930 llega el partido esperado ante Cuba, conformado por españoles, húngaros y checoslovacos. Diez minutos antes de terminar el juego, cuando se perdía 1 a 2, se armó la más fenomenal bronca jamás vista allí. La expulsión del goleador Macho Madrigal y la errónea interpretación del público de que hacía gestos obscenos contra ellos, encendió los ánimos y provocó el caos.

Por fin la policía logra despejar aquel embrollo y se comprueba que todos salieron ilesos. Los costarricenses se despiden con una goleada de 8 a 0 a Honduras y quedan en el segundo lugar. Cuba fue declarado, esa vez, el ganador oficial del campeonato de futbol.

Catedráticos del balón

La participación tica en los III Juegos Centroamericanos y del Caribe en El Salvador, de marzo a abril de 1935, fue más ordenada y decidida, con relación a la improvisada y pintoresca actuación de 1930, en La Habana. Esta postura obedecía a que la estructura del futbol estaba mejor coordinada y su práctica era intensa en todo el país.

El responsable técnico escogido para tal objetivo fue Ricardo Saprissa Aymá, en el país desde 1932 y a quien se le reconoció su labor como capitán general del Orión FC, sumado a su extenso e impresionante currículo deportivo.

Este honor como técnico patrio ubicó a don Ricardo como el primero de la historia que ocupaba ese cargo. Anteriormente, Eladio Rosabal (1921) y Manolo Rodríguez (1930) cumplieron funciones de capitán general, quien no solo se desempeñaba en la cancha, sino que representaba al líder del grupo y era el encargado de realizar las alineaciones.

Saprissa eligió a: Mario Jones y Ricardo Manchado González, arqueros; Eduardo Goldoni, Félix Montero, Ricardo Barquero y Manuel Angel Guerrero, defensas; Carlos Villalobos, Santiago Bonilla, Jesús Chiseta Rojas, Numa Ruiz, Rodolfo Butch Muñoz y Abel Sandoval, volantes; Mario Sáenz, Wálter Evans, Emmanuel Manolo Amador, Aníbal Ñeco Varela, José A. Toño Hütt, Jorge Garrobero Fernández, José A. Verdesia y Jorge Dávila, delanteros.

Una nueva contribución pública del comercio y de distinguidos profesionales josefinos permitió el viaje a las justas cuzcatlecas, en un desplazamiento de dos días en el vapor alemán Fibe.

Con un sugestivo uniforme de color blanco, que llevaba la bandera tricolor alrededor de la camisa, Costa Rica debutó contra Guatemala, en el estadio Flor Blanca y protagonizó uno de los juegos más dramáticos del torneo. Al final, los ticos ganaron 4 a 3 y cimentaron su fama como "los catedráticos del futbol centroamericano".

Las siguientes confrontaciones de la Tricolor se sumaron por victorias: 6 a 1 ante los locales salvadoreños, 2 - 1 a Cuba y 6 - 0 a Honduras. Y el rival a vencer para llegar al oro sería México, que también había ganado todos sus juegos.

Los aztecas vencieron 0 a 2 y, por primera vez, se coronaron campeones centroamericanos y del Caribe. Costa Rica, una vez más, ocupó el segundo lugar pero al menos consiguió un halago importante: el medio Jesús Chiseta Rojas fue escogido el mejor jugador del certamen y, por ende, de toda la región.

En definitiva, la final del 2 de abril de 1935 marcó el inicio de la larga rivalidad futbolística entre los dos países -caracterizada por una clara superioridad mexicana-, que, aún en nuestros días, mantiene la pasión inicial.

Equipo de estrellas

Ante los reveses de 1930 y 1935, Costa Rica se preparó como nunca lo había hecho para intervenir en los IV Juegos Centroamericanos y del Caribe, en Panamá, y parecía que podía vengarse de la anterior derrota frente a los mexicanos.

Para ello, el seleccionador Ricardo Saprissa convocó a los mejores elementos que militaban con éxito en los campeonatos profesionales de España, México y Chile. Así se pudo integrar un equipazo, uno de los mejores de todos los tiempos. Su nómina fue impresionante:

Mario Jones y Hugo Zúñiga, guardametas; Eduardo Goldoni, Milton Valverde, Enrique Lizano y Guillermo Memo Coto, zagueros; Abel Sandoval, Santiago Bonilla, Jesús Chiseta Rojas, Gregorio Goyo Morales, Aníbal Ñeco Varela, José Luis Chime Rojas, Guido Matamoros y Miguel Angel Bolaños, volantes; Rodolfo Butch Muñoz, José Antonio Toño Hütt, Jorge Quesada, Hernán Bolaños, Alejandro Morera, Alfredo Chato Piedra, José A. Verdesia, Oscar Bolaños, atacantes.

En un campo en malas condiciones, en el Estadio Nacional de Ciudad Panamá, y en un clima sumamente caluroso, Costa Rica tuvo su primer juego contra El Salvador y ganó 7 a 0 sin problemas. El magnífico resultado alentó muchas esperanzas.

El equipo patrio jugaba como una aplanadora y lucía como el mejor. Sucesivamente, venció también a Panamá (11 a 0), Colombia (3 a 1) y Venezuela (3 a 0). Los aztecas, por su parte, no tuvieron una buena campaña y el destino del choque decisivo era una incógnita.

Así llegaron Costa Rica y México a la finalísima, el 22 de febrero de 1938. Los ticos necesitaban únicamente un empate para coronarse campeones, pues tenían ocho puntos contra siete de México, pero fallaron una vez más.

Desde los primeros minutos, los mexicanos sorprendieron y los nacionales no tuvieron la fortaleza sicológica para aventajar a su irreconciliable adversario. Al final, victoria mexicana por 2 a 1 y segundo título consecutivo a su favor.

Para el equipo de estrellas de Costa Rica, el resultado fue un nuevo fracaso... una presea de plata de desilusión. Al igual que en 1930 y 1935, arrolló a los rivales en las primeras de cambio; pero, lástima, no tuvo capacidad para consagrarse en las instancias culminantes.


[Pie de foto: Costa Rica convocó para la Selección de 1938 a cinco figuras que militaban en el futbol azteca. De pie, de izquierda a derecha: Santiago Bonilla y Eduardo Goldoni. Abajo: Rodolfo Muñoz, Jorge Quesada y José A. Hütt.]


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